M
Manuel Bermúdez
Guest
La guerra, ese cataclismo producido por el ser humano y, por tanto, evitable, golpea a la puerta de la sensatez que lo contenía hoy debilitada por la vulneración del derecho, la ética y el sentido humano.
La guerra, tantas veces disfrazada de heroísmo, nobleza y valor, no es más que una maquinaria de destrucción, dolor y muerte, nunca justificada, pero a veces recurrida cuando su ausencia puede significar un mal mayor.
Este altar de la violencia humana, de dimensiones tribales, nacionales o mundiales a lo largo de la historia, debe ser el antagonista y no el motivo de la política. Hoy, un devenir histórico, cual es la pérdida de la hegemonía de las potencias occidentales, ha provocado que los líderes de esas potencias contemplen, de manera irresponsable, la opción de generar una guerra mundial para intentar sostener esa hegemonía.
El único argumento de mayor peso en estas condiciones es el de la amenaza económica, el del crecimiento de las potencias emergentes. Es decir, los argumentos religiosos, ideológicos, incluso de apropiación de recursos por medio de la conquista territorial, son suficientemente persuasivos para involucrar a los países en guerras. Ahora se utiliza el de la amenaza y el miedo, pero más bien como justificación que como argumento bélico.
Rusia podría tener que enfrentar una guerra muy difícil con los países europeos de la alianza atlántica, pero cada vez es más claro que se trata de una amenaza existencial.
La guerra inminente
El recurso de la guerra para sostenerse en el poder es un truco largamente conocido, algunas de sus ventajas son: se exalta el nacionalismo, se pasa al estado de excepción, se aplica la economía de guerra y se somete a la ciudadanía mediante el miedo.
En la actualidad, basta mirar las noticias para percatarse de que la guerra es el elemento cohesionador de la Unión Europea y de las potencias occidentales a las que la crisis ha arrastrado a la división e incluso a la confrontación.
El presidente francés, Emmanuel Macron, reunió este lunes en París a los 37 países de la Coalición de Voluntarios para reforzar el apoyo militar a Ucrania, especialmente en defensa antiaérea.
Rasgos simbólicos de la cita son: que la convocó en Los Inválidos, un edificio militar histórico que alberga la tumba de Napoleón; además, en su última celebración de la fiesta patria francesa en su calidad de presidente, Macron quiso dedicar el desfile militar a Ucrania y sus aliados de guerra. “Europa está en vías de convertirse en una potencia”, dijo.
“Sí, la paz es nuestro objetivo. Sí, valoramos la libertad y el Estado de derecho. Y sí, estamos dispuestos a luchar para defenderlos. Siempre, y con sangre si hace falta”, afirmó en su tradicional y último discurso a las Fuerzas Armadas.
Fueron casi 6.700 soldados a pie, 98 aviones, 31 helicópteros y 315 vehículos. Nunca tantos militares habían desfilado entre el Arco de Triunfo y la plaza de la Concordia con motivo de la fiesta nacional, que conmemora la toma de la prisión de la Bastilla en 1789, al inicio de la Revolución Francesa, informó la Agencia France-Presse (AFP).
Emmanuel Macron quiso resaltar el poderío militar de Francia tras diez años de presidencia, durante los cuales el presupuesto de defensa se ha duplicado, agrega la agencia.
En una Tercera Guerra Mundial, Europa sería nuevamente el territorio sacrificado, pero esta vez es muy posible que no sobreviva.
La OTAN el brazo armado
Aunque la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) debió disolverse al perder su razón de ser en la década de 1990 con la caída de la del comunismo en Europa y la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS), la alianza, concebida en 1949 como instrumento de defensa mutua frente a un triunfante y antagónico campo socialista, mutó en brazo armado de la hegemonía global occidental.
La organización militar que se mantuvo como fuerza disuasoria y estrictamente defensiva, durante casi medio siglo de Guerra Fría, llevó a cabo sus primeras acciones ofensivas precisamente tras la caída y disolución de su adversario.
Durante la administración estadounidense de George Bush (1989-1992), como parte de los acuerdos para la reunificación de Alemania, EE. UU. y otros miembros de la OTAN se comprometieron en que la alianza no crecería hacia el este, para que no fuera vista como una amenaza para las repúblicas soviéticas y otros países del declinante campo socialista.
