E
Emanuel Machín
Guest
El modesto paisaje de la infancia, los sonidos y los olores cotidianos pueden, no pocas veces, despertar una vocación, convertirse en llamado. Algo así le pasó al autor de este texto, que no solo quiso conocer a fondo su entorno, sino que pensó en cómo protegerlo, asegurarlo y mantenerlo.
Desde los primeros años de la infancia, cuando el mundo aún se nos revela como un misterio constante, nace en nosotros una curiosidad profunda por todo lo que nos rodea: las formas caprichosas de las hojas y las tonalidades que adoptan con las estaciones, el canto de las aves que surcan el cielo, la corriente turbulenta de los arroyos o el bramido incesante de las olas al romper en la orilla. Obse...
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