El 70 por ciento de los costarricenses carece de hábitos de lectura

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Jose Eduardo Mora

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La Encuesta Nacional de Cultura (ENC) 2026, publicada el 6 de agosto del presente año, evidencia un dato que llama la atención por lo que representa en sí mismo: el 70,3% de los costarricenses no tiene el hábito de la lectura.

En 2016, fecha en que se había realizado la última Encuesta Nacional de Cultura, se había determinado que el 38,7% tenía como hábito la lectura. Lo anterior significa que hubo una caída porcentual de 9 puntos, debido a que hoy solo la ostenta el 29,7%.

Aunque es un dato general, recuerda que las dificultades que tienen los estudiantes de primaria y secundaria en cuanto a la comprensión lectora no están exentas del entorno que les rodea.

Esta situación, estrictamente académica, refleja que la lectura debe abordarse como un fenómeno integral, que incluya el fomento de hábitos en la escuela y en el colegio, pero también en los hogares.

Respecto de esta situación, la experta Ana María Rodino, investigadora del Estado de la Educación, en una entrevista con el Semanario UNIVERSIDAD en 2020, recordaba que entre los malos resultados de las pruebas del Programa para la Evaluación Internacional de Alumnos (PISA, por sus siglas en Inglés) de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), los estudiantes que mejor puntuaron fueron los que tenían hábitos de lectura más arraigados.

“Los muchachos que salieron mejor en la prueba eran los que leían más. Que tenían buen número de clases de español, que tenían bibliotecas en sus hogares y en sus escuelas. Que habían sido motivados para leer y asumían que leer es entretenido y agradable. No hay ninguna ciencia oculta aquí”.

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Según la ENC, el género que más se lee en Costa Rica es la novela con un 29,2%. (Foto: Amazon)

La ENC, realizada en esta oportunidad por la empresa CID Gallup, a diferencia de las anteriores elaboradas por el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INEC), detalla que es en la Región Central del país donde más se lee, con un 32% de los encuestados que respondieron de forma afirmativa de si leían o no.

Hay que recordar que la Región Central comprende 45 cantones entre las provincias de Cartago, San José, Heredia y Alajuela. A esta zona le sigue la Región Brunca (Pérez Zeledón, Buenos Aires, Osa, Golfito, Coto Brus, Corredores y Puerto Jiménez) con un 26% de personas que admitieron ser lectoras.

El Pacífico Central, compuesto por siete cantones de Puntarenas —cantón central de Puntarenas, Esparza, Garabito, Parrita, Quepos, Montes de Oro, Monte Verde— y dos de Alajuela como son Orotina y San Mateo, es el área que menos porcentaje de lectura reportó, con un 15,9%.

Según indica la consulta —efectuada entre el 27 de octubre de 2025 y el 10 de enero de 2026, entre 6.308 entrevistados, con un margen de error de más menos 1,23 puntos porcentuales—, la zona rural es donde menos se lee, con un 22,24%; el área urbana es donde más se lee, y las mujeres son las que más han dejado de leer.

En cuanto al porqué se lee, un 54% de los consultados afirmó que lo hacía por gusto, mientras que en este segmento son las mujeres las que obtuvieron el porcentaje más alto, con un 57,4 por ciento.

Además del placer de leer, un 14,6% dijo que lo hacía como un elemento de desarrollo personal y un 11% por motivos de estudio.

Caída de libros

De acuerdo con la ENC 2026, 1,10 millones de personas aceptaron que leen libros, lo cual contrasta con el dato que arrojó la encuesta de 2016, que indicaba que era de 1,29 millones. Ello representa una caída en la lectura de libros del 15%.

La disminución de personas que leen libros, en la encuesta, la relacionan con el hecho de que Internet “ganó peso” en este apartado. De esta manera, se consigna que las compras en línea pasaron de 2,3% a 8,6% y que el acceso gratuito a libros se movió de 9% a 16,7%. El préstamo o regalo de libros varió de 38,6% a 24,6% con lo cual hubo una disminución de 14%. En relación con la forma de adquirir los libros, se determinó que la compra en las librerías es la que todavía prevalece, con un 32,1%.

Se debe puntualizar que las opciones para comprar libros en Costa Rica son cada vez más reducidas respecto a las empresas o librerías que ofrecen este servicio. No se debe olvidar que la Librería Lehmann, que durante 130 años mantuvo abiertas sus puertas en el corazón de San José, cerró debido a una serie de factores, entre ellos la imposibilidad de mantenerse a flote con la competencia.

Al cambiar el paradigma de la comercialización de libros en el país, así como los problemas que surgieron 1979 con el edificio que la empresa había construido frente a Avenida Central, pero que perdió por la situación de la Segunda Guerra Mundial, fueron elementos que de forma lenta, pero irremediable, propiciaron el cierre que se dio el 27 de junio de 2026, aunque inicialmente la fecha de despedida era la del 20 de ese mes.

