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Giovanni Astudillo
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La tensión entre Irán y Estados Unidos volvió a escalar este domingo 1 de febrero de 2026, cuando el líder supremo Alí Jameneí afirmó que las amenazas militares estadounidenses no intimidan al pueblo iraní.
Él advirtió que cualquier ataque derivaría en una guerra regional en Oriente Medio, con consecuencias impredecibles para la seguridad internacional.
Durante un acto conmemorativo del regreso del ayatolá Ruholá Jomeiní en 1979, Jameneí sostuvo que Irán no iniciará un conflicto armado, pero responderá con firmeza ante cualquier agresión extranjera.
Lo dijo en referencia directa al despliegue militar de EE.UU. en el golfo Pérsico y a la presión por el programa nuclear iraní.
En su discurso, el líder iraní vinculó las protestas antigubernamentales en Irán registradas entre diciembre y enero con un supuesto intento de golpe de Estado, señalando ataques a centros estratégicos, fuerzas de seguridad, bancos y lugares religiosos como parte de un plan para desestabilizar al régimen.
Según cifras oficiales, la represión en Irán dejó más de 3 000 muertos, aunque organizaciones de derechos humanos elevan el número a más de 6 700 fallecidos, además de miles de heridos y detenidos.
Irán responsabiliza a Estados Unidos e Israel por incitar los disturbios, lo que ha profundizado el conflicto diplomático.
En paralelo, el Parlamento iraní anunció que considera terroristas a los ejércitos de la Unión Europea, en represalia por la decisión del bloque comunitario de incluir al Cuerpo de Guardianes de la Revolución Islámica en su lista de organizaciones terroristas. Esta medida se ampara en la Ley de Medidas Recíprocas aprobada en 2019.
El presidente del Parlamento, Mohamad Baqer Qalibaf, advirtió que la decisión europea tendrá consecuencias directas y ordenó evaluar la designación de agregados militares europeos en Irán como terroristas, aumentando así la crisis diplomática.
La Guardia Revolucionaria iraní aseguró que las Fuerzas Armadas cuentan con planes de acción ante cualquier escenario hostil, mientras monitorean de cerca los movimientos de la flota estadounidense encabezada por el portaaviones Abraham Lincoln en la región.
Altos mandos militares iraníes calificaron la presencia de tropas estadounidenses como una operación psicológica, destinada a generar un clima de guerra, aunque insistieron en que Irán no caerá en provocaciones que escalen el conflicto militar en Oriente Medio.
Pese al discurso confrontacional, Irán ha reiterado su disposición a un proceso diplomático con Estados Unidos sobre el programa nuclear iraní, siempre que sea “significativo, lógico y justo”. No obstante, rechaza negociar sus misiles y capacidades militares, una de las principales exigencias de Washington.
Contactos con países mediadores como Catar y Egipto, así como declaraciones recientes del presidente estadounidense Donald Trump, apuntan a intentos de desescalada del conflicto, aunque el escenario sigue marcado por la desconfianza y el riesgo de una crisis regional.
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Él advirtió que cualquier ataque derivaría en una guerra regional en Oriente Medio, con consecuencias impredecibles para la seguridad internacional.
Durante un acto conmemorativo del regreso del ayatolá Ruholá Jomeiní en 1979, Jameneí sostuvo que Irán no iniciará un conflicto armado, pero responderá con firmeza ante cualquier agresión extranjera.
Lo dijo en referencia directa al despliegue militar de EE.UU. en el golfo Pérsico y a la presión por el programa nuclear iraní.
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Protestas internas y acusaciones de golpe de Estado
En su discurso, el líder iraní vinculó las protestas antigubernamentales en Irán registradas entre diciembre y enero con un supuesto intento de golpe de Estado, señalando ataques a centros estratégicos, fuerzas de seguridad, bancos y lugares religiosos como parte de un plan para desestabilizar al régimen.
Según cifras oficiales, la represión en Irán dejó más de 3 000 muertos, aunque organizaciones de derechos humanos elevan el número a más de 6 700 fallecidos, además de miles de heridos y detenidos.
Irán responsabiliza a Estados Unidos e Israel por incitar los disturbios, lo que ha profundizado el conflicto diplomático.
Irán responde a la Unión Europea
En paralelo, el Parlamento iraní anunció que considera terroristas a los ejércitos de la Unión Europea, en represalia por la decisión del bloque comunitario de incluir al Cuerpo de Guardianes de la Revolución Islámica en su lista de organizaciones terroristas. Esta medida se ampara en la Ley de Medidas Recíprocas aprobada en 2019.
El presidente del Parlamento, Mohamad Baqer Qalibaf, advirtió que la decisión europea tendrá consecuencias directas y ordenó evaluar la designación de agregados militares europeos en Irán como terroristas, aumentando así la crisis diplomática.
Preparativos militares y advertencias estratégicas
La Guardia Revolucionaria iraní aseguró que las Fuerzas Armadas cuentan con planes de acción ante cualquier escenario hostil, mientras monitorean de cerca los movimientos de la flota estadounidense encabezada por el portaaviones Abraham Lincoln en la región.
Altos mandos militares iraníes calificaron la presencia de tropas estadounidenses como una operación psicológica, destinada a generar un clima de guerra, aunque insistieron en que Irán no caerá en provocaciones que escalen el conflicto militar en Oriente Medio.
Diplomacia nuclear y vías de desescalada
Pese al discurso confrontacional, Irán ha reiterado su disposición a un proceso diplomático con Estados Unidos sobre el programa nuclear iraní, siempre que sea “significativo, lógico y justo”. No obstante, rechaza negociar sus misiles y capacidades militares, una de las principales exigencias de Washington.
Contactos con países mediadores como Catar y Egipto, así como declaraciones recientes del presidente estadounidense Donald Trump, apuntan a intentos de desescalada del conflicto, aunque el escenario sigue marcado por la desconfianza y el riesgo de una crisis regional.
Elaborado con información de EFE
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