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Ramiro Rivera Molina
Guest
En una librería anticuaria de Madrid encontré la primera edición (1970) de un libro que buscaba: De los espartaquistas al nazismo: la República de Weimar, escrito por Claude Klein, quien fuera profesor de ciencias políticas en la Universidad de Estrasburgo. Con afán profundizó en la turbulenta historia de Alemania, el antes y el después de la Primera Guerra Mundial, la revolución que implanta la República de Weimar, su desplome y la ascensión al poder por la vía electoral del nazismo hitleriano.
Para Klein, lo que marca la derrota alemana en la Primera Guerra Mundial, es su guerra submarina a inicios de 1917, que pretendía estrangular el comercio británico. La guerra naval sin discreción, hundía embarcaciones norteamericanas, lo que provoca que Estados Unidos abandone la neutralidad, declarando la guerra a Alemania. Se suma a esto la victoria de la revolución bolchevique. La estrepitosa derrota alemana se sella con el Tratado de Versalles.
En Weimar, las elecciones del 19 de enero de 1919, determinan la instalación de la Asamblea Nacional Constituyente. Klein, registra como clave la sustitución del antiguo sistema de escrutinio mayoritario por el proporcional. Votaron las mujeres, los soldados y los jóvenes de 20 años, a pesar de que la edad civil seguía siendo 21. Weimar fue la ciudad de las artes y de la cultura. Es la tierra de Goethe, Nietzsche, Schopenhauer, Martín Lutero, Herder Schiller, de Franz Liszt y Johann Sebastián Bach.
En otro libro: La República de Weimar, una democracia inacabada, Horts Möller, establece cierta similitud de la revolución de Weimar con la Segunda República española de 1931; y considera que la crisis alemana tuvo cuatro fases: la primera, la revolución, entre 1918 a 1919; la segunda etapa, de crisis que va desde 1920 a 1923; la tercera, de estabilización o fase de oro de Weimar; y, la cuarta, el desmoronamiento de la República, de 1930 a 1933. Año en el que el nacionalsocialismo accede al poder. Serán catorce años (1919 a 1933), de un periodo que abraza la euforia, soporta una pavorosa crisis económica, siente la agonía y la muerte.
Las elecciones del 19 de enero de 1919, para elegir a los miembros de la Asamblea Nacional, encargada de redactar la Constitución de Weimar. Convocada por Friedrich Ebert, del SPD (Partido Socialdemócrata), que había ganado las últimas elecciones monárquicas de 1912. La participación en esa elección alcanza el 83%. Un total de 11.5 millones de los votos expresados, o sea el 40% de los sufragios y 165 escaños, fueron para SPD. Socialistas independientes: 2.3 millones, 22 escaños, o sea, 7.8% de los sufragios. El centroizquierda aparece victoriosa con el 45%.
Me permiten una digresión: a pocos kilómetros de Weimar, el nazismo instaló en 1937, el campo de concentración de Buchenwald, uno de los más grandes. Ahí estuvo deportado el gran novelista español, Jorge Semprun, desde enero de 1944 hasta abril de 1945, calificado como la memoria europea del siglo XX. Semprun relata un episodio que le permitió salvar su vida. En una de sus geniales novelas: Viviré con su nombre, morirá con el mío. Semprun es un joven que permanece en la desembocadura del infierno.
Es invierno de 1944. Autoridades de los campos de concentración preguntan: ¿Vive aún el deportado Jorge Semprun, de 20 años y matrícula 44.904? En un arriesgado gesto de solidaridad, en medio del horror del holocausto, un preso comunista asigna la identidad de Semprun a un preso agonizante. Semprun logra sobrevivir con el nombre de quien muere, el que, a su vez, muere con su nombre. Es una novela conmovedora y apasionante. Un maravilloso grito por la existencia y la dignidad de la vida.
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Para Klein, lo que marca la derrota alemana en la Primera Guerra Mundial, es su guerra submarina a inicios de 1917, que pretendía estrangular el comercio británico. La guerra naval sin discreción, hundía embarcaciones norteamericanas, lo que provoca que Estados Unidos abandone la neutralidad, declarando la guerra a Alemania. Se suma a esto la victoria de la revolución bolchevique. La estrepitosa derrota alemana se sella con el Tratado de Versalles.
En Weimar, las elecciones del 19 de enero de 1919, determinan la instalación de la Asamblea Nacional Constituyente. Klein, registra como clave la sustitución del antiguo sistema de escrutinio mayoritario por el proporcional. Votaron las mujeres, los soldados y los jóvenes de 20 años, a pesar de que la edad civil seguía siendo 21. Weimar fue la ciudad de las artes y de la cultura. Es la tierra de Goethe, Nietzsche, Schopenhauer, Martín Lutero, Herder Schiller, de Franz Liszt y Johann Sebastián Bach.
En otro libro: La República de Weimar, una democracia inacabada, Horts Möller, establece cierta similitud de la revolución de Weimar con la Segunda República española de 1931; y considera que la crisis alemana tuvo cuatro fases: la primera, la revolución, entre 1918 a 1919; la segunda etapa, de crisis que va desde 1920 a 1923; la tercera, de estabilización o fase de oro de Weimar; y, la cuarta, el desmoronamiento de la República, de 1930 a 1933. Año en el que el nacionalsocialismo accede al poder. Serán catorce años (1919 a 1933), de un periodo que abraza la euforia, soporta una pavorosa crisis económica, siente la agonía y la muerte.
Las elecciones del 19 de enero de 1919, para elegir a los miembros de la Asamblea Nacional, encargada de redactar la Constitución de Weimar. Convocada por Friedrich Ebert, del SPD (Partido Socialdemócrata), que había ganado las últimas elecciones monárquicas de 1912. La participación en esa elección alcanza el 83%. Un total de 11.5 millones de los votos expresados, o sea el 40% de los sufragios y 165 escaños, fueron para SPD. Socialistas independientes: 2.3 millones, 22 escaños, o sea, 7.8% de los sufragios. El centroizquierda aparece victoriosa con el 45%.
Me permiten una digresión: a pocos kilómetros de Weimar, el nazismo instaló en 1937, el campo de concentración de Buchenwald, uno de los más grandes. Ahí estuvo deportado el gran novelista español, Jorge Semprun, desde enero de 1944 hasta abril de 1945, calificado como la memoria europea del siglo XX. Semprun relata un episodio que le permitió salvar su vida. En una de sus geniales novelas: Viviré con su nombre, morirá con el mío. Semprun es un joven que permanece en la desembocadura del infierno.
Es invierno de 1944. Autoridades de los campos de concentración preguntan: ¿Vive aún el deportado Jorge Semprun, de 20 años y matrícula 44.904? En un arriesgado gesto de solidaridad, en medio del horror del holocausto, un preso comunista asigna la identidad de Semprun a un preso agonizante. Semprun logra sobrevivir con el nombre de quien muere, el que, a su vez, muere con su nombre. Es una novela conmovedora y apasionante. Un maravilloso grito por la existencia y la dignidad de la vida.
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