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Mario Bermúdez Vives
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En el último debate entre los candidatos presidenciales en Teletica Canal 7, las propuestas en seguridad y educación fueron las principales cartas con las que cinco aspirantes procuraron convertirse en el rostro de una oposición que no ha logrado despegar, para tratar de desafiar a un oficialismo que se ausentó de este foro.
La candidata del chavismo, Laura Fernández del Partido Pueblo Soberano (PPSO) se había excusado de asistir a este debate, en una combinación de presentaciones irregulares en este tipo de ejercicios y una confianza en las encuestas de opinión, que le dan una cómoda ventaja, con la que acaricia la posibilidad de ganar la Presidencia en primera ronda.
Ello provocó que el debate de Álvaro Ramos (Partido Liberación Nacional), Claudia Dobles (Coalición Agenda Ciudadana), Ariel Robles (Frente Amplio), José Aguilar (Avanza) y Juan Carlos Hidalgo (Partido Unidad Social Cristiana) fuera un pulso para quemar los últimos cartuchos y presentarse como la opción más viable para enfrentar al oficialismo.
De hecho, gran parte del intercambio incluyó alusiones para allanar el camino para eventuales alianzas. Así, Dobles se bajó del podio para dar la mano a Robles para invitarlo a deponer diferencias y banderas partidarias de corto alcance, e insistió en que la CAC “es el único movimiento que sigue creciendo”; Ramos se presentó como parte de “una nueva generación política” pero reconoció acciones en esta dirección de Hidalgo y Dobles; e Hidalgo resaltó coincidencias con otros candidatos en varios temas.
Menos consensuales fueron Robles, quien se presentó como representante de “una Costa Rica olvidada”, y Aguilar, el más beligerante del quinteto, quien insistió en pintar a los otros candidatos como miembros de partidos tradicionales que prometieron y no cumplieron.
Sin embargo, todos coincidieron en que el principal enemigo no estaba en este foro, y lanzaron varios dardos a la amenaza del autoritarismo que representa el chavismo, principalmente en los temas de seguridad, educación e inversión social, y generación de empleo.
Y también hubo un consenso, en el sentido de que gran parte de la explicación para la popularidad del chavismo y los altos niveles de indecisos a esta altura de la campaña radica en un enojo de los votantes, que todos coincidieron en calificar como justificado, ante años de un sistema política que no resuelve los principales problemas. Un gran malestar acumulado por escándalos de corrupción y por partidos que han socavado la confianza de los electores, y que ahora pasa factura.
Ello no impidió varios choques entre los aspirantes: Hidalgo acusó a Ramos de “populismo económico” y de ocultar una “orgía de gasto” con sus propuestas, algo a lo que Ramos posteriormente respondería, ironizando sobre la propuesta de Hidalgo de vender el Banco de Costa Rica como una acción que le permitiría acceder a fondos para seguridad, educación y proyectos de transporte.
Robles por su parte acusó a Dobles de que el PAC “traicionó sus principios” con la ley de Empleo Público, en materia de objeción de conciencia, a lo que Dobles replicó que se trataba de un tema zanjado por la Sala Constitucional, y le insinuó que por tratar de posicionar su marca, podría estar perdiendo de vista el gran riesgo que representa la elección para el país.
En este ejercicio, moderado por director de telenoticias Ignacio Santos como una experiencia en la que “los candidatos deciden”, cada aspirante procuró combinar propuestas con críticas, para obtener los puntos necesarios para poder ser el rostro de la oposición.
Ante ello, Hidalgo se concentró en materia económica, defendiendo la Ley de Empleo Público -que la mayoría criticó ácidamente- y la apertura del mercado eléctrico, y cuestionando la ley de usura, de la que procurará su derogación. A su vez, propuso la venta del BCR -asegura que permitiría nutrir un fideicomiso para un Fondo de Seguridad Nacional, con ingresos de ₡40 mil millones al año- y un programa Costa Rica Cuida, que aseguró, sería la reforma social de los próximos años.
Ramos reivindicó propuestas de un Fondo para la Infraestructura Nacional, una estrategia para seguridad que incluiría más policías, recursos y uso de inteligencia artificial, y una revisión del sistema financiero, con iniciativas como una ley del olvido y una revisión de la ley de Empleo Público, “para eliminar los sistemas feudales de esa ley”, a lq que criticó “su enfoque fiscalista, cuando debió enfocarse en el servicio público”.
Además, Ramos citó una iniciativa para eliminar las presidencias ejecutivas de instituciones autónomas, para la que quiso comprometer a Dobles. Pero su mayor esfuerzo tuvo que concentrarse en responder críticas por acciones como su variación de posiciones en proyectos como las jornadas laborales de doce horas, ante lo cual esbozó una imagen canina: “Puede ser que negociamos un perro, pero apoyamos un chihuahua, y luego aparecen con un pastor alemán, y si decimos que no era lo que apoyamos, nos dicen que nos contradecimos”, dijo.
Dobles se enfocó en temas de seguridad y en educación, en los cuales dirigió gran parte de su metralla contra el Gobierno actual, con propuestas como destinar parte de las ganancias por la implementación de Hacienda Digital a seguridad, y un creciente porcentaje del presupuesto a un plan para fortalecer la educación a largo plazo. También insistió en una visión integrada del transporte público, y tuvo un llamado expreso a las mujeres para que se unieran a su causa.
Pero Dobles enfrentó grandes cuestionamientos por la herencia del PAC, que fueron desde la ley de usura, por parte de Hidalgo, al enfoque de la reforma fiscal y de Empleo Público, por Robles, quien la acusó de sacrificar a los trabajadores, y no tocar a los ricos y las grandes empresas.
Robles por su parte cuestionó los cambios de posiciones de Ramos en materia de ROP y defendió propuestas para destinar un salario a las mujeres que realizan labores domésticas, y para impulsar la contratación de jóvenes sin experiencia mediante exoneraciones tributarias. A su vez, esquivó algunos intentos de mostrarlo como una amenaza al empresariado: afirmó que no impulsaría impuestos a las empresas de zonas francas, y en materia de seguridad, manifestó que se debe recurrir a la cooperación con Estados Unidos.
Pero quien más atacó a sus oponentes fue Aguilar, insistiendo en que eran miembros de partidos tradicionales, que han tenido la oportunidad de gobernar y que generaron desencanto en los ciudadanos por actos de corrupción. Sin embargo, también tuvo que dedicar minutos para desactivar fuertes minas, ya que Ramos, Hidalgo y Dobles lo bombardearon por su mención a la posibilidad de suspender las garantías individuales, algo que, insistió, se trata de una medida prevista en la Constitución Política para situaciones extraordinarias. Esto no impidió que en repetidas ocasiones sus oponentes recordaran el peligro que representa mencionar estas alternativas, dada la sombra de autoritarismo que pende en el país, en alusión al ausente oficialismo.
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