El secreto de sus ojos

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macsep2005

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La pasión en el fútbol no se puede explicar. Es una forma de ver el mundo. Es una entrega total a la causa. Es, sí, un ejercicio de irracionalidad sin límites.

Explicar esa pasión es imposible, porque nace de una identidad con la camiseta que se ha de jurar para siempre. De ahí aquella frase popular que dice que se puede cambiar de país, de amor, de religión, pero nunca de equipo. Hacerlo es una traición en toda regla.

Zinedine Zidane, besando la camiseta de Francia en la final del mundial contra Brasil, luego de su doblete que le dió el primer campeonato mundial a su país.

Zinedine Zidane, besando la camiseta de Francia en la final contra Brasil, luego de su doblete que le dió el primer campeonato mundial a su país.

Lo hemos visto en este Mundial 2026, que, si bien marca una pasión con las selecciones, y que tiene una leve diferencia en relación con la de los equipos, porque detrás de estos hay una elección y de aquellas no, en el fondo lo que prevalece en la asimilación de esos colores que nos representan para siempre.

Y hay mil maneras de vivir esa pasión. Una de ellas tiene que ver con la paciencia y la fe, en el estricto sentido de acto irracional, porque quién en su sano juicio espera 82 años para que su equipo sea campeón.

Una de las mejores formas de acercarse a lo que significa la pasión en el fútbol, se observa en un pasaje extraordinario de «El secreto de sus ojos», filme dirigido por Juan José Campanela y ganador del Óscar a mejor película extranjera en 2010 y basado en la novela «La pregunta de sus ojos».

En un momento en que Benjamín Expósito y Pablo Sandoval están extraviados y no dan con el asesino de Liliana Colotto, a Sandoval se le ocurre que las cartas del sospechoso que tienen en sus manos, podrían conducirlos a su captura.

En el bar (este sí con b) al que Sandoval acude de forma recurrente, conoce a «Escribano», un seguidor de Racing Club, a quien cuando le comentó sobre una serie de nombres que él no desconocía, le dio a entender que todo estaba bajo control.

Así, aquellos nombres que a los dos investigadores no les decían nada, como Oleniak, Anido y Mesias, Manfredini, Babastro y Sánchez, resultaron ser jugadores de distintas épocas del Racing y que Escribano es capaz de ubicar con una pasión milimétrica y con un asombroso lujo de detalles.

El diálogo se cierra con esta pregunta de Sandoval: –«¿Escribano, qué es Racing para usted? –Una pasión, querido. –¿Aunque hace nueve años que no sale campeón? –Una pasión es una pasión».

Y Sandoval remata: «Te das cuenta, Benjamín, el tipo puede cambiar de todo: de cara, de casa, de familia, de novia, de religión, de Dios, pero hay una cosa que no puede cambiar, Benjamín, no puede cambiar de pasión».

Sobra decir que Benjamín no entiende nada, pero acababan de descifrar la pista que los acercaría de forma espectacular al asesino de Liliana Colotto».

La pasión en el fútbol es eso: un acto de amor indescifrable, una apuesta para toda la vida, como queda retratado con maestría en «El secreto de sus ojos».

*El autor es redactor de Cultura del Semanario Universidad, Máster en Literatura y Comentarista de Fox Costa Rica.

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