“Y sí, estamos dispuestos a luchar para defenderlos. Siempre, y con sangre si hace falta”, Emmanuel Macron, presidente de Francia.
Pero, al mismo tiempo, se realizó la guerra del Golfo (1990-1991) y las primeras operaciones militares de la OTAN fueron en este contexto, desplegando fuerzas navales y aéreas para defender a Turquía de un posible ataque iraquí; se llamaron Operaciones “Anchor Guard” y “Ace Guard”.
Y no solo eso, sino que creció en más del doble de sus miembros originales.
No obstante, su primera gran campaña de bombardeos fue la Operación “Deny Flight” (1993-1995) y, posteriormente, la Operación “Deliberate Force” en 1995, que se darían en la guerra de los Balcanes, en la antigua república socialista de Yugoslavia, ya con el presidente Bill Clinton en la Casa Blanca.
El presidente ucraniano Volodimir Zelenski ha convertido a Ucrania en una base de facto de la OTAN contra Rusia.
Irrespeto al derecho internacional
En la guerra de Kosovo (1998-1999), la OTAN lanzó la Operación “Fuerza Aliada” (Operation Allied Force), una campaña de bombardeos de 78 días contra la ciudad de Belgrado, que se realizó sin la autorización del Consejo de Seguridad de la Organización de las Naciones Unidas (ONU).
La campaña de bombardeos contra objetivos serbios en Serbia, Montenegro —entonces aún parte de la República Federal de Yugoslavia— y el propio Kosovo, se prolongó durante dos meses y medio. Las fuerzas yugoslavas sufrieron más de 1.300 bajas, pero la OTAN no logró que dejaran de combatir en Kosovo; además, según Human Rights Watch, entre 489 y 528 civiles perdieron la vida en los ataques aéreos.
La OTAN se estrenó como una fuerza militar agresiva con una acción militar en contra del derecho internacional y perpetrando crímenes de guerra, según la misma ONU.
Al paso de los años de la guerra en Ucrania y ante el hostigamiento sostenido de la OTAN, Vladimir Putin se ha revelado como la tendencia moderada rusa, pero cada día Moscú se ve obligada a volar por los aires la cabeza de playa en que se ha convertido Ucrania en la confrontación de la OTAN con Rusia.
Invocar al artículo 5
Tras los atentados del 11 de septiembre de 2001, Estados Unidos invocó por primera y única vez el Artículo 5 del Tratado de la OTAN, que considera un ataque a un miembro como un ataque a todos, de manera que la organización se involucró en el ataque y la guerra contra Afganistán. A partir de 2003 asumió el mando de la Fuerza Internacional de Asistencia para la Seguridad (ISAF, por sus siglas en inglés), la coalición creada por Naciones Unidas.
Luego, la Operación “Active Endeavour” (2001-2016) fue una operación naval antiterrorista en el Mediterráneo, diseñada para disuadir y detectar actividades terroristas. Pero, en 2011, la OTAN llevó a cabo la Operación “Unified Protector” para hacer cumplir la resolución 1973 de la ONU, que autorizaba una zona de exclusión aérea y la protección de civiles, mediante una serie de bombardeo culminó con la derrota y asesinato del presidente Muamar Gadafi. La Alianza asumió el mando de las operaciones militares en ese país del 31 de marzo a octubre de 2011.
En 2021, derrotada en Afganistán tras 20 años de una costosa guerra contra los talibanes, los ejércitos de la alianza salían en vergonzosa retirada. Pero su nuevo escenario de acción ya estaba definido.
La expresa hostilidad del presidente de EE. UU., Donald Trump, hacia sus socios de la OTAN, se manifestó una vez más en la cumbre realizada la semana pasada en Ankara, Turquía, cuando amenazó incluso con abandonar la alianza, mientras preparaba una nueva escalada en la guerra contra Irán.
Una guerra proxi y laboratorio
El modelo debía cambiar, la estrategia debía consistir en una guerra híbrida, de desgaste, que desembocara con el sometimiento de los dos países más grandes de Europa: Rusia y Ucrania.
