De Carapaz y Narváez a Navas y Rosero, los herederos de asfalto ecuatoriano

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Lorena Arias

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En el vertiginoso mundo del ciclismo ecuatoriano, donde la pasión y la disciplina forjan campeones, dos nombres resuenan con fuerza. Ellos son Nixon Rosero y Kevin Navas.

Estos jóvenes entusiastas, con la mirada fija en el horizonte, no solo persiguen sus propios sueños, sino que también se erigen comeo inspiración para las futuras generaciones, demostrando que el trabajo duro y la constancia son el motor que impulsa cada pedaleada, no solo en el deporte pero en la vida.

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El legado e inspiración de Richard Carapaz y Jonathan Narváez​


La influencia de figuras emblemáticas es un pilar fundamental en la construcción de estos ciclistas. Para Kevin Navas, de 21 años, Jonathan Narváez representa un faro, no solo por su desempeño en la carrera, sino por su calidad humana.

Navas ha tenido la fortuna de compartir entrenamientos y conversaciones con Narváez, absorbiendo valiosos consejos a lo largo del trayecto. “Tengo un referente no solo como ciclista, sino como persona y como un modelo a seguir”, afirma el imbabureño, quien ha aprendido la importancia de “correr inteligentemente, sin presión” y la táctica de “correr en pelotón“.


Por su parte, Nixon Rosero, de 24 años y proveniente del Carchi, encuentra en Richard Carapaz una inspiración inigualable y la encarnación de lo que anhela convertirse. Haber formado parte de la escuela del campeón olímpico y compartir entrenamientos en su natal Playa Alta, le ha brindado una perspectiva única.

“Es increíble tenerle a él pendiente de uno y que le esté dando consejos”, expresa Rosero, destacando la disciplina y la constancia como cualidades que admira de Carapaz y que busca emular para alcanzar sus propios objetivos.

Ambos ciclistas, conscientes del legado que reciben, aspiran a retribuir al ciclismo lo aprendido, convirtiéndose en mentores para los jóvenes que inician su camino.

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“Pedalear siempre”, la filosofía que transforma vidas​


La frase de Jonathan Narváez, “siempre hay que pedalear“, ha calado hondo en Kevin Navas, trascendiendo el ámbito deportivo para convertirse en una filosofía de vida. Esta máxima, que resalta la perseverancia y la resistencia, es un recordatorio constante de que, ante cualquier adversidad, la clave reside en no detenerse.


Él siempre pedalea, siempre, siempre, nunca deja de pedalear y eso es algo que al final y pasa factura y ahí viene trabajo, resistencia, la fatiga que me ha servido mucho y lo estoy aplicando hoy por hoy”, explica el joven estudiante de la carrera de ‘Entrenamiento Deportivo‘, quien hoy en día apoya a jóvenes deportistas, compartiendo y retribuyendo lo aprendido desde que inició en el ciclismo durante la pandemia.

El costo de los sueños: los sacrificios que exige el deporte​


El camino hacia la cima del ciclismo está pavimentado con sacrificios. Kevin Navas y Nixon Rosero son testigos de ello.

“Los mayores sacrificios que hay que hacer en el ciclismo también es el viajar mucho fuera de casa, el de estar muy poco tiempo con tu familia”, comenta Navas.

Por su parte, el amante del café, Nixon Rosero, recuerda los momentos en los que ha enfrentado caídas fuertes, como la que lo dejó inconsciente en el Tour del Avenir en Francia, o una caída en el pasado julio de 2025.

Algún día va a dar fruto de esto y no va a ser para siempre, así que el tiempo que nosotros estemos compitiendo, pues hay que sacarle provecho porque no siempre voy a ser ciclista“, reflexiona.

El poder de la mente en el asfalto impinado​


La salud mental en el ciclismo, un deporte de alta exigencia y riesgo constante. Rosero, quien se considera su “propio psicólogo“, encuentra en el recuerdo de su madre una fuente de motivación para superar los momentos de crisis en la carrera.

Navas, por su parte, enfatiza la madurez mental que se adquiere con los años y la experiencia. “Cada vez vamos pasando ese límite que nosotros nos ponemos y vamos trabajando y adquiriendo una dureza mental mucho más amplia y mucho más sólida con los años y con la práctica” incluso la necesidad de alcanzar la madurez antes que sus amigos de la infancia, explica.

Como muchos ciclistas, antes de cada etapa, ambos rezan y se santiguan “porque en realidad no sabes si vas a regresar vivo o va a pasar algo” admite Kevin afligido por el miedo que con lleva el ciclismo.

Reconoce que el miedo a las caídas o a no cumplir los objetivos es real, pero lo afronta como parte inherente de su trabajo. Para él, la clave del rendimiento reside en la capacidad de los deportistas para superar dificultades, lo que se logra con una salud mental trabajada y fortalecida.

Con sabiduría adquirida y la ambición de emular las hazañas de los grandes ciclistas ecuatorianos, los jóvenes talentos del Best PC Ecuador afinan su preparación para afrontar la Clásica Ciudad de Tulcán, competencia que se disputará del 15 al 17 de mayo.


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