Dos guerras por error y una diplomacia desesperada

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Manuel Bermúdez

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La cumbre del G7, grupo de países muy industrializados (EE. UU., Canadá, Reino Unido, Francia, Italia, Alemania y Japón), celebrada esta semana en Evian, Francia, fue precedida por el anuncio de un memorando de entendimiento alcanzado entre EE. UU. e Irán, lo cual supondría un fin a las hostilidades en el Oriente Medio.

Por su parte, los líderes europeos acudieron a solicitar un incremento del apoyo a Ucrania y la presión contra Rusia en una guerra que ya dura casi cuatro años y medio, pero que ellos quisieran prolongar hasta donde sea posible.

A la cita asistieron también jefes de Estado miembros del grupo BRICS, como Brasil, India, Emiratos Árabes Unidos y Egipto, así como Corea del Sur.

En el proceso de reacomodo global que vive el planeta, la vía diplomática parece débil ante las acciones y pretensiones de facto y armadas. La turbulencia no deja de sacudir el orden mundial.

“Creemos que la guerra en Ucrania, una guerra devastadora, no tiene solución militar, solo puede resolverse por la vía diplomática, y ha sido infructuosa”, Marco Rubio, secretario de Estado de EE. UU.

Medio Oriente

Los delirios belicistas del primer ministro de Israel, Benjamin Netanyahu, por intentar dominar Oriente Medio han desatado una masacre en la región. El gobierno de Donald Trump cometió el error, el 28 de febrero, de pasar del apoyo logístico a la complicidad activa y juntos lanzaron un bombardeo tremendo contra Irán con el objetivo de derrocar su Gobierno y someter a la nación persa.

Irán no solo sobrevivió al masivo bombardeo que recibió y al asesinato de su máximo líder, el ayatolá Alí Jamenei, junto con su familia, sino que reaccionó con un sorpresivo ataque a las bases norteamericanas y de reabastecimiento en los territorios de sus aliados en el golfo Pérsico, lo que dificultó el reacondicionamiento para nuevos ataques inmediatos y para un eventual ejercicio de ocupación territorial. Militarmente, una respuesta tan brillante como inesperada.

Teherán tomó además control del estrecho de Ormuz, lo cual generó una crisis económica de repercusión global, al disparar los precios de los combustibles y los fertilizantes.

Los objetivos de los invasores no se cumplieron y el simple hecho de resistir se convirtió en un signo de victoria para los iraníes.

Tras más de 100 días de bravuconadas y de amenazar con reducir toda una civilización a escombros, Donald Trump comprendió que estaba en un atolladero, que estratégicamente había perdido y que necesitaba una salida negociada urgentemente.

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El presidente de EE. UU., Donald Trump, intenta hacer pasar como triunfo su garrafal error inducido por Israel.

Esta semana se difundió con entusiasmo la tregua alcanzada entre Irán y EE. UU. a partir de un memorando que se discutirá en los próximos 60 días para intentar alcanzar un acuerdo de paz.

Pero no todo termina ahí, el instigador y principal causa del problema persiste. Israel considera que lo pactado en el memorando de entendimiento perjudica sus intereses.

Un logro inesperado para los países de Oriente Medio, pero de muy importantes implicaciones, es ese distanciamiento entre el Gobierno de Israel y su tradicional padrino y sostén, la Casa Blanca, que se hizo público esta semana cuando, una vez más, Tel Aviv intentó boicotear el acuerdo con Irán.

“Es un tipo muy difícil”, dijo Trump sobre el primer ministro israelí, “y para ser honesto contigo, debería estar muy agradecido con nosotros por hacer esto. Porque si Irán tuviera un arma nuclear, Israel no estaría por aquí durante dos horas”, aseguró en entrevista con el New York Times (NYT).

La pugna con el primer ministro de Israel puede costarle al presidente Trump un alto precio político, a menos que el mismo Netanyahu sufra un revés en las elecciones israelíes de octubre.

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Tal para cual. La pugna con el primer ministro de Israel, Benjamin Netanyahu, puede costarle al presidente Trump un alto precio político, a menos que el mismo Netanyahu sufra un revés en las elecciones israelíes de octubre.

La otra guerra

La guerra en Ucrania, que alcanza casi cuatro años y medio, ha sido el laboratorio donde se aplicaron nuevas tecnologías y se transformó la guerra moderna. Pero, a diferencia de Irán, donde resistir se convirtió en triunfo, en Ucrania la resistencia parece ser la opción europea para ganar tiempo mientras se arman lo suficiente para enfrentar directamente a Rusia.

No obstante, el reloj no parece correr a favor de los europeos. Los conflictos a lo interno de la administración del bloque se agudizan, los líderes enfrentan debilidades importantes en sus gobiernos, las economías se deterioran de manera sostenida y el rezago político es cada día más pronunciado.

