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Yolanda Sandoval
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Panamá es una ciudad calurosa. Vivimos en el trópico. La humedad nos envuelve y el verano puede ser inclemente. Basta salir a la calle y caminar unos pocos pasos para empezar a sudar, sentir que falta el aire o experimentar una fatiga inesperada.
Hay barrios donde la sensación térmica parece más intensa. Elizabeth, que vive en el límite entre la vía Ricardo J. Alfaro y San Miguelito, cuenta que caminar al mediodía se vuelve cada vez más difícil, que el pavimento quema incluso con calzado, que el sol castiga la piel y que regresar a casa después de unos minutos en la calle puede dejar una sensación cercana a la deshidratación. Detrás de esa sensación hay datos, y relevadores.
La ciudad de Panamá está “fabricando” su propio calor. Un estudio realizado por Esri Panamá, el Observatorio de Riesgo Urbano de FSU y Metromapas ha puesto al descubierto una realidad alarmante: mientras que el calentamiento global ha aumentado la temperatura de los bosques sin intervenir de la franja canalera en 0.64°C en las últimas dos décadas, algunos barrios de la capital han registrado incrementos de hasta 3.8 °C en el mismo período.
Esto significa que la forma en que se construye está calentando nuestro entorno cinco veces más rápido que la crisis climática global.
El estudio liderado por Carlos Gordón, especialista en Tecnologías de la Información Geográfica, destaca el fenómeno conocido como isla urbana de calor superficial, que mide la temperatura de los materiales con que está construida laa ciudad, considerando así sus techos, calles y pavimentos desde el espacio.
El análisis comparó el cambio en la temperatura de la superficie de la ciudad entre los periodos 2000-2006 y 2019-2025, a través del uso de imágenes de satélites Landsat de la NASA. A partir de estos datos se identifican los sectores que han sufrido la transformación térmica más agresiva.
Brisas del Golf y Juan Díaz lideran el ranking, con un aumento promedio de 3.8 °C en la temperatura superficial, convirtiéndose en los nuevos epicentros de calor extremo.
San Miguelito, en su conjunto, es un distrito que presenta temperaturas más elevadas 3.2°C, debido al efecto de calentamiento que se origina con el uso de materiales como pavimento y zinc en las edificaciones.
En tanto, en el corazón urbano, sectores como Betania, Pueblo Nuevo y Río Abajo han visto su temperatura superficial elevarse en 2.6 °C.
Aunque la brisa marina ayuda, en sectores como Casco Antiguo, Bella Vista y San Francisco se ha reflejado aumentos de 2.1 °C, mientras que en El Chorrillo, específicamente, subió 2.37 °C en el periodo evaluado.
Una ciudad caliente todo el año puede traducirse en mayores riesgos de agotamiento, peor descanso nocturno, más consumo de electricidad y mayor presión sobre hogares vulnerables. Los estudios revelan estas complicaciones en la vida de los ciudadanos.
La ciudad de Panamá tiene una ventaja natural: su ubicación costera y la influencia de la brisa marina, que ayuda a moderar el calor.
Sin embargo, el estudio advierte que este beneficio puede perderse cuando el desarrollo urbano es muy denso y bloquea la circulación del aire.
En sectores como Costa del Este y Santa María, la combinación de amplias avenidas, estacionamientos y edificios parece estar reduciendo la capacidad de los manglares para enfriar el microclima de la zona.
Los manglares que se extienden entre Panamá Viejo, Costa del Este y Santa María parecen haber perdido parte de su capacidad para regular la temperatura. Según el análisis, en varios puntos registran valores similares a los de las zonas urbanas cercanas, alrededor de 33 °C.
Aunque en comparación con otras áreas sí logran reducir el calor ligeramente —hasta 0.5 °C menos—, la fragmentación de estos bosques de manglar y su cercanía con zonas urbanizadas hace que mantengan temperaturas superficiales relativamente altas, precisa el reporte.
Los investigadores señalaron que los mapas y las comparaciones entre las últimas dos décadas permiten comprender mejor la relación entre urbanización, vegetación y confort térmico en la ciudad.
“Este estudio en específico ayuda a entender de qué forma la radiación que reciben las superficies o la piel de la ciudad, es un factor en la generación de espacios que se sienten más calurosos e incómodos”, dijo Gordón a La Prensa.
El análisis geoespacial también puede servir como guía para la planificación urbana y ayudar a orientar decisiones que reduzcan el impacto del calor en la capital.
Entre las medidas que se destacan se menciona aumentar la arborización urbana, promover el uso de techos reflectivos, fomentar el diseño bioclimático en nuevas construcciones, tener corredores de ventilación que faciliten la circulación del aire y reducir las superficies impermeables como asfalto y concreto.