Una guerra que inició con el golpe de Estado de 2014 perpetrado por el grupo de extrema derecha Sector Derecha, con el respaldo manifiesto de EE. UU. En la regiones del sureste de Ucrania, con una importante, y en muchos casos mayoritaria, población de origen ruso, no quisieron aceptar el golpe de Estado en Kiev ejecutado por los nacionalista de extrema derecha.
En 2014, el gobierno local de Crimea no reconoció al gobierno golpista y convocó un referendo cuyo resultado fue adherirse a la Federación Rusa, separándose de Ucrania, a la que pertenecía desde 1954, cuando la URSS se la cedió como una estrategia frente a Europa Occidental.
Por su parte los oblast de Donetsk y Lugansk, en el Donbás, al sureste de Ucrania y en la frontera con Rusia, tampoco aceptaron el nuevo gobierno golpista.
Así inició una guerra civil en esa región, donde los grupos de extrema derecha, armados y apoyados por EE. UU. y la OTAN, en el denominado Batallón Azov buscaban eliminar a la resistencia autonomista apoyada por los rusos.
Valga aclarar que la mayoría de la población en esa parte de Ucrania eran rusos. Por ejemplo, en 1945, la población de la península de Crimea era de 42 mil habitantes, y cuando se trasladó a Ucrania en 1954, era de casi un millón, en un 70% rusos que habían migrado.
En 2021, el nuevo presidente de Ucrania no Volodimir Zelenski anunció que pediría el ingreso formalmente a la OTAN, a lo cual los miembros de la alianza manifestaron su respaldo.
En noviembre 2021, el Kremlin denunció que eso no solo era una violación de los acuerdos de Minsk II que buscaban poner fin al conflicto, sino que sería una amenaza intolerable para la seguridad e integridad territorial rusa, a lo que ni el gobierno de Kiev, ni los de los países de la OTAN se dieron por enterados.
En febrero de 2022, tras ocho años de guerra en el Donbás, las tropas rusas invadieron Ucrania, rodearon Kiev como una medida de presión disuasoria y pidieron que se respetaran los acuerdos de Minsk II para poner fin al conflicto.
Moscú ni siquiera lo llamó guerra, sino “operación militar especial”, porque tenía objetivos controlados y puntuales.
El frente de guerra
Pero rápidamente y tras intentos de negociación que fueron boicoteados por los Gobiernos occidentales, la confrontación pasó de un conflicto localizado a una guerra entre la alianza atlántica y Rusia.
A lo largo de cuatro años, Ucrania se ha convertido en el frente de guerra de la OTAN contra Rusia.
Mientras los objetivos rusos se cumplían y Ucrania perdía casi el 20% de su territorio en el frente de batalla en el Donbás, la guerra se convirtió en un laboratorio de nuevas armas y formas de guerra.
Ucrania ya es, de facto, la base de la OTAN que se quería. Lo que demuestra que la preocupación expresada por Putin era totalmente real, la seguridad territorial rusa se veía amenazada si Ucrania era utilizada como cabeza de playa por Occidente.
La reciente autorización de Trump a Ucrania para que pueda producir misiles Patriot es la prueba constatable de ello.
Las tácticas terroristas y ataques irregulares mediante el uso de drones y misiles de largo alcance fueron tomando protagonismo en las operaciones de Ucrania.
Ya no se trata de un frente de guerra por un territorio, sino de una guerra de desgaste, como las potencias occidentales lo han querido desde el principio.
Putin no quiere caer en la trampa bélica que buscan las potencias occidentales de un nuevo Afganistán en Ucrania, cuando tras una guerra de desgaste de diez años fue el golpe de gracia para el derrumbe de la URSS, pero la OTAN juega con fuego a las puertas del infierno.
Los rusos se han empezado a cansar de la postura estratégica y calculadora de Putin. Han identificado que Europa los ve como enemigos y que la guerra y los ataques terroristas y de hostigamiento continuarán a menos que Ucrania sea reducida y no pueda continuar siendo punta de lanza.
La implicaciones de esa respuesta son insospechadas y el riesgo inminente.
La entrada De jugar con fuego, a las puertas del infierno aparece primero en Semanario Universidad.
Sigue leyendo...