El presidente estadounidense aseguró este martes en Francia que podría restablecer “pronto” las sanciones al petróleo ruso, después que los líderes del G7 acordaran aumentar la presión sobre Moscú para poner fin a la guerra en Ucrania.

Por su parte, el presidente ucraniano, Volodimir Zelensky, quien también acudió a la cumbre en busca de apoyo, dijo que es “muy importante” que las próximas negociaciones con Rusia, mediadas por Estados Unidos, se celebren antes del invierno, según informó la agencia Xinhua.

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La presión sobre Putin para que aumente la fuerza en sus ataques a Ucrania es uno de los mayores desafíos actuales del mandatario ruso.

La batalla de Ucrania

Durante meses, antes del invierno recién pasado, el frente de batalla se mantuvo con poco movimiento. Algunas conversaciones, con mediadores de EE. UU., se sostenían. El punto principal de discordia era el no reconocimiento por parte de Ucrania de la pérdida de territorios que pasaron a formar parte de la Federación Rusa: Crimea en 2014 y Jersón, Zaporiyia, Lugansk y Donetsk en setiembre 2022 y el compromiso de que Ucrania no se sumaría a la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN). Este último fue el que dio origen al conflicto.

Pese a ser lento, el avance ruso no cesaba. El presidente Trump había advertido a Kiev que lo mejor era negociar pronto o terminaría perdiendo aún más territorios.

No obstante, al igual que lo ha hecho en otros momentos, el ejército ucraniano optó por operaciones irregulares mediante acciones terroristas, con objetivos civiles y uso de drones para atacar a lo interno del territorio ruso.

Luego, asesorado por la OTAN y los servicios de inteligencia occidentales, Zelenski intensificó el uso de drones en gran escala hacia parte de los territorios ocupados por Rusia.

En respuesta y como un ejercicio de fuerza para obligar a acelerar la negociación, Rusia atacó infraestructura energética y convirtió el invierno en Ucrania en una pesadilla para sus habitantes.

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“La situación está cambiando para Ucrania. El panorama en 2026 es muy diferente al de 2025. Ucrania defiende valientemente la línea del frente. El cansancio de Rusia es evidente. Es el momento de redoblar nuestro apoyo”, dijo a través de X la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen.

Nuevos intentos de conversaciones llegaron al mismo punto muerto: Kiev y sus patrocinadores europeos no podían reconocer una derrota en el frente de guerra y optaron por operaciones híbridas con drones. En esas condiciones, la guerra se podría extender de manera casi indefinida, y eso fue lo que ocurrió.

En semanas recientes, en la Unión Europea (UE) se exacerbó aún más el discurso de la amenaza rusa. Alemania aprobó un incremento descomunal de gasto militar, Francia habló de sus escudo nuclear. El tema de una situación bélica inminente buscaba justificar el préstamo de 90.000 millones de euros a Ucrania, que finalmente se pudo aprobar tras la derrota de Víctor Orbán en Hungría, quien se había opuesto durante meses.

Rusia también endureció el discurso y empezó a hablar públicamente de la posibilidad de enfrentar directamente a la OTAN si Ucrania continuaba utilizando territorio de alguno de sus miembros para lanzar drones en su contra.

Giro inesperado

La estrategia era argumentar un ataque ruso a algún miembro de la OTAN, invocar el artículo 5 de los estatutos de la alianza y tratar de que Washington volviera a marchar conjuntamente en la batalla contra Rusia. Pero vino el ataque de Israel y EE. UU. a Irán con insospechadas consecuencias.

Rusia, gran exportador de estos productos, recibió un inesperado beneficio económico.

La OTAN decidió atacar la logística de exportación rusa, tanto capturando buques de la denominada flota fantasma, es decir, que no tiene bandera rusa para que transporten su petróleo, como bombardeando las instalaciones energéticas en el mar Báltico y en el suroeste de Rusia, supuestamente desde Ucrania.

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En un ejercicio de recomposición política, el ministro de Asuntos Exteriores, Abbas Araghchi, y el presidente del Parlamento, Mohammad Bagher Ghalibaf, encabezan la comisión iraní en la nueva etapa de negociaciones con EE. UU.

La ambigüedad de EE. UU.

“Creemos que la guerra en Ucrania, una guerra devastadora, no tiene solución militar, solo puede resolverse por la vía diplomática, y ha sido infructuosa”, declaró el secretario de Estado Marco Rubio al Comité de Asuntos Exteriores de la Cámara de Representantes hace dos semanas.

El funcionario disintió de la estrategia de la OTAN. “El riesgo de una escalada es real, más real que hace dos años”, dijo luego ante el Comité de Asignaciones del Senado.

