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Laura Martínez Quesada
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Cuando el expresidente y actual ministro expresa que la ruta hacia la descarbonización de Costa Rica, impulsada por administraciones anteriores a la suya, es una estafa intelectual, retrata de cuerpo entero su estrecha visión sobre temas ambientales. Da a entender que, dada la poca extensión territorial de Costa Rica, lo que dejemos de producir de gases de efecto invernadero (GEI) no va a impactar el calentamiento global, y por eso el plan de descarbonización es una estafa intelectual. En realidad, nunca se dijo que la mitigación de GEI en nuestro territorio iba a impactar de manera directa y cuantitativamente significativa, el cambio climático global. La idea era, y sigue siendo, generar el conocimiento y las prácticas que lleven a una descarbonización de la economía y compartirlos con el resto del mundo. Queríamos demostrar que, con solidez científica y voluntad política, la prosperidad y la mitigación del cambio climático son compatibles y complementarias. Esa es la principal contribución al planeta.
En esa ruta venía Costa Rica desde hace más de 70 años, cuando impulsamos la generación eléctrica renovable y provista por el Estado, lo que permitió llevar electricidad limpia a todos los rincones del país. O cuando creamos el sistema nacional de áreas de conservación, que, más allá de cuidar “los monitos” que mencionó en su momento la “luminaria” de Zapote, ha protegido nuestra biodiversidad, ha contribuido a mitigar el cambio climático, ha llevado desarrollo a muchas zonas del país gracias a la visitación turística, y ha impulsado la investigación científica y las relaciones internacionales.
El Plan Nacional de Descarbonización es la continuación de esa rica herencia. Descarbonizar la economía no es solo dejar de quemar petróleo. También significa “recarbonizar” el suelo, el cual, al capturar carbono no solo mitiga el calentamiento global, sino que favorece el desarrollo de microbiota benéfica que contribuye con la agricultura. También, la ganadería baja en emisiones de carbono no solo ayuda al ambiente, sino que resulta en aumentos en productividad. Finalmente, al descarbonizar mediante la promoción de nuevas fuentes de energía renovable, se estimula la investigación científica y se crean emprendimientos nuevos, como ya se hace en varios países europeos, donde el biometano y el hidrógeno verde son ya una realidad. Mientras el mundo va en una dirección, el ministro parece haberse quedado con las teorías que estudió hace 40 años. Estudie, Sr. Chaves. Actualícese.
En relación con la descarbonización, la real estafa intelectual es haberle dicho a los costarricenses que veníamos de 70 años de dictadura perfecta, sin reconocer los logros ambientales de Costa Rica a lo largo de ese período, además de los avances políticos, sociales, y económicos de esos años. Estafa intelectual es haber menospreciado esos avances ambientales, sus aportes socioeconómicos y su contribución al prestigio internacional de Costa Rica.
La verdadera estafa intelectual proviene del profundo desconocimiento del ministro en estos temas, el cual responde a una evidente falta de estudio, a una pasmosa estrechez de miras y a una obsesión enfermiza por menospreciar y tratar de humillar a sus predecesores.
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