Economía circular y gestión de residuos impulsan la Alianza por las Ciudades en Ecuador

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Santiago Estrella

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La gestión de residuos sólidos urbanos y la reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero tienen un nuevo punto de encuentro en Ecuador.

Representantes de la industria cementera, entidades públicas, organismos internacionales, academia y gremios presentaron oficialmente la Alianza por las Ciudades, una iniciativa que busca desarrollar la primera metodología de alcance global para cuantificar las emisiones de metano evitadas mediante el aprovechamiento de residuos sólidos urbanos no reciclables en procesos industriales.

El proyecto es impulsado por la Asociación de Cemento de América Latina (CEM), la Empresa Pública Metropolitana de Gestión Integral de Residuos Sólidos (EMGIRS EP), el Instituto Ecuatoriano del Cemento y del Hormigón (INECIC) y UNACEM Ecuador, con el propósito de convertir los residuos que ya no pueden reciclarse en una alternativa para avanzar hacia ciudades más sostenibles y con menores emisiones.

El metano, uno de los grandes desafíos para las ciudades​

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Santiago Andrade: gerente de EMGIRS-EP; Xavier Guerra: jefe de Ecología Industrial de UNACEM Ecuador y María José Hernández, directora de Sostenibilidad y Desarrollo Local de la Cámara de Industrias y Producción (CIP), durante el conversatorio sobre la nueva era en la que entra la industria cementera.

La iniciativa parte de una realidad compartida por las principales ciudades de América Latina. Millones de toneladas de residuos terminan cada año en rellenos sanitarios y botaderos, donde la descomposición anaeróbica genera metano, un gas cuyo potencial de calentamiento global es aproximadamente 28 veces mayor que el dióxido de carbono (CO₂).

Durante la apertura del encuentro, Esteban Dávila, gerente de Comunicación y Asuntos Corporativos de UNACEM Ecuador, destacó que construir sostenibilidad implica mucho más que desarrollar infraestructura.

“Desde UNACEM Ecuador llevamos más de 15 años impulsando iniciativas de economía circular. Esta experiencia nos ha demostrado que muchos de los grandes desafíos ambientales también pueden convertirse en oportunidades para innovar, generar valor y construir soluciones sostenibles a largo plazo”, señaló.

El coprocesamiento, una alternativa para reducir emisiones​


Uno de los ejes del encuentro fue explicar cómo la industria cementera puede contribuir a disminuir las emisiones asociadas a la disposición final de residuos.

Miguel Ángel Puente, director ejecutivo del Instituto Ecuatoriano del Cemento y del Hormigón (INECIC), explicó que la fabricación de cemento requiere hornos que alcanzan temperaturas cercanas a los 1.500 °C para producir clínker, principal componente del cemento. Aunque esta industria representa alrededor del 8 % de las emisiones globales de CO₂, también desarrolla estrategias para reducir su huella ambiental.

Entre esas estrategias destacó tres líneas de acción: disminuir el factor clínker mediante el uso de materiales suplementarios; sustituir combustibles fósiles por combustibles alternativos provenientes de biomasa, neumáticos usados, residuos industriales y residuos sólidos urbanos; y promover el aprovechamiento de residuos para evitar la generación de metano en los rellenos sanitarios.

Puente resaltó además una ventaja logística del país: aproximadamente la mitad de la población ecuatoriana se encuentra a menos de 100 kilómetros de un horno cementero, una condición que facilita el transporte de materiales y mejora la viabilidad del coprocesamiento.

El respaldo internacional y la visión regional​


El encuentro también contó con la participación de Cristian López, coordinador de Climate Promise del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), quien destacó la articulación entre la industria, los municipios y la cooperación internacional para incorporar soluciones de economía circular dentro de las políticas climáticas nacionales.

Según explicó, herramientas desarrolladas por el PNUD permiten identificar las principales fuentes de emisiones y fortalecer las Contribuciones Determinadas a Nivel Nacional (NDC), en cumplimiento del Acuerdo de París. Además, recordó experiencias implementadas en países como Vietnam, India y Honduras para optimizar la gestión de residuos.

La perspectiva regional fue complementada por María José García, directora ejecutiva de la Asociación de Cemento de América Latina (CEM), quien intervino de manera virtual.

La ejecutiva señaló que más de la mitad de las emisiones de América Latina están relacionadas con el uso del suelo y el manejo de residuos, por lo que incrementar el coprocesamiento será uno de los pasos necesarios para avanzar hacia la carbono neutralidad. Actualmente, explicó, la tasa promedio de sustitución de combustibles alternativos en la región bordea el 12 %, mientras que la meta es alcanzar niveles de entre 40 % y 50 %.

Otavalo demuestra que el modelo ya funciona​


Uno de los casos presentados durante el encuentro fue el desarrollado en Otavalo.

Xavier Guerra, jefe de Ecología Industrial de UNACEM Ecuador, explicó que el proyecto comenzó con la caracterización de los residuos del cantón y la actualización de la normativa municipal para permitir su valorización energética.

Como resultado, actualmente existe un suministro continuo de Combustible Derivado de Residuos (CDR) hacia los hornos de UNACEM Ecuador, lo que ha permitido extender la vida útil del relleno sanitario, disminuir costos de operación para el municipio y reducir futuras inversiones en disposición final.

El proyecto incorporó además un componente social mediante la recolección diferenciada de residuos textiles provenientes de talleres de confección de Otavalo. Aquellos materiales que no podían transformarse en combustible fueron entregados a fundaciones para generar recursos destinados a grupos vulnerables.

Guerra explicó que el proceso se desarrolla bajo estrictos controles ambientales. Los hornos alcanzan temperaturas superiores a los 1.450 °C, mientras que los gases de combustión llegan a aproximadamente 2.000 °C, condiciones que garantizan el aprovechamiento seguro de los residuos sin afectar la calidad del cemento.

Quito busca transformar su gestión de residuos


El panorama de la capital fue presentado por Santiago Andrade, gerente de EMGIRS EP, quien expuso la magnitud del desafío que enfrenta la ciudad.

Quito genera alrededor de 2.200 toneladas diarias de residuos, de las cuales el 52 % corresponde a materia orgánica, además de aproximadamente 1,5 millones de metros cúbicos de escombros al año.

Como parte de la estrategia municipal, el relleno sanitario de El Inga ya produce 9 megavatios de energía mediante la captación de metano, suficientes para abastecer a cerca de 40.000 hogares. Paralelamente, la ciudad amplía los Centros de Educación y Gestión Ambiental (CEGA), fortalece los programas de compostaje y avanza en el diseño de un complejo ambiental que incorporará plantas de separación, compostaje, biometanización y producción de Combustible Derivado de Residuos.

Andrade destacó que el éxito de estos proyectos dependerá de una coordinación permanente entre autoridades, industria, recicladores y ciudadanía.

“Siempre se le echa la culpa al ciudadano por no reciclar, pero si no les damos la infraestructura, las reglas claras y no acercamos el servicio, es imposible. Somos las autoridades quienes tenemos la primera responsabilidad”.

Una alianza para impulsar ciudades más sostenibles​


La jornada concluyó con un mensaje compartido entre los participantes: avanzar hacia ciudades con menores emisiones requiere combinar innovación tecnológica, estabilidad institucional y cooperación entre el sector público y el privado.

Con la Alianza por las Ciudades, los impulsores del proyecto buscan generar evidencia técnica que permita diseñar nuevas políticas públicas, fortalecer la economía circular y replicar este modelo en otras ciudades de Ecuador y América Latina, aprovechando residuos que antes eran considerados un problema para convertirlos en parte de la solución frente al cambio climático.

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