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Manuel Bermúdez
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El escenario más caliente en este momento está en Oriente Medio, donde el poderoso ejército de EE. UU. está empeñado en mostrar una victoria para evitar ponerse en evidencia.
Como agresor, su única victoria posible es demostrar que sus objetivos al atacar se han cumplido, pero parece que el resultado es el contrario.
No hubo cambio de régimen, sino que el poder del Gobierno se consolidó, el programa nuclear no sólo continuará, sino que, además, Irán no aceptará que sea inspeccionado por el Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA), que, dicho sea de paso, tampoco inspecciona a Israel. Finalmente, el estrecho de Ormuz, por donde antes transitaba sin problema el 20% del petróleo del mundo y casi la totalidad de la actividad comercial de la zona ahora está bajo control de Irán y Omán.
¿Cómo justificará el presidente de EE. UU., Donald Trump su desastroso desempeño? ¿Se dirige hacia una retirada humillante como la de Biden de Afganistán? ¿Qué le ofrecerá a sus ricos socios en la región a los que deja desprotegidos, disminuidos económicamente y a merced de un vecino hostil? Pero, sobre todo, ¿cómo justificará ante los votantes estadounidenses el enorme gasto económico y militar por una guerra en la que nadie quería verse involucrado?
Una encuesta de The Washington Post e Ipsos, realizada entre el 8 y el 13 de julio, señaló el índice de aprobación de Trump en 37%, y solo el 29% aprobaba su manejo de la guerra con Irán.
Al iniciar la guerra, la encuesta sobre temas críticos de la Universidad de Maryland revelaba que solo el 21% de los estadounidenses estaba a favor de que Estados Unidos iniciara un ataque contra Irán, el 49% se oponía y el 30% afirmaba no tener una opinión al respecto.
El ministro de Asuntos Exteriores, Abbas Araghchi, y el presidente del Parlamento, Mohammad Bagher Ghalibaf, manejaron las negociaciones por parte de Irán, mientras el nuevo ayatolá Mojtabá Jamenei y el presidente Masoud Pezeshkian deben responder por la guerra de resistencia.
Sacar la pata o meterla más
Dos semanas después de la reanudación de los ataques, el 7 de julio, Teherán volvió a atacar bases estadounidenses alojadas por sus vecinos Kuwait y Baréin.
Los Guardianes de la Revolución de Irán afirmaron haber atacado dos sistemas de defensa antiaérea y una instalación de radar en dos bases estadounidenses en Baréin, así como sistemas de defensa antimisiles, radares y sistemas de recepción por satélite en Kuwait.
Anteriormente, el ejército iraní había informado de ataques a la base estadounidense de Arifjan, en Kuwait, donde se encuentran desplegados sistemas de misiles himars.
Naser al Dhafiri, un funcionario kuwaití de unos 40 años, aseguró a la Agencia France-Presse (AFP) que los ataques y el miedo a los cortes de electricidad en este tórrido país generan “una inmensa presión psicológica” en la población.
“Lo que Kuwait experimenta hoy es algo que no experimentamos ni siquiera durante la invasión de Irak en cuanto a presión psicológica y de no saber adónde van las cosas”, afirmó, recordando que en 1991, durante la Primera Guerra del Golfo, EE. UU. atacó Irak, gobernada por Sadam Hussein, porque éste había invadido Kuwait.
Regionalización de las hostilidades
Ahora, el conflicto parece volverse regional cuando las hostilidades en el golfo Pérsico amenazan con extenderse al mar Rojo. La presión sobre la economía global aumenta, las eventuales soluciones se alejan. El truco de promover negociaciones mientras se reacomodan fuerzas y se intenta sorprender a la contraparte desprevenida y con la guardia baja, esta vez no parece haber funcionado.
Los bombardeos de hace dos semanas fueron tan intensos, si no más, que los del 28 de febrero cuando inició la agresión junto con Israel. Pero el adversario no solo sigue en pie, sino que lanza contundentes contragolpes.
“Si nos fuéramos ahora mismo, a Irán le tomaría 20, 25 años reconstruirse”, Donald Trump
Trump quiso hacerse con el control del estrecho de Ormuz y hasta anunció que cobraría un peaje por la seguridad de quienes por allí transitaran. Pero Irán demostró que no está dispuesto a ceder ni un ápice y que no le teme a una guerra total contra el que se hace llamar “el mayor ejército del mundo”.
El secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, instó el domingo a la comunidad internacional a unirse a Washington para “proteger el transporte marítimo” en este paso.
Cuando los enanos crecen
Ansar Alá, el grupo yemení conocido como hutíes, por ser fundado por el político y religioso yemení Hussein Badreddin al-Houthi, y tras su asesinato en 2004, dirigido por su hermano Abdul Malik al-Houthi, sostiene desde 2014 una guerra contra civil en ese país al sur de la península arábiga.
Los hutíes, que tras el golpe de Estado en 2014 controlan la capital, Saná, y amplias zonas del territorio, se enfrentan a las fuerzas del desplazado gobierno reconocido internacionalmente y respaldado por Arabia Saudí.
El 13 de julio, un bombardeo al aeropuerto de Saná, la capital de yemení, para impedir el aterrizaje de un avión iraní, dejó fuertes destrozos en la pista internacional. El gobierno yemení con sede en Adén, respaldado por los árabes, se atribuyó la responsabilidad del ataque. Sin embargo, dicho gobierno no tiene una fuerza aérea funcional y depende en gran medida del apoyo militar de Arabia Saudita, explicó el New York Times (NYT).
