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macsep2005
Guest
La mayoría piensa que a Gianni Infantino le interesa el fútbol. Es más, algunos se atreverían a decir, que ama el fútbol. De vez en cuando aparece en algún partido rodeado de estrellas y su narrativa se refuerza en esa vía.
Casi dan ganas de imaginarlo como un centro delantero al uso, de aquellos que hoy son una especie en extinción como Erling Haaland, Igor Thiago y el mismo Cristiano Ronaldo en otra etapa.
Y eso de Infantino conmueve. Es, cualquiera lo diría, un dirigente al que le gusta el fútbol. Mi tesis es la contraria: lo último que le interesa al presidente de la FIFA es el balompié.
Ha querido innovar con 48 selecciones. En la fase de grupos hemos tenido que ver 72 partidos, muchos de los cuales de poca monta, pocas emociones, porque era un equipo atacando y el otro defendiéndose, dado que las diferencias entre ambos eran abismales.
El primer partido de los dieciseisavos de final entre Canadá y Sudáfrica lo ha confirmado: lento, aburrido, jugando al gato y al ratón porque los africanos querían llevar el encuentro al tiempo extra y por eso buscaban retrasar el juego todo lo posible.
Veía el partido y me preguntaba si valdría la pena pagar $600, la entrada más barata, para ver un «no partido», un «no juego», porque uno de los dos oponentes no quería el desarrollo de las acciones y al otro –Canadá– lo asistía la precaución y la mediocridad para no arriesgar nada.
Con base en los antecedentes esbozados entre tanto juego banal, tanta preocupación por fidelizar a los votantes por parte de Infantino, he llegado a la conclusión de que al presidente de la FIFA lo que le fascina es el mercadeo, el dólar, la caja chica y poco o nada el fútbol.
Si le interesase este, en verdad, la FIFA podría invertir cientos, o miles, de millones de dólares en desarrollar el fútbol en los países africanos, en la América Latina marginal, en el Caribe olvidado, etc., etc., pero eso en verdad no ocurre, excepto en un proyecto por aquí y otro por allá para acallar críticas.
De ahí que si un grupo de ejecutivos le demuestran a Infantino, que un futuro «Mundial de las hamburguesas» puede ser proporcionalmente tan rentable como el de fútbol, a mí no me extrañaría que en 2028 estemos asistiendo al primero de muchos que vendrían cada cuatro años para alternarlo con el de fútbol.
A Infantino le da igual que se juegue el Mundial de fútbol, de hamburguesas o de drones, siempre y cuando reporten millones de dólares, y si eso sucede, ahí estará él aplaudiendo en primera línea.
*El autor es redactor de Cultura del Semanario Universidad, Máster en Literatura y Comentarista de Fox Costa Rica.
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