Desempleo juvenil en Costa Rica entre los más altos del mundo

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Maria Nuñez Chacón

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Janice Víquez, es estudiante de publicidad, y aunque ya ha tenido tres empleos distintos en los últimos tres años, hace varios meses que está en búsqueda de trabajo, sin mucha suerte.

“Siento que la situación laboral para las personas jóvenes como yo está algo complicada, he aplicado en muchos procesos, y aunque cumplo los requisitos me han rechazado”, relató a UNIVERSIDAD mientras participaba de una feria de Empleo organizada por el Colegio de Ciencias Económicas de Costa Rica (CCECR).

Precisamente, las barreras de acceso al mercado de las personas jóvenes son cada vez más elevadas y Costa Rica —por desgracia— tiene un nivel de desempleo del 18%, muy arriba del promedio mundial que se ubicó en 2025 en el 12,5%, incluso superior a la media del 11,9% de América Latina y el Caribe, al 15% de Europa o al 11,2% de los países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE).

En términos de promedio del desempleo juvenil, Costa Rica solo es superada por los países árabes que tienen un indicador del 26,2% y el norte de África que llega al 22,6%, según datos del informe “Tendencias mundiales del empleo juvenil 2026” de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) dado a conocer el pasado 11 de agosto, en el marco del Día Mundial de la Juventud.

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“El país debe avanzar en una política de empleabilidad para las personas, porque actualmente no existe”. Luis Vargas economista del Colegio de Ciencias Económicas de Costa Rica.

De hecho, la tasa mundial de desempleo juvenil aumentó hasta el 12,4% para el 2025 lo que equivale a 67 millones de personas desempleadas de entre 15 y 24 años, y la investigación de la OIT revela que algunos de los incrementos más pronunciados del desempleo juvenil se registraron en las economías de ingresos más altos, frustrando las aspiraciones de millones de jóvenes al comienzo de su vida laboral.

“Una generación que no puede encontrar un trabajo decente no puede construir su futuro con confianza. Cuando los jóvenes quedan excluidos de un empleo de calidad, los países pierden talento, productividad y cohesión social. Crear empleos decentes para los jóvenes no es solo un imperativo social; es una de las inversiones más inteligentes que un país puede hacer”, afirmó Gilbert F. Houngbo, director general de la OIT.

Por su parte, el Colegio de Ciencias Económicas realizó un análisis de la situación económica de la juventud costarricense y su condición en el mercado de trabajo, y los datos evidencian que aún quedan muchas brechas para los jóvenes, no sólo en desempleo, sino en los otros indicadores laborales.

Luis Vargas, economista del CCECR comentó que mientras el desempleo de la juventud está en el 18% es tres veces superior al 6% del resto de personas en otros grupos de edad, y la tasa de ocupación laboral es del 29%, significativamente por debajo del 54% de las personas que tienen otras edades.

“A esto se suma que las personas jóvenes trabajan jornadas más extensas y perciben un salario promedio por hora 24% menor al de los demás grupos. Además, la Encuesta Continua de Empleo (ECE) del Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (INEC) evidenció que, al primer trimestre del 2026, solo 36 de cada 100 jóvenes participan en el mercado laboral”, indicó el experto.

Estas cifras muestran un panorama determinante, hay un alto grado de exclusión de la juventud costarricense y unas condiciones de trabajo desventajosas, que han generado consecuencias económicas que el país no debería pasar por alto.

Por ejemplo, un 55% de los jóvenes que trabajan se ven obligados a aceptar trabajos con remuneraciones inferiores al salario mínimo, un dato que es del 41% en los otros grupos de población.

Adicionalmente, la pobreza juvenil alcanza un 17%, lo que representa tres puntos porcentuales más que la de los demás grupos etarios, problemáticas que los convierte en caldo de cultivo para el crimen organizado, poniendo en alto riesgo sus vidas.

Y más allá de las suposiciones, las cifras hablan sobre esta realidad, ya que el Observatorio de la Violencia del Poder Judicial registra que una cuarta parte de las víctimas de homicidios dolosos son hombres entre los 15 y 24 años.