En respuesta, los hutíes atacaron con misiles y drones el Aeropuerto Internacional de Abha en Arabia Saudí, además, anunciaron el lunes un “bloqueo marítimo” contra Arabia Saudita, aliado de Estados Unidos.
La consultora Vanguard Tech identificó este martes a dos buques que dieron media vuelta en el mar Rojo, tras haber cargado en el puerto saudita de Yanbu, después de las advertencias de los rebeldes yemenitas.
Por su parte, el presidente Trump amenazó este martes a los hutíes y afirmó que si avanzan en el cerco se encargará de ellos. “Ya lo saben, lo hemos hecho antes con los hutíes, y hace tiempo que no sabemos nada de ellos desde que tomamos las medidas que tomamos en su momento”, afirmó el mandatario.
Desde los genocidas ataques israelís contra Gaza, los hutíes han sostenido una actividad beligerante en el estrecho de Bab el-Mandeb, que comunica al mar Rojo con el golfo de Adén y el océano Índico, por lo que es crucial para el comercio y petróleo que pasa por el esa zona e incluso por el canal de Suez.
Abrir un nuevo frente de guerra para EE. UU. sería muy riesgoso, mientras que para Irán su aliado yemení aporta mayor capacidad de presión estratégica sobre la economía mundial, para que persuadan a Trump de abandonar sus aspiraciones bélicas en la región.
A poco más de tres meses de las elecciones legislativas en EE. UU., el partido republicano en el gobierno se encuentra claramente dividido, respecto de la opción bélica, entre el vicepresidente JD Vance, cercano a la postura MAGA y los halcones secretarios de Estado, Marco Rubio, y de Defensa, Peter Hegseth.
Doble candado en el estrecho de Ormuz
Esta vía estratégica, por donde transitaba antes de la guerra una quinta parte del comercio mundial de hidrocarburos, está de nuevo bloqueada por Irán desde la reanudación de las hostilidades con Estados Unidos, que, a su vez, volvió a imponer un cerco a los puertos iraníes.
El deterioro de la situación en el estrecho de Ormuz “acentúa la preocupación sobre la seguridad del suministro” de petróleo y “la incertidumbre” sobre las perspectivas del mercado, advirtió el martes el director de la Agencia Internacional de la Energía (AIE), Fatih Birol.
El funcionario de la AIE destacó el aumento de las exportaciones de otros productores y los “importantes esfuerzos de Arabia Saudita y de los Emiratos Árabes Unidos” para suministrar crudo por rutas alternativas.
Por su parte, China aplicó medidas para reducir sus importaciones y evitar una dependencia de la producción internacional y los mercados.
Yasir al-Rumayyan, presidente del gigante petrolero estatal de Arabia Saudita, dijo recientemente que la capacidad de sortear el bloqueo del estrecho de Ormuz y usar las terminales de exportación del mar Rojo había sido un “salvavidas” para la economía del reino.
Trump recibió un sopapo de realidad cuando anunció que arrebataría a Irán el control del estrecho de Ormuz y que cobraría a los usuarios por hacerse cargo de su seguridad.
Financiar el espectáculo
En una comparecencia ante el Senado este martes, el secretario de Defensa estadounidense, Pete Hegseth, declaró que la guerra en Irán ya costó $37.500 millones a Estados Unidos, un aumento de casi 30% con respecto a la última estimación de $29.000 millones, informó la AFP.
“La estimación que tenemos a día de hoy es de $37.500 millones”, dijo Pete Hegseth ante una comisión, donde defendió la petición del gobierno de Trump de una ampliación presupuestaria de $67.000 millones para el Pentágono, que fue recibida con total escepticismo.
La semana pasada, Washington reconoció que tres militares estadounidenses murieron, dos en ataques contra una base en Jordania el viernes, y otro el domingo durante la destrucción de municiones sin explotar procedentes de un dron en el norte de Irak. En total 17 bajas militares norteamericanas han sido reconocidas desde el inicio de la guerra el 28 de febrero.
El ejército yemení de Ansar Alá ha resultado un aliado clave de Irán al amenazar con cerrar otro de los puntos más sensibles de Oriente Medio, el estrecho de Bab el-Mandeb, en el mar Rojo.
Una advertencia tenebrosa
Tras la intensificación de los ataques de Irán en el golfo, Trump advirtió este martes que Estados Unidos “no ha terminado en absoluto” su campaña contra la república islámica.
El mandatario afirmó que su próximo objetivo va a ser un complejo nuclear subterráneo conocido como Montaña Pickaxe, cerca de Natanz, donde los servicios de inteligencia occidentales sospechan que Irán construye una planta de enriquecimiento no declarada.
“Vamos a golpear esa zona muy pronto, y con mucha fuerza”, dijo Trump.
Cada vez es más claro para la opinión pública en EE. UU. que nada de esto debió haber pasado ni se justifica, pero las acciones del Pentágono no hacen más que complicar las cosas.
“La realidad es que hoy la República Islámica de Irán está inmersa en una guerra a gran escala”, declaró el lunes el presidente iraní, Masud Pezeshkian, tras la novena noche consecutiva de bombardeos estadounidenses.
El ministro del Interior iraní, Eskandar Momeni, tiene previsto viajar el lunes a Pakistán, uno de los mediadores junto con Catar y Omán, según informó a la AFP una fuente del ministerio.
Pero, como se puso en evidencia con el fracaso del memorando de entendimiento, el gobierno de Trump no tiene ninguna capacidad diplomática.
La entrada En las aguas ardientes del golfo Pérsico aparece primero en Semanario Universidad.
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