Ecuador mantiene alerta eléctrica pese a lluvias; ¿qué sucede en las hidroeléctricas?

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Lucía Vásconez

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Ecuador registra fuertes lluvias e incluso inundaciones en varias ciudades del país. Sin embargo, esto no se traduce en mayor generación eléctrica.

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La razón es geográfica. Las precipitaciones se concentran en la vertiente occidental de los Andes y zonas interandinas. En cambio, las principales hidroeléctricas dependen de ríos de la vertiente oriental, donde las lluvias han sido escasas o irregulares.

Según el reporte de la Secretaría de Gestión de Riesgos, hasta este 19 de marzo del 2026, las provincias más afectadas por las lluvias son: Guayas, Los Ríos, El Oro, Esmeraldas, Manabí, Loja, Santa Elena y Chimborazo.

El experto eléctrico Ricardo Buitrón explica que, aunque el invierno es visible, no hay suficiente agua en las fuentes que generan electricidad, las cuales están influenciadas por la vertiente oriental que desciende hacia la cuenca amazónica.

Estiaje limita la generación​


Históricamente, entre octubre y marzo ocurre el estiaje en la vertiente oriental, un periodo de bajos caudales.

En 2026, este fenómeno no ha sido extremo, pero sí moderado. Esto reduce la capacidad de producción de las principales centrales hidroeléctricas.

Además, las lluvias han sido irregulares: hay picos de caudal, pero no sostenidos. Esto impide una recuperación estable del sistema eléctrico.

Las principales centrales hidroeléctricas del país, como Coca Codo Sinclair (Sucumbíos), el Complejo Hidroeléctrico Paute (Azuay y Cañar), integrado por Paute-Molino, Sopladora y Mazar, y el Complejo Hidroeléctrico Agoyán-San Francisco (Tungurahua), se ubican en la vertiente oriental del país.

Hidroeléctricas operan a media capacidad​


El impacto ya se refleja en la generación.

La central Paute Molino, por ejemplo, produce este marzo de 2026 un promedio de 643 MW, pese a tener capacidad de 1 100 MW.

Coca Codo Sinclair genera cerca de 750 MW, aproximadamente la mitad de su capacidad instalada.

Esto confirma que no existe un flujo constante de agua, pese a lluvias puntuales.

Alta dependencia del clima​


El sistema eléctrico ecuatoriano depende principalmente del agua. La demanda nacional alcanza los 4 050 MW. De ese total, unos 3 050 MW provienen de hidroeléctricas y 900 MW de generación térmica.

Sin lluvias constantes en la vertiente oriental, el país queda expuesto a riesgos de apagones o restricciones.

Poca nueva generación y menos respaldo​


El problema se agrava por la falta de inversión, señala Buitrón. En los últimos años solo se han incorporado cerca de 300 MW adicionales, con el alquiler de barcazas. No hay nuevos proyectos relevantes en el corto plazo.

A esto se suma la pérdida de respaldo de importaciones desde Colombia, que aportaban hasta 450 MW.

Reservas dan alivio temporal para evitar cortes de luz en 2026​


El embalse Mazar mantiene niveles altos. Este 20 de marzo se ubicaba casi al tope con 2 152 metros sobre el nivel del mar. Esto permite una reserva estimada de 350 MW durante abril, mayo y junio.

Sin embargo, este alivio depende de que las lluvias aumenten en la vertiente oriental en los próximos meses.

Gobierno activa generación privada​


Ante este escenario, el Operador Nacional de Electricidad (Cenace) activó generadores privados. La medida busca sostener el suministro durante el “Período de Alerta del Déficit”, vigente desde octubre de 2023.

El Cenace justificó la decisión por la reducción sostenida de los aportes hídricos y fallas no programadas en el sistema eléctrico.

Horarios y regulación​


Los generadores privados operarán en horarios específicos:

  • De lunes a viernes, entre 09:00 y 23:00.
  • Fines de semana y feriados, de 18:00 a 22:00.

La medida se sustenta en la regulación ARCONEL-003/24 y un acuerdo ministerial de marzo de 2026. Las empresas distribuidoras coordinarán la operación para evitar interrupciones del servicio.

Fallas estructurales mantienen el riesgo​


Según el análisis de Buitrón, problemas de planificación, fallas en contratación de proyectos y retrasos en inversiones han impedido aumentar la capacidad eléctrica.

Esto mantiene al sistema vulnerable, especialmente en periodos de estiaje.



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