David Bowie: la vida como obra de arte total

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Pablo Deheza

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Cuando David Robert Jones decidió adoptar el nombre artístico de David Bowie a mediados de los años sesenta, nadie podía imaginar que estaba naciendo uno de los artistas más revolucionarios y transformadores de la historia de la música. Aunque sus primeros trabajos pasaron relativamente desapercibidos, fue en 1969 cuando el mundo comenzó a prestar atención: la canción «Space Oddity», lanzada cinco días antes de que el Apollo 11 llegara a la Luna, captó la imaginación de una generación fascinada por el cosmos. La historia de Major Tom, un astronauta a la deriva en el espacio, no solo alcanzó el puesto número cinco en las listas británicas, sino que anunció la llegada de un artista dispuesto a explorar territorios inexplorados.

Lo que hizo revolucionario a Bowie desde el principio fue su negativa a conformarse con una sola identidad o un solo estilo. Mientras otros músicos buscaban perfeccionar una fórmula exitosa, él entendió que el arte debía ser un proceso constante de transformación. Bowie no solo hacía música, creaba universos completos con cada álbum, fusionando sonido, imagen, moda y teatro en experiencias artísticas totales. Su capacidad para anticiparse a las tendencias culturales y musicales lo convirtió en un visionario que no seguía el futuro, sino que lo inventaba.

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Caminos musicales​


La carrera de Bowie puede entenderse como una sucesión de reinvenciones brillantes, cada una más audaz que la anterior. Tras los álbumes «The Man Who Sold the World» (1970) y «Hunky Dory» (1971), donde comenzó a desarrollar su imagen andrógina y a explorar sonidos más complejos, llegó 1972, el año que cambiaría todo. Con «The Rise and Fall of Ziggy Stardust and the Spiders from Mars», Bowie creó algo sin precedentes: un álbum conceptual sobre una estrella de rock alienígena bisexual que venía a salvar la Tierra. Ziggy Stardust no era solo un personaje, era una declaración de guerra contra las convenciones sociales sobre género, sexualidad e identidad.

El glam rock que Bowie ayudó a definir con Ziggy le permitió fusionar música, teatro y provocación visual en un espectáculo que revolucionó la cultura popular. Los conciertos se convirtieron en performances teatrales donde la música era solo una parte de una experiencia multisensorial. Álbumes como «Aladdin Sane» (1973) y «Diamond Dogs» (1974) continuaron esta exploración, pero Bowie ya estaba inquieto, listo para su siguiente transformación.

A mediados de los setenta, sorprendió nuevamente con su etapa de «plastic soul», adoptando influencias del soul y funk estadounidense en «Young Americans» (1975), que incluía «Fame», su primer número uno en Estados Unidos, coescrita con John Lennon. Esta metamorfosis desconcertó a muchos fans del glam rock, pero demostraba que Bowie nunca se quedaría quieto.

Evolución​


En 1976, con «Station to Station», nació otra persona: el Duque Blanco, una figura elegante pero siniestra que marcó su transición hacia la experimentación electrónica. Esta época culminó con la legendaria Trilogía de Berlín: «Low» (1977), «Heroes» (1977) y «Lodger» (1979), grabados en colaboración con el productor Brian Eno. Estos álbumes, que fusionaban rock, música electrónica, ambient y krautrock alemán, estaban décadas adelantados a su tiempo. «Heroes», con su himno homónimo sobre amantes separados por el Muro de Berlín, se convirtió en una de las canciones más icónicas de su carrera.

Los ochenta trajeron otro giro. «Let’s Dance» (1983) lo catapultó al estrellato masivo con un sonido más comercial y accesible, producido por Nile Rodgers. Canciones como «Let’s Dance», «China Girl» y «Modern Love» dominaron las radios y MTV, convirtiendo a Bowie en una superestrella global. Sin embargo, los álbumes posteriores de la década no tuvieron la misma resonancia crítica.

En los noventa, Bowie volvió a lo que siempre le había importado: la experimentación. Con proyectos como Tin Machine y álbumes más aventurados, se negó a repetir fórmulas exitosas. Ya no necesitaba complacer a nadie. En la década de 2000, álbumes como «Heathen» (2002) y «Reality» (2003) mostraron a un artista maduro, aún vital y creativo.

Después de una década de silencio que muchos creyeron era su retiro definitivo, Bowie volvió en 2013 con «The Next Day», un álbum que demostraba que su genio seguía intacto.

Del rechazo a la veneración​


La relación de Bowie con la crítica y el público fue siempre compleja. Sus primeros trabajos apenas causaron impacto, y muchas de sus reinvenciones fueron recibidas con escepticismo inicial. Cuando abandonó a Ziggy Stardust en pleno apogeo, muchos fans sintieron confusión y hasta traición. La Trilogía de Berlín, hoy considerada una obra maestra, fue vista en su momento como demasiado experimental y oscura para el gusto masivo.

Sin embargo, con el tiempo, cada uno de estos «riesgos» fue reconocido como un acto de genialidad. La crítica musical llegó a considerar a Bowie como uno de los compositores más innovadores de la historia, capaz de dominar múltiples géneros sin perder su esencia. Vendió más de 100 millones de discos en todo el mundo y recibió seis premios Grammy, cuatro premios Brit, y fue incluido en el Salón de la Fama del Rock and Roll en 1996.

