Entre opinión y conocimiento: el reto electoral costarricense

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Redacción Universidad

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El proceso electoral costarricense no se define solo en encuestas, debates o giras de campaña. También se define en el terreno donde se forman nuestras convicciones políticas. Platón distinguía entre doxa (opinión) y episteme (conocimiento verdadero). Esa distinción clásica sirve hoy para leer nuestro momento electoral: ¿estamos decidiendo desde la opinión superficial o desde el análisis informado?

La doxa domina los tiempos rápidos. Es el espacio de los eslóganes, los mensajes virales, los fragmentos sacados de contexto y el ruido en redes sociales. Circulan afirmaciones que se comparten sin verificación y que se imponen por repetición, no por solidez. En ese ambiente la política se vuelve espectáculo, y la consigna sustituye la discusión.

La episteme, en cambio, exige esfuerzo. Supone leer propuestas de gobierno, revisar datos, contrastar fuentes y examinar la trayectoria de los candidatos. Implica tiempo y disposición a incomodarse. No cabe en el formato de la frase fácil, pero es la base de un voto responsable.
Hoy la discusión pública se inclina hacia la doxa: titulares rápidos, encuestas convertidas en verdades absolutas, debates reducidos a momentos virales. Los temas de fondo —educación, seguridad, salud, empleo, pensiones, cambio climático, sostenibilidad fiscal— quedan con frecuencia opacados por polémicas pasajeras. En términos platónicos, permanecemos mirando sombras y creyendo que son toda la realidad.

Votar desde la episteme no significa tener una información perfecta, algo inalcanzable para cualquier ciudadano. Significa, al menos, desconfiar de lo demasiado simple, verificar antes de compartir y escuchar con atención a quien piensa distinto. La educación cívica, el periodismo riguroso y los debates bien moderados son aliados para elevar el nivel de la conversación pública.
La emoción también cuenta. La política apela a esperanzas y temores. Pero la emoción sin reflexión es fácilmente manipulable; la emoción acompañada de análisis fortalece la democracia. La pregunta no es si sentimos, sino cómo pensamos lo que sentimos cuando votamos.
Las elecciones en Costa Rica son hoy una competencia entre partidos, pero también entre dos formas de conocer: la opinión que se impone por velocidad y el conocimiento que se construye con paciencia. Permanecer en la caverna de la propaganda o dar el paso hacia un juicio informado es una decisión ciudadana.

Votar no es solo marcar una casilla. Es un acto intelectual y ético. La calidad de nuestra democracia dependerá de cuánto logremos pasar de la doxa a la episteme: de la opinión fácil al análisis crítico. Salir de la caverna, en este contexto, no es un gesto filosófico abstracto. Es una tarea práctica y urgente para que el futuro del país se decida con menos ruido y más razones.

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