Deslizamientos en Quito ¿Por qué colapsan las laderas cada invierno?

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Gabriela Quiroz

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La congestión en Quito se repite a diario. Esta vez en la vía a Cumbayá, donde los deslizamientos a la altura de Miravalle obligan a cierres parciales y desvíos que afectan a moradores de la zona. En la antigua vía a Nayón, la escena no es distinta: cierres constantes, maquinaria retirando material y vecinos que conviven con la incertidumbre. Detrás de cada cierre hay algo más profundo que la lluvia: un proceso silencioso que empieza mucho antes de que la tierra ceda.

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📊 Quito registra más deslizamientos por lluvias intensas


Entre octubre de 2025 y marzo de 2026, el Distrito Metropolitano de Quito registró 176 movimientos en masa, dentro de un total de 322 emergencias relacionadas con lluvias, según el COE Metropolitano.

El incremento se concentra en 2026:

  • 131 eventos entre enero y marzo
  • aumento del 191% frente al trimestre anterior
  • febrero fue el mes más crítico, con 66 eventos

Este comportamiento está directamente relacionado con las precipitaciones. La estación Cruz Loma registró 775 milímetros acumulados, el nivel más alto en 23 años.

🛣️ Las vías más afectadas por deslizamientos en Quito​


La Epmmop identifica ejes críticos con susceptibilidad a movimientos en masa:

  • Tramos de la avenida Simón Bolívar
  • Avenida Oswaldo Guayasamín
  • Ruta Viva
  • Tramos de la av. Mariscal Sucre

En 2025 se atendieron 3 285 emergencias, de las cuales 548 fueron deslizamientos (16,7%).
En 2026 ya se registran 890 eventos, con 111 deslizamientos (12,5%).

Además, se han retirado:

  • más de 38 mil m³ de material en 2025
  • más de 8 mil m³ en 2026

Según la Epmmop, estos eventos se originan por lluvias intensas, pendientes pronunciadas y suelos inestables, sumados a factores como erosión e intervención humana.

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⚠️ Las señales que alertan antes de un deslizamiento en Quito​


Antes de que una ladera colapse, el terreno suele dar señales visibles que muchas veces pasan desapercibidas. La Dirección Metropolitana de Gestión de Riesgos identifica como principales alertas:

  • grietas en el suelo, especialmente en la parte alta de la ladera
  • hundimientos o deformaciones del terreno
  • filtraciones de agua o aparición de “ojos de agua”
  • inclinación de árboles, postes o muros
  • fisuras en viviendas, pisos levantados o puertas que ya no cierran bien
  • pequeños desprendimientos de tierra o caída de material

La entidad advierte que la combinación de estas señales con lluvias intensas incrementa significativamente la probabilidad de deslizamientos.

🌎 ¿Qué pasa en una ladera antes de colapsar?​


Detrás de esas señales visibles hay un proceso físico que ocurre en el suelo. Primero actúa la erosión: la lluvia y la pérdida de cobertura vegetal desgastan el terreno y lo debilitan. Según Camilo Zapata, director de servicios especializados del Instituto de Investigación Geológico y Energético (IIGE), este proceso fragmenta el suelo y reduce su capacidad de mantenerse estable.

Luego, con lluvias continuas, se produce la saturación. El agua se infiltra, aumenta el peso del terreno y reduce la fricción interna que lo mantiene unido. En ese punto, la ladera pierde resistencia.

“El suelo durante la época lluviosa baja su comportamiento mecánico y es vulnerable a deslizamientos”, explica el investigador Camilo Zapata.

Cuando esa resistencia ya no es suficiente, ocurre el deslizamiento: una masa de tierra se desplaza ladera abajo por efecto de la gravedad. En algunos casos, ese material se mezcla con agua, rocas y vegetación, generando flujos más peligrosos. En Quito, este proceso es frecuente por la combinación de lluvias intensas, suelos volcánicos y laderas pronunciadas, a lo que se suman factores humanos como la deforestación o la construcción en zonas inestables.

⛰️ Quito: geología, pendientes y expansión urbana


Los deslizamientos responden a dos tipos de factores: condicionantes y desencadenantes. Según Zapata, los condicionantes en Quito son claros: la ciudad está rodeada de laderas volcánicas -como el Pichincha o el Pululagua- y suelos como la cangahua, que pueden ser estables en seco, pero pierden resistencia con la lluvia y en ocasiones están mezclados con otro tipo de materiales volcánicos.