Lo más importante fue su influencia sobre generaciones de músicos. Desde Prince y Madonna hasta Lady Gaga, Kanye West, Tame Impala y Janelle Monáe, innumerables artistas reconocen la deuda con Bowie. Él demostró que era posible ser comercialmente exitoso sin sacrificar la integridad artística, que la moda y la música podían ser arte elevado, y que la identidad era algo fluido que podía reinventarse constantemente.

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A diez años de su partida​


La muerte de David Bowie el 10 de enero de 2016, apenas dos días después de cumplir 69 años y del lanzamiento de su último álbum «Blackstar», conmocionó al mundo. Pocos sabían que había estado luchando contra el cáncer durante 18 meses. «Blackstar» se reveló entonces como lo que realmente era: una meditación artística sobre la muerte. Una despedida meticulosamente planeada que convertía incluso su final en una obra de arte.

A diez años de su fallecimiento, el legado de Bowie no solo permanece intacto, sino que continúa creciendo. Su influencia trasciende la música y penetra en el cine, la moda, el arte visual y la cultura popular en su conjunto. Como actor participó en películas memorables como «The Man Who Fell to Earth» (1976), The Hunger (1983) y «Labyrinth» (1986). Como coleccionista de arte, acumuló más de 400 piezas que reflejaban su visión estética única. Su formación en pintura y artes visuales en la Escuela de Arte de Bromley nunca lo abandonó, y su trabajo visual informó profundamente su música.

Rockstar​


Bowie redefinió lo que significaba ser una estrella del rock. Demostró que un artista podía ser intelectualmente complejo, sexualmente ambiguo, constantemente evolutivo y aun así conectar con millones de personas. Su apertura sobre la sexualidad y el género en una época conservadora abrió puertas para que futuros artistas exploraran su identidad sin miedo. Hoy en día, cuando las conversaciones sobre identidad, género y diversidad ocupan el centro del debate cultural, Bowie es reconocido como un pionero que se adelantó décadas a su tiempo.

Como escribió el crítico David Buckley, Bowie «permeó y cambió más vidas que ninguna otra figura pública». Rolling Stone lo incluyó entre los mejores cantantes, compositores y artistas de todos los tiempos. En 2022 se convirtió en el artista de vinilo más vendido del siglo XXI, una señal de que las nuevas generaciones siguen descubriendo su música.

El nuevo documental​


Coincidiendo con el décimo aniversario de su muerte, el pasado 26 de diciembre se estrenó en los cines del Reino Unido el documental «David Bowie: el último acto». Es dirigido por Jonathan Stiasny y producido por Rogan Productions, la compañía responsable de aclamados films sobre Freddie Mercury y ABBA.

Este documental de aproximadamente 90 minutos se centra específicamente en el último capítulo creativo de Bowie, un período que durante mucho tiempo estuvo fuera del ojo público. El film sigue su trayectoria desde los difíciles años noventa, cuando deliberadamente se alejó del mainstream, hasta la creación de «Blackstar», su última declaración artística.

Lo notable del documental es que evita el sensacionalismo. No se recrea en la enfermedad ni en los aspectos más morbosos de su final, sino que celebra la libertad artística y la lucidez creativa que Bowie mantuvo hasta sus últimos días. El director Johan Renck, quien dirigió los videoclips de «Blackstar» y «Lazarus», reveló que Bowie le confesó su situación terminal, pero quería que la muerte fuera «un tercer colaborador» en el proceso creativo, no un obstáculo.

El documental incluye materiales de archivo únicos, imágenes raras y entrevistas que permiten comprender cómo Bowie, incluso mientras se sometía a quimioterapia, trabajaba con una alegría y dedicación que asombraron a sus colaboradores. Su productor Tony Visconti recuerda que cuando Bowie se ponía frente al micrófono, cantaba apasionadamente y parecía más feliz que nunca.

Legado y homenajes​


«David Bowie: el último acto» funciona como un retrato íntimo de despedida, pero también como una reafirmación de por qué Bowie sigue siendo una figura central de la cultura contemporánea. Como complemento, también está disponible en Netflix «Moonage Daydream» (2022). Este documental de Brett Morgen ofrece una experiencia cinematográfica más amplia sobre toda la carrera del artista.

El estreno del documental se suma a otros homenajes programados para 2026, incluyendo conciertos tributo, publicaciones editoriales como el libro «Lazarus: The Second Coming of David Bowie» de Alexander Larman, y reediciones especiales de su música. El mundo del arte y la música se detiene para recordar al hombre que demostró que la creatividad verdadera no conoce límites.

David Bowie no solo fue un músico, fue un filósofo de su tiempo, un explorador incansable de la identidad humana, y un recordatorio perpetuo de que la vida, como el arte, debe ser un acto de transformación constante. Diez años después de su partida, su estrella continúa brillando y resonando, iluminando el camino para quienes se atreven a ser diferentes, a reinventarse, a crear sin miedo. Como él mismo cantó: podemos ser héroes, aunque solo sea por un día. Bowie fue héroe y su legado perdura en las voces y actitudes de nuevas generaciones.

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