N
Nilia Viscardi
Guest
Una mañana cualquiera de hace cincuenta años, una maestra pide silencio. Los bancos están alineados. Un niño gira para hablar con su compañero. La corrección llega de inmediato: una mirada, una orden seca, un castigo. Nadie pregunta cómo se siente. Lo importante es que obedezca. La escuela de entonces desconfiaba del cuerpo. Había que domesticarlo.
Medio siglo después, la escena es otra. En un ...
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