En diciembre, en Ecuador, hay cosas que puede esperar

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Giovanni Astudillo

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Diciembre no es para apurarse en Ecuador. Es el mes en el que las reuniones de trabajo pueden esperar, los correos se responden después y las metas se revisan en enero.

No es desorden ni descuido: es una pausa consciente que marca el inicio de las celebraciones, los reencuentros y los momentos que realmente importan.

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La agenda se flexibiliza porque el espíritu navideño se cuela en oficinas, calles y hogares. La rutina diaria pierde fuerza frente a los encuentros familiares, las novenas y los brindis improvisados que aparecen sin aviso.

El gym, la dieta y la rutina… en enero​


Diciembre tampoco es el mes para empezar el gym, retomar la dieta estricta o imponerse nuevas rutinas. En Ecuador, este mes es para el pavo, el amigo secreto, los buñuelos, los panes de pascua y las cenas que se alargan hasta la madrugada.

Porque diciembre no exige perfección, sino presencia: estar, compartir, celebrar. Aquí nadie se culpa por dejar el ejercicio para enero ni por postergar cambios personales; es parte de una cultura que entiende que la Navidad se vive sin culpas.

Tradiciones que no se negocian​


Hay cosas que definitivamente no pueden esperar: el armado del árbol, los nacimientos, las visitas a la familia, los viajes a la Costa o la Sierra, y hasta el tráfico previo a Nochebuena. En Ecuador, diciembre es sinónimo de movimiento emocional, no de productividad extrema.

Incluso quienes trabajan hasta el último día saben que el ánimo cambia. El país entero entra en un modo distinto, más cercano, más humano, donde el tiempo se mide en abrazos y no en pendientes.

Un mensaje que conecta con lo que somos​


Esta idea de que “lo demás puede esperar” no es casual. Es el eje de una campaña navideña global de Pepsi que, en Ecuador, se adapta a nuestra forma de vivir diciembre. La marca toma una verdad muy local -la pausa natural de fin de año- y la convierte en un mensaje que celebra la Navidad tal como se siente en el país.

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Incluso Santa descansa, porque aquí también diciembre es intenso, pero desde la alegría.

Los regalos llegan, la celebración continúa y el mensaje es claro: después de todo, es Navidad. Y celebrar, como muchas cosas en diciembre, no puede esperar.

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