“Durante la época lluviosa el suelo baja su comportamiento mecánico y se vuelve vulnerable a deslizamientos”, explica. A esto se suma la expansión urbana hacia laderas, la deforestación y el cambio de uso del suelo, que dejan al terreno más expuesto a la erosión.

🌧️ La lluvia y el cambio climático activan el riesgo


El factor que detona los deslizamientos son las lluvias intensas. Zapata explica que estas precipitaciones actúan como desencadenantes sobre un terreno ya vulnerable. Además, el cambio climático está alterando los patrones: eventos de lluvia que antes ocurrían cada décadas ahora son más frecuentes. Esto incrementa la presión sobre las laderas urbanizadas y eleva el riesgo en la ciudad.

Flujo de lodo en Santa Clara del Común, norte de Quito, en 2023. Foto: Camilo Zapata

Flujo de lodo en Santa Clara del Común, norte de Quito, en 2023. Foto: Camilo Zapata

🏗️ Crecimiento urbano, fallas estructurales y deuda institucional


Para Cristopher Velasco, presidente de la Asociación de Profesionales de Gestión de Riesgos del Ecuador, el problema de los deslizamientos en Quito no se explica solo por la geografía o la lluvia, sino por cómo se ha ocupado el territorio en las últimas décadas.

La expansión urbana hacia laderas, la construcción en bordes de quebradas y la alteración de ecosistemas -como la deforestación o el embaulamiento de ríos- han reducido la capacidad natural del suelo para mantenerse estable. A esto se suma a prácticas extendidas de construcción sin criterios técnicos.
“Estamos construyendo en zonas donde no se respetan las condiciones del suelo ni las distancias mínimas, por ejemplo en quebradas”, advierte.

Velasco también apunta a un problema más profundo: la falta de control efectivo del uso del suelo.
Mientras la ciudad sigue expandiéndose hacia zonas de riesgo, la capacidad institucional para regular ese crecimiento es limitada. “Mientras intentamos controlar un sitio, en otro la ciudad sigue creciendo”.

Además, considera que la gestión de riesgos en Quito está subordinada a la seguridad ciudadana y no integrada plenamente con el enfoque de cambio climático, lo que limita una respuesta estructural.

📡 Cómo se monitorean las zonas de riesgo en Quito


El monitoreo de laderas en Quito se realiza de forma interinstitucional. Participan Dirección Metropolitana de Gestión de Riesgos, Secretaría de Seguridad, Epmmop, Epmaps, administraciones zonales y el Instituto Geológico, cada uno con competencias específicas en evaluación, infraestructura y control territorial.

Este sistema combina herramientas técnicas -como pluviómetros, drones, inspecciones y sistemas de alerta temprana- con vigilancia en territorio. También incluye participación comunitaria, como en el sector El Tejado, donde se han implementado procesos de capacitación y alerta ante posibles emergencias.

📈 Una tendencia que crece con la expansión urbana


El aumento de deslizamientos no es reciente ni aislado. El Instituto de Investigación Geológico y Energético, en colaboración con la USFQ y la Escuela Politécnica Nacional (EPN), desarró una base de datos de eventos morfoclimáticos en Quito desde 1900 hasta 2020.

Este registro -que incluye deslizamientos, inundaciones, subsidencias y flujos de lodo- muestra un patrón claro: los eventos han crecido a medida que la ciudad se ha expandido. Estos fenómenos antes se concentraban en el centro histórico, cuando la ciudad era más compacta. Pero con la expansión hacia laderas, valles y zonas periféricas, los eventos también se han desplazado y multiplicado.

La base de datos, construida con estándares de ciencia de datos y publicada en repositorios académicos internacionales, permite evidenciar esa correlación entre crecimiento urbano y aumento de riesgos. En otras palabras: a medida que Quito ocupa más laderas, también aumenta su exposición a deslizamientos.

🧭 Un riesgo que no es nuevo, pero sí más frecuente


Cada cierre vial en Quito es solo la señal visible de un problema que avanza con el tiempo. La tierra no colapsa de un momento a otro. Se debilita con cada lluvia, grieta e intervención en el territorio. Y en Quito, que está asentada sobre laderas, entender ese proceso es clave para anticiparse al riesgo.


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