Conviene recordar que en sus comienzos, en 1896, cuando al negocio lo impulsó Antonio Lehmann Merz, este se inició con el nombre de Librería Católica e imprimía muchos textos como parte de su quehacer. En este período, recibió el apoyo de los padres paulinos. Incluso, se le asocia con Federico Sauter y Carlos Federspiel. Luego ambos se separaron para fundar sus propios emprendimientos como Sauter y compañía y la Librería Universal.

Lehmann, por muchos años, acompañó a diversas generaciones con libros de literatura, política, sociología, ciencia, medicina y, en muchos casos, libros de texto para primaria y secundaria.

Además de la Librería Internacional, que es la organización con más presencia, con más de 30 sucursales en el país, está la Librería Universal, pero que al día de hoy mantiene una venta de libros marginal en relación con la operación general de la empresa. También está, por ejemplo, la Librería Universitaria, ubicada en San Pedro de Montes de Oca, las librerías de la Universidad Estatal a Distancia (UNED) y algunas independientes.

A esta oferta habría que añadir algunas de libro viejo, en especial en el caso central de San José.

En este apartado de cómo obtener libros para su lectura, las bibliotecas experimentaron un ligero avance, dado que pasaron de representar un 2,1% a un 3,8%. En Costa Rica, por medio del Sistema Nacional de Bibliotecas (Sinabi) operan 60 centros en distintas partes del país.

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La lectura de autores nacionales aumentó en la última década y pasó de un 16,7% a un 28,1%. En la gráfica Isaac Felipe Azofeifa, Fabián Dobles, Carlos Morales, Joaquín Gutiérrez y Beto Cañas. (Foto: Semanario UNIVERSIDAD)

Media de ejemplares

En Costa Rica se lee una media de 5,57 libros por año, según la ENC 2026. En España, por ejemplo, esta cifra es de 9,9%. En este país, también, un 66% lee por gusto y ya se veía que este dato era del 54% en el ámbito nacional.

Si la medición se correlaciona con la edad, entre 18 y 28 años se encontró a la población que más lee, con una media de siete libros por año.

Los adultos, entre 61 años o más, reportaron una lectura de 5,1 libros por año. En la anterior medición; o sea, la de 2016, el porcentaje registrado fue de 4,64. Aunque en otra sección de la encuesta se dice que la zona rural es donde menos se lee, esta área no anda tan distante de la media nacional, dado que hay un promedio de lectura de cinco libros cada doce meses.

Es preciso resaltar que las mujeres leen más en formato físico que los hombres. A propósito del formato físico, que se asocia con la explosión que vivieron los libros a partir de 1440, cuando Johannes Gutenberg descubrió la imprenta de tipos móviles en Maguncia, Alemania, hay evidencias científicas de que la lectura en papel, que implica una lectura lineal y profunda, resulta más provechosa que la digital.

Uno de los que en la última década ha insistido en este tópico, es el escritor estadounidense Nicholas Carr, autor de Superficiales, ¿qué está haciendo Internet con nuestras mentes?, de 2012, quien a partir de su experiencia personal y basada en investigaciones académicas, sostiene que la lectura recomendable es la del libro impreso.

Al comparar diversas formas de lectura con la del libro de papel de siempre, Carr anotaba en su volumen: “Lo que parece estar haciendo la Web es debilitar mi capacidad de concentración y contemplación. Esté online o no, mi mente espera ahora absorber información de la manera en la que la distribuye la Web: en un flujo veloz de partículas. En el pasado fui un buzo en un mar de palabras; ahora me deslizo por la superficie como un tipo sobre una moto acuática”.

El habituarse a una lectura digital, por medio de pantallas, webs o dispositivos específicos para leer libros electrónicos, plantea una forma de mantener la mente activa, contrario a lo que sucede con la tradicional lectura del impreso.

Esto dice Carr en su libro: “(…) Cuando estaba alejado de mi computadora, sentía ansias de mirar mi correo, hacer clic en vínculos, googlear. Quería estar conectado. Al igual que Microsoft Word me había convertido en un procesador de textos de carne y hueso, Internet, me daba cuenta, estaba convirtiéndome en algo parecido a una máquina de procesamiento de datos de alta velocidad… Echaba de menos mi viejo cerebro”.

La novela

Con un 29,2%, la novela es el género más leído en Costa Rica, de acuerdo con la ENC 2026. Les siguen de cerca los textos religiosos, con un 24%, y en un tercer plano los de autoayuda, con un 20,3%.

La medición precisa que en el ámbito urbano es el cual la novela mantiene su supremacía, pues alcanza la cifra citada en el párrafo anterior, mientras que en el sector rural su lectura disminuye al 24,7%.

