El límite de la expansión eléctrica

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Laura Martínez Quesada

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El objetivo político del proyecto de ley 23414, ha dejado de ser la armonización del sistema eléctrico nacional, para convertirse en una contienda para darle más proyectos de generación al sector privado, lo cual es oportuno, si se hace bajo normas de regulación de servicio público y además, para sustentar la apertura del mercado en la “potencial proliferación de la inversión extranjera”, a través de la instalación en el país de empresas grandes consumidoras de fuentes energéticas y en el caso de los centros de datos, también de grandes cantidades de agua, ambos recursos escasos en el país.

En este contexto vale enunciar una hipótesis, cuya validez debe ser demostrada con realidades de nuestro entorno territorial, terrestre y marino, en cuanto al desarrollo del potencial energético, sobre todo renovable y el respeto al derecho constitucional de acceso al agua potable como un bien esencial para la vida. Esa hipótesis es: “La transición energética es posible hasta el límite en el cual, la transformación del consumo de hidrocarburos, en consumo eléctrico, atente contra la cobertura boscosa, las áreas silvestres protegidas y las fuentes de agua”.

Dado que el objetivo de esa transformación es reducir las emisiones de gases de efecto invernadero, especialmente el dióxido de carbono, para contribuir a la reducción del calentamiento global, no tendría sentido afectar la cobertura boscosa, cercana al 57% del área terrestre, con grandes extensiones de infraestructura solar o eólica, con el fin de mantener el sistema eléctrico renovable o transformar el parque automotor e industrial, consumidor de hidrocarburos, a un consumo eléctrico renovable. Pero tampoco es aceptable intervenir las otras categorías de conservación o uso del suelo, que con tanto esfuerzo mantiene el país en un alto nivel de diversidad biológica y seguridad alimentaria.

Para sustentar la validez de la hipótesis, es necesario estudiar varias situaciones que comprueban que el rumbo energético que se lleva, hará que a lo único que pueda aspirar el país, es a tratar de mantener el sistema eléctrico, lo más renovable posible al año 2050, abasteciendo el crecimiento vegetativo del consumo, con una transformación reducida del transporte y sin incorporar grandes empresas extranjeras que requieran cantidades importantes de energía renovable, porque de otra manera habrá que incrementar la generación termoeléctrica no renovable y entonces la transición no tiene razón de ser.

El primer hecho comprobable es que el consumo de hidrocarburos importados crece anualmente sin dar signos de saturación. La gasolina, el diésel, el gas licuado de petróleo y las compras del ICE por insuficiencia de los embalses, describen ese comportamiento, acompañados por la importación creciente de vehículos de combustión y la cocción en hoteles, casas y restaurantes, mientras que la sustitución de vehículos de combustión, (cercanos a los 2 millones en 2026), por vehículos eléctricos, (cercanos a los 40 mil en 2026), es incipiente e irrelevante energéticamente. Desde el Acuerdo de París a la fecha, las ventas de Recope, incluyendo al ICE, han aumentado un 29,4%, casi un 3% por año, con una tendencia creciente en los recientes, haciendo más difícil y onerosa la transformación vehicular.

Segundo hecho comprobable, la resiliencia del sistema eléctrico a mantenerse renovable, se debilita con la presencia de los embates recurrentes del fenómeno del Niño, y también, al tratar de utilizar fuentes renovables distintas del agua, (solar y eólica), para su desarrollo y la atención de la demanda creciente de energía, de 22,5% entre 2015 y 2025, (casi un 2,5% anual) y de potencia, de 20,6% entre 2015 y 2025, (casi 2,1% anual), y dado su alto nivel de variabilidad e intermitencia, se requiere más energía firme, (hidro, Fourth Cliff, 53MW en 2034, en cascada con Reventazón y geotérmicas, Borinquen I y II, de 55 MW cada una, en 2029 y 2032, según el Plan de Expansión 24-40 del ICE), y energía de respaldo con plantas termoeléctricas con derivados del petróleo, (640MW en 2040).

Se pueden imaginar una intermitencia eólica con 1040MW en 2040, si deja de soplar el viento Alisio del Norte, pues se respaldaría con centrales de embalse y térmicas, pero evidentemente hay un grado importante de capacidad instalada duplicada, que hace al sistema renovable más caro. Según el plan de expansión mencionado, al 2040, para generar la energía anual necesaria, (casi18TWh), y la potencia máxima requerida, (2.566MW), se requerirá una capacidad instalada un 70% mayor, (5.994MW). En estos 15 años al 2040, el esfuerzo de instalación solar, de 1222MW, requerirá 2 y media hectáreas por MW instalado, (unas 3.055 hectáreas llenas de paneles solares), y de igual manera los 632MW eólicos, requerirán, 1.580 hectáreas sembradas con torres eólicas.

Tercer hecho comprobable. No existe un mapa accesible, actualizado de las zonas con potencial solar, eólico y tal vez geotérmico, ni su ubicación y dimensión más económica y de mayor eficiencia en la conversión energética a energía eléctrica, lo cual hace que el plan de expansión solo cite las capacidades a instalar y no los sitios a desarrollar a partir del 2029. Tal vez, el conocer de antemano esos lugares, encarecería el valor de los terrenos, pero esa planificación es indispensable para la optimización del costo del desarrollo del sistema, la ubicación de los nodos de generación y el conocimiento previo de las redes de transmisión necesarias, para su construcción y dimensionamiento; y los estudios de operación confiable y continua, con mayor razón dadas las fallas de operación de sistemas con alto componente variable en otros países.

Un hecho a comprobar, es que, al superponer los mapas disponibles de potencial solar, eólico y geotérmico, con otras capas, (mapas de cobertura forestal, áreas silvestres protegidas, parques nacionales, corredores de fauna, humedales, zonas agrícolas y ganaderas, zonas turísticas y pobladas y polos desarrollo, etc.), resulta que las superficies disponibles para instalar complejos renovables de fuentes variables y sus distancias a la red, son tales que, posiblemente no alcancen para tratar de mantener la renovabilidad del sistema eléctrico y tampoco así, la transformación del consumo de hidrocarburos a un consumo eléctrico renovable. Tanto así, que el ICE en su último plan de expansión advierte que para el 2050, será necesario más energía firme de dos posibles fuentes, el agua, (construir el proyecto Diquís) y el gas natural licuado, GNL, en el Caribe, (con un depósito flotante para almacenar y gasificar o una terminal terrestre), ambos con una entrada, “optimizada obligatoria” entre 2031 y 2050.

Y, por último, una prospección. La conversión del consumo total de hidrocarburos al 2025, (sin hacer la proyección al 2050), (cercano a los 25 millones de barriles equivalentes de petróleo, (bep), convertidos a electricidad equivalente, considerando una eficiencia térmica del 60% y una eléctrica del 90%, resultan cerca de 27TWh, el doble del consumo actual de electricidad, el que si se fundamenta en energía eólica y solar podría requerir cerca de 12.000MW adicionales, unas 30.000 hectáreas adicionales, sin considerar el crecimiento del consumo de derivados al 2040, lo cual evidentemente es imposible.

Los hechos comentados, revelan la validez de la hipótesis, a menos que alguien pueda rebatir los hechos y tenga una solución iluminada. No se requiere ninguna apertura del mercado, se requiere un fortalecimiento institucional y una planificación muy detallada y científica de como conservar nuestro acervo con la mejor senda de optimización del crecimiento del sistema eléctrico, con el aporte de todos los actores de manera regulada.



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