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Hay barrios donde la sensación térmica parece más intensa. Elizabeth, que vive en el límite entre la vía Ricardo J. Alfaro y San Miguelito, cuenta que caminar al mediodía se vuelve cada vez más difícil, que el pavimento quema incluso con calzado, que el sol castiga la piel y que regresar a casa después de unos minutos en la calle puede dejar una sensación cercana a la deshidratación. Detrás de esa sensación hay datos, y relevadores.
La ciudad de Panamá está “fabricando” su propio calor. Un estudio realizado por Esri Panamá, el Observatorio de Riesgo Urbano de FSU y Metromapas ha puesto al descubierto una realidad alarmante: mientras que el calentamiento global ha aumentado la temperatura de los bosques sin intervenir de la franja canalera en 0.64°C en las últimas dos décadas, algunos barrios de la capital han registrado incrementos de hasta 3.8 °C en el mismo período.
Esto significa que la forma en que se construye está calentando nuestro entorno cinco veces más rápido que la crisis climática global.
¿Dónde arde más la ciudad?
El estudio liderado por Carlos Gordón, especialista en Tecnologías de la Información Geográfica, destaca el fenómeno conocido como isla urbana de calor superficial, que mide la temperatura de los materiales con que está construida laa ciudad, considerando así sus techos, calles y pavimentos desde el espacio.
El análisis comparó el cambio en la temperatura de la superficie de la ciudad entre los periodos 2000-2006 y 2019-2025, a través del uso de imágenes de satélites Landsat de la NASA. A partir de estos datos se identifican los sectores que han sufrido la transformación térmica más agresiva.
Brisas del Golf y Juan Díaz lideran el ranking, con un aumento promedio de 3.8 °C en la temperatura superficial, convirtiéndose en los nuevos epicentros de calor extremo.
San Miguelito, en su conjunto, es un distrito que presenta temperaturas más elevadas 3.2°C, debido al efecto de calentamiento que se origina con el uso de materiales como pavimento y zinc en las edificaciones.
En tanto, en el corazón urbano, sectores como Betania, Pueblo Nuevo y Río Abajo han visto su temperatura superficial elevarse en 2.6 °C.
Aunque la brisa marina ayuda, en sectores como Casco Antiguo, Bella Vista y San Francisco se ha reflejado aumentos de 2.1 °C, mientras que en El Chorrillo, específicamente, subió 2.37 °C en el periodo evaluado.
El calor en los barrios históricos ha escalado a niveles críticos en las últimas dos décadas: San Felipe pasó de 39.72 °C a unos sofocantes 49.29 °C, mientras que Santa Ana se elevó a 44.5 °C (un alza de 1.4 °C).
Una ciudad caliente todo el año puede traducirse en mayores riesgos de agotamiento, peor descanso nocturno, más consumo de electricidad y mayor presión sobre hogares vulnerables. Los estudios revelan estas complicaciones en la vida de los ciudadanos.
Costa del Este y Santa María
La ciudad de Panamá tiene una ventaja natural: su ubicación costera y la influencia de la brisa marina, que ayuda a moderar el calor.
Sin embargo, el estudio advierte que este beneficio puede perderse cuando el desarrollo urbano es muy denso y bloquea la circulación del aire.
En sectores como Costa del Este y Santa María, la combinación de amplias avenidas, estacionamientos y edificios parece estar reduciendo la capacidad de los manglares para enfriar el microclima de la zona.
Los manglares que se extienden entre Panamá Viejo, Costa del Este y Santa María parecen haber perdido parte de su capacidad para regular la temperatura. Según el análisis, en varios puntos registran valores similares a los de las zonas urbanas cercanas, alrededor de 33 °C.
Aunque en comparación con otras áreas sí logran reducir el calor ligeramente —hasta 0.5 °C menos—, la fragmentación de estos bosques de manglar y su cercanía con zonas urbanizadas hace que mantengan temperaturas superficiales relativamente altas, precisa el reporte.
Los investigadores señalaron que los mapas y las comparaciones entre las últimas dos décadas permiten comprender mejor la relación entre urbanización, vegetación y confort térmico en la ciudad.
“Este estudio en específico ayuda a entender de qué forma la radiación que reciben las superficies o la piel de la ciudad, es un factor en la generación de espacios que se sienten más calurosos e incómodos”, dijo Gordón a La Prensa.
El análisis geoespacial también puede servir como guía para la planificación urbana y ayudar a orientar decisiones que reduzcan el impacto del calor en la capital.
Entre las medidas que se destacan se menciona aumentar la arborización urbana, promover el uso de techos reflectivos, fomentar el diseño bioclimático en nuevas construcciones, tener corredores de ventilación que faciliten la circulación del aire y reducir las superficies impermeables como asfalto y concreto.
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