Por otra parte, para los líderes occidentales, mantener activa la confrontación busca socavar el control de Putin, quien ya ha recibido fuertes críticas en el seno de su gobierno porque el conflicto se ha extendido demasiado. Pero esto puede ser jugar con fuego, puesto que los críticos de Putin lo que piden es una escalada inmediata y poner fin al conflicto por la fuerza.

En el Kremlin están convencidos de que la confrontación con los actuales líderes europeos va para largo, incluso después de una eventual solución a la guerra en Ucrania. Sin un razonamiento claro, los europeos consideran que la caída de Putin y de Rusia en general es una necesidad existencial para Europa.

Como economía emergente, Rusia ha crecido muy por encima de lo que han logrado las economías europeas en los últimos 30 años. Su enorme extensión territorial le ha permitido disponer de recursos naturales, principalmente energéticos, con una demanda creciente en el mundo. Pese al impacto de las sanciones occidentales desde 2014, el intento de asfixiar su economía mediante el aislamiento no dio resultado.

Parece que los líderes de las potencias occidentales decidieron echar un pulso con Rusia y prolongar la guerra de desgaste con Ucrania es un componente clave.

Pero en la cumbre del G7 esta semana en Francia, un agobiado Volodimir Zelenski insistía en que eso no sería posible sin una importante e inmediata inyección de recursos. Pidió a EE. UU. autorización para fabricar sistemas de defensa Patriot en Ucrania a la vez que insistió en que una negociación con Rusia debe darse antes del próximo invierno y reconoció que el recién pasado había sido muy duro para su país.

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El presidente de Ucrania, Volodimir Zelenski, llegó a la cumbre del G7 con una visión menos optimista que la de sus patrocinadores.

Salir en la foto

Cuando el presidente Trump agradeció a quienes le ayudaron a alcanzar un acuerdo inicial de alto el fuego con Irán, elogió a dos líderes mundiales a quienes ha llamado sus amigos: Xi Jinping de China y Vladimir Putin de Rusia. Los líderes, dijo, habían ayudado a los estadounidenses a sellar el acuerdo con los iraníes, informó NYT.

Los europeos hacen ingentes esfuerzos por intentar salir en la foto y raspar algún protagonismo en el escenario internacional.

Los líderes de Francia, Alemania, Italia y Gran Bretaña acogieron con satisfacción el nuevo acuerdo en un comunicado, según NYT.

“Este es un momento de oportunidad para restaurar la estabilidad regional y estabilizar la economía global”, escribieron. “Ahora es vital que se concluyan las negociaciones detalladas y que este acuerdo se implemente de forma rápida y completa. Estamos listos para apoyar ese esfuerzo”.

Por ahora, parece que el propósito de la diplomacia es proteger la frágil estabilidad, mientras las potencias occidentales ganan tiempo y ejecutan otros experimentos bélicos para intentar prolongar la vida de su decadente hegemonía.


Los biolaboratorios en Ucrania​


A poco de dejar su cargo como directora de Inteligencia Nacional (ODNI), Tulsi Gabbard publicó registros desclasificados que detallan la financiación estadounidense de más de 120 laboratorios biológicos en más de 30 países, argumentando que los documentos validan preocupaciones que antes se descartaban como desinformación, informó la cadena Fox News.

La publicación llega años después de que Gabbard recibiera críticas por expresar preocupaciones sobre los biolaboratorios financiados por Estados Unidos en Ucrania tras la invasión rusa en 2022. Los críticos la acusaron de repetir las narrativas rusas, mientras que los partidarios argumentaban que las preguntas legítimas sobre las actividades y supervisión de los laboratorios estaban siendo descartadas injustamente, agrega la agencia.

Un documento afirma que más de 40 laboratorios en Ucrania recibieron financiación estadounidense y albergaron colecciones de bacterias y virus peligrosos, algunos de ellos que datan de la época soviética. Los registros también muestran que científicos ucranianos recibieron formación financiada por Estados Unidos para trabajar con patógenos peligrosos y participaron en un programa centrado en el manejo de enfermedades especialmente peligrosas.

Los documentos enumeran patógenos estudiados o almacenados dentro de la red de laboratorios, incluyendo ántrax, tuberculosis, peste, virus del Ébola, virus de Marburg, MERS y SARS, apunta el reportaje de Fox.

Según la cadena norteamericana, Gabbard afirmó que los documentos demuestran que al público no se le dio una visión completa de los programas de investigación biológica respaldados por Estados Unidos en el extranjero. Sin embargo, los críticos sostienen que las instalaciones formaban parte de esfuerzos de salud pública y reducción de amenazas de larga duración, diseñados para proteger patógenos peligrosos y prevenir la proliferación biológica, en lugar de operar como programas de armas biológicas.

Los registros recién publicados incluyen diapositivas de la sesión informativa de ODNI que detallan el alcance de la implicación de Estados Unidos en la red de laboratorios de Ucrania.




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