La novela, que ha tenido en el mundo hispano como referencia a Don Quijote de la Mancha, de Miguel de Cervantes, ha sido por muchos siglos el género preferido, aunque cada cierto tiempo se despierta un debate de si la novela morirá pronto, dada la irrupción de las nuevas tecnologías de cada tiempo.

Una discusión similar se ha dado, en especial a partir del siglo XX, con el libro impreso, cuando se dio la irrupción del cine, la radio y la televisión. Los pronósticos han sido más que sombríos; no obstante, el libro ha seguido en pie y de acuerdo con recientes informes, todavía goza de buena salud.

Un informe del Pew Research Center, de 2025, evidenció que la mayoría de los lectores de Estados Unidos prefieren el libro tradicional por sobre otros formatos. De acuerdo con la encuesta del Research Center, el 75% de los norteamericanos sostuvo que había leído al menos un libro en el último año. Y cerca de dos tercios dijeron inclinarse por el impreso. Una porción menor optó por el audiolibro o el libro digital.

Al reflexionar en 2020, con motivo de la novela El orden alfabético, de Juan José Millás, sobre la suerte que le esperaba al libro tradicional y al periódico impreso, el exdirector de El País, Juan Luis Cebrián, expresaba: “Un diario, como un libro, es una obra unitaria; ambos responden a una concepción del mundo, una Weltanschauung en la tradición germana, que desaparece en la caótica fragmentación de Internet. Chartier (Roger) apuesta, no sin voluntarismo, a que al final, al menos en la cultura, coexistirán los dos mundos: el antiguo orden de los discursos y la nueva epistemología. Estoy seguro de que durante algún tiempo será así, sobre todo si el poder político llega a interesarse por ello y comprende las implicaciones en el terreno educativo. Pero el pensamiento dominante es ya el que emana de la Red, caracterizado por la ambigüedad, la paradoja y el caos, en todo enemigos del orden alfabético”.

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Los dispositivos electrónicos son una alternativa que cobra fuerza, de acuerdo con la encuesta, para la lectura. (Foto: nereanieto.com)

Literatura propia y periódicos

La encuesta puntualiza que hubo un aumento porcentual sobre la literatura costarricense en relación con lo sucedido hace diez años en dicha medición. De esta manera, se pasó de un 16,7% a un 28,1% en el interés por leer literatura nacional.

El porcentaje sigue siendo bajo, por lo que este apartado pone en alerta a los escritores nacionales y a sus instituciones sobre la necesidad de establecer políticas claras para promocionar y afianzar la literatura costarricense.

En el país, como ha referido este medio en varias oportunidades, desde 2010 en especial, se carece de políticas robustas para fortalecer el consumo del libro costarricense, así como la escasa o nula actividad para promocionar y generar hábitos de lectura sostenibles.

En junio de 2024, el Semanario titulaba así uno de sus reportajes: “El libro costarricense sigue fuera de juego” y en él se precisaba: “Sin políticas que lo respalden, con un Consejo del Libro inerme y una Fiesta Nacional de la Lectura que requiere una curaduría, el libro continúa su viaje entre brumas, en una Costa Rica que sufre una crisis cultural galopante”.

En ese mismo texto se aseguraba: “La situación del libro en Costa Rica como un barco a la deriva no es nueva, pero lo cierto es que la última iniciativa, que pasaba por El Consejo Nacional de la Lectura, el Libro y las Bibliotecas, como organismo asesor del Estado, no cumple con su función, sobre todo, porque carece de recursos para actuar”. Entre la fecha de publicación citada y el presente, la realidad del libro nacional no ha experimentado un cambio significativo.

En El libro costarricense no sale de su laberinto, publicado también en este medio, se planteaba en agosto de 2024, cómo las iniciativas La Feria Internacional del Libro y la Fiesta Nacional de la Lectura, lejos de complementarse y servir de plataforma de promoción a los escritores, cada una parecía ir por su lado. Esto tampoco ha cambiado.

Como puede observarse, para que el libro costarricense se consolide entre sus lectores, requiere de una estrategia integrada en el resto del ámbito cultural, pero, por ahora, no hay políticas puntuales y claras sobre el devenir que pueda favorecer a los escritores, quienes tienen que recurrir a hacer malabares para, por lo menos, salir con tirajes limitados y ponerlos al alcance de sus lectores.

La ENC 2026 deja una línea para reflexionar sobre la lectura, pero en este caso de los periódicos, dado que los números que aporta son fuertes para el sector. La información sostiene que los lectores de periódicos —se infiere que son los impresos— pasaron en 2016 de 1,6 millones a 630. 697, con lo cual la caída ronda el millón.

En contraposición, el porcentaje de lectores digitales de periódicos creció de 12,9 a 38,6.

Se plantea aquí un debate que debería tener una futura discusión: ¿se potencia la lectura digital —en sus distintos formatos— en detrimento de la impresa?

Mientras se resuelve el dilema, se ha de recordar que el 70,3% de los costarricenses carece de hábitos de lectura.

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