Del bulo de Messi a cómo nos informamos

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Carolina Castillo

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Algo cambió en la manera en que el mundo se entera de lo que ocurre.

El Reuters Institute Digital News Report 2026 —su decimoquinta edición, elaborada por la encuestadora YouGov con casi 100 000 personas en 48 países entre enero y febrero de este año— confirma un punto de quiebre: por primera vez, las redes sociales y las plataformas de video (54%) encabezan las fuentes de noticias, por delante de la televisión (52%) y de los sitios propios de los medios (51%).

La ventaja sobre la televisión es estrecha —apenas dos puntos, que el propio informe pide leer con cautela—, pero la tendencia de la última década es inequívoca: la TV baja y las plataformas no.

No es un dato suelto. El 77% de la gente ve video de noticias cada semana y, en 45 de los 48 mercados, ya se consume más video informativo en línea que televisión tradicional. En esa migración asoma un protagonista nuevo: los creadores de contenido.

Casi la mitad de los encuestados (46%) recibe noticias de algún creador, y uno de cada cuatro (27%) las obtiene de influencers que informan sin ser periodistas. El público los siente más cercanos y fáciles de entender, pero también los califica como menos confiables y menos imparciales.

El fenómeno tiene rostro propio en Ecuador. En el TikTok ecuatoriano proliferan cuentas que relatan la noticia del día sin ser periodistas y que, en episodios virales, llegan a igualar o superar el alcance de medios tradiconales.

El asunto no es que existan: es qué ocurre cuando un hecho exige rigor. El caso de Nathaly Mafla, la estudiante de la Politécnica Nacional hallada sin vida en La Vicentina el 9 de junio, circuló durante días en versiones cruzadas de creadores antes de cualquier confirmación oficial.

Y el 18 de junio, en plena fiebre mundialista, la conductora Florencia Peña anunció en vivo, en el streaming argentino Luzu TV, la falsa muerte de Jorge Messi, padre de Lionel. El bulo se viralizó, la familia lo desmintió y ella renunció entre lágrimas. Dos episodios, una misma enseñanza: sin verificación, contrastación y contextualización, la velocidad se vuelve daño.

El informe agrega señales que conviene leer juntas. La confianza en las noticias cayó a su nivel más bajo desde 2015 (37%) y la preocupación por la desinformación subió a 62%. Entre los menores de 35 años, el uso de chatbots de inteligencia artificial para informarse llegó al 16%, y más de la mitad de los jóvenes de 18 a 24 ya tiene en las redes y la IA su fuente principal. El interés general por las noticias bajó 13 puntos desde 2021.

Y, sin embargo, el mismo estudio desarma el lamento fácil: el 45% sigue prefiriendo noticias que no toman partido, más del doble de quienes buscan que les den la razón.

La gente no abandonó el periodismo; abandonó cierta forma de practicarlo. El reto para medios como EL COMERCIO no es gritar más fuerte que nadie, sino ofrecer lo que el algoritmo no regala: el dato comprobado, el contexto que ordena y la firma que responde por lo que publica.

Informarse seguirá siendo un acto cotidiano. Hacerlo bien, una decisión.

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