El asunto, agregó Vargas, es que el país no está generando suficientes oportunidades de empleos para las personas jóvenes, por ejemplo, en zonas rurales muchos no adquirieron las habilidades para responder a la oferta laboral, vinculada con el agro o el comercio, que son los sectores de mayor dinamismo, pero tampoco se logra impulsar nuevas fuentes de empleo en estas áreas geográficas.

Además, según el informe de OIT, la desaparición de muchos empleos de cualificación intermedia está dificultando que los jóvenes encuentren trayectorias profesionales estables, dado que los empleos que tradicionalmente han servido como puerta de entrada al mercado laboral para este grupo etario —puestos administrativos y de oficina, ocupaciones en servicios y ventas, empleos relacionados con manufactura y algunas ocupaciones técnicas— están disminuyendo.

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En el marco del Día Mundial de la Juventud, el Colegio de Ciencias Económicas de Costa Rica realizó
una feria de empleo, donde asistieron 1.250 personas en busca de una oportunidad laboral. (Foto: María José Núñez)

Ninis un fenómeno de exclusión

La desmotivación por no conseguir un trabajo o la expulsión de los sistemas se ha convertido en una problemática difícil de revertir, engrosando la proporción mundial de jóvenes que ni estudian, ni trabajan, ni reciben ningún tipo de formación (ninis), la cual pasó del 19,7% en el año 2023 al 20% para el 2025, alertó a OIT. Estos datos elevan el número de “ninis” a nivel global en 9 millones, situando la cifra total en 257 millones.

Costa Rica no está exenta de este flagelo, y el Colegio de Ciencias Económicas detalló que actualmente hay un 21% de la población entre 15 a 24 años que entran en la categoría de ninis.

De éstos, los jóvenes en edad de trabajar tienen una ventaja comparativa con los hombres, porque los ninis representan el 18,15%, mientras que en el caso de las mujeres esa cifra asciende al 25,14%.

Si se compara con el dato de los países de OCDE, los ninis en Costa Rica triplican la estadística de estas naciones, donde el promedio ronda el 11%, por lo que al ponerlo en perspectiva es una situación de desventaja.

Brecha es mayor para mujeres

Y cuando se vuelve la mirada a los datos por género, la evidencia es aún más desigual. Las estadísticas nacionales analizadas por el CCECR muestran que la tasa de participación en el mercado laboral de los jóvenes de 15 a 24 años es de 35,91% y en el resto de las personas de 25 años o más es del 57,45%. Aquí los hombres jóvenes se ubican en el 42,71% y las mujeres en el 26,92%, la diferencia es de 15,79 puntos porcentajes.

Algo similar sucede con la tasa de ocupación, que para esta población es del 29,36% y del resto es del 54,12%, siendo que la juventud masculina ocupa el 35,41% y las mujeres el 21,34%, para una diferencia de 14,08 puntos porcentuales.

“Las mujeres jóvenes tienen condiciones aún más difíciles para insertarse en el mercado laboral, y diversos estudios nos muestran que se debe a una presión extra, que es la carga del hogar, esa carga cultural donde las mujeres tienen que encargarse (según la sociedad) del cuido de padres, abuelos y niños. La presión es aún más alta para este sector poblacional”, explicó el especialista.

En términos de desempleo, la brecha de género también está generando una mayor exclusión para las mujeres, dado que, si el promedio nacional de los jóvenes de entre 15 y 24 años es del 18%, el de los hombres alcanza el 17,08% y el de las mujeres el 20,73%.

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¿Cómo cambiar este rumbo?

Para Vargas, lo esencial es que el país avance en una política de empleabilidad, algo que, aseguró, no existe actualmente, pese a las insistentes recomendaciones y advertencias que el órgano colegiado ha realizado en diversas oportunidades.

“Definitivamente yo empezaría por una política para la empleabilidad de las personas jóvenes, hay que sentarse a la mesa y establecer acciones, pero también es necesario reforzar la inserción de los jóvenes en la educación dual, un proyecto que no caminó nunca”.

Otra gran política que resulta clave y que se ha dejado de lado son las redes de cuido, porque en la actualidad el país tiene una enorme deuda en este sentido, además de garantizar un Instituto Nacional de Aprendizaje (INA) que realmente dé respuesta a las necesidades de esta población, la cual, aunque cuenta con contenido presupuestario, se ha quedado rezagado en la gestión institucional.

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