D.S. 5503: el gradualismo posible ante el ajuste inevitable

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Pablo Deheza

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El Decreto Supremo 5503, que retira el subsidio a los combustibles, entre otras medidas, ha marcado un antes y un después en la política boliviana. Más allá del impacto económico inmediato, la norma ha puesto en evidencia una reconfiguración del mapa político nacional: organizaciones sociales debilitadas, una oposición fragmentada y un sensible vacío de liderazgos.

La politóloga Ana Lucía Velasco analiza en esta entrevista exclusiva con Animal Político, de La Razón, las múltiples dimensiones del decreto. Nuestra invitada afirma, que «es perfectible» pero que ha encontrado el momento indicado para su aplicación. «Gran parte de la población boliviana parece que ya ha generado algo de conciencia sobre la necesidad de tratar el subsidio. De hablar del tema, de retirarlo», señala. Reconoce así que este cambio de percepción social es uno de los fenómenos más sorprendentes del actual contexto político.

La gradualidad posible​


El decreto ha generado un intenso debate sobre si el retiro del subsidio debía ser gradual o abrupto. Para Velasco, la vía elegida por el gobierno representa la opción posible considerando el costo social involucrado, aunque advierte que las compensaciones son insuficientes. «Si bien han puesto algunas medidas como el aumento del salario básico y algunos bonos, parece poco en relación al impacto que puede llegar a tener el retiro del subsidio», observa.

La analista identifica un elemento de gradualismo en la medida que no es evidente a primera vista: la diferenciación entre gasolina y diésel. «La gasolina está a Bs 6.96, que sigue siendo un precio subvencionado. En el mundo la gasolina no está a un dólar oficial boliviano. Entonces seguramente es ahí donde se está aplicando un poco el gradualismo», explica. En contraste, el diésel «está igual o muy parecido al precio internacional». Esto significa que sectores como la minería y la agroindustria «se están quedando básicamente sin subsidios, están pagando precio internacional».

Esta diferenciación tiene, según Velasco, una dimensión de justicia social que ha pasado desapercibida. «Cuando yo veía algunas personas o algunos reclamos que decían ‘la crisis que la paguen los ricos’, un poco la están pagando porque quienes usan diésel son justamente los sectores más ricos». Y remata diciendo que “sí, son ellos los que más pueden pagar, tienen mucha más billetera para hacerlo».

Un decreto no basta​


Sin embargo, la politóloga advierte que el ajuste no termina aquí. «No creo que acabe con este decreto, van a seguir habiendo ajustes mientras el precio internacional se mueva. Nosotros vamos a tener que ir acostumbrándonos a eso», señala. Hace notar que el propio decreto establece una revisión en seis meses. «Es muy probable que, en mayo, junio, tal vez estemos con algún otro aumento de precios», anticipa. Subraya que «es una crisis profunda la que tenemos y no se va a solucionar solo con un decreto».

Entre los aspectos perfectibles del decreto, Velasco destaca el mecanismo de fast track para la aprobación de contratos. «Puede generar que haya aspectos que se pasen por alto en la Asamblea Legislativa al tomar algunos contratos que pueden ser muy importantes para el Estado. Eso preocupa». También critica la gestión comunicacional del gobierno. «Han lanzado el decreto, pero hay un montón de preguntas que se quedaron ahí en el aire en temas de opinión pública».

Aceptación social del ajuste​


Uno de los aspectos que más ha sorprendido a los analistas es la relativa calma con que la población ha recibido una medida de este calibre. Velasco explica que «el tema del subsidio después de tantos años se ha convertido en una especie de tabú. Estaba esa sensación que es difícil hablar de este tema y quién va a ser el valiente que se va a animar».

La politóloga recuerda el precedente de 2010, cuando Evo Morales intentó subir el precio de la gasolina y tuvo que retroceder ante la presión social. «Ahí inició prácticamente este mito de que, si Evo no pudo, quién va a poder». Sin embargo, los últimos años de crisis económica han cambiado la percepción ciudadana. «Cuando ya se dispara el tipo de cambio y cuando ya empezamos a ver filas por la gasolina y el diésel, esto creo que ha ido generando una especie de conciencia social de que hay crisis. De que ya no se la puede negar y que habrá que tomar las medidas que sean necesarias para paliarla», asevera.

El cambio en el discurso público es notable. «En las redes sociales, en la opinión pública se habla mucho de ‘ajuste sí, pero no así’. ¿Cuándo nos hubiéramos imaginado hace tres, cinco años que la gente iba a decir ‘ajuste sí’? Eso es un paso enorme en la aceptación social», afirma Velasco.

Diferencias temporales​


Las comparaciones con el traumático Decreto 21060 de 1985 son inevitables, pero para la analista, las diferencias son sustanciales. «La magnitud de las medidas no es ni remotamente comparable», señala, añadiendo que «con el 21060 las organizaciones sociales eran fuertes, pero lo que era grave era que la inflación era realmente tan dura que no había mucha forma de detenerla». En cambio, «ahora las organizaciones sociales están débiles, y yo creo que la gente se ha cansado también de las pugnas políticas».

El factor cansancio es, para Velasco, fundamental. En La Paz, «ciudad acostumbrada a tener protestas, marchas, de todos los sectores, todos los días», la población ha empezado a reaccionar. «Veía gente que ya estaba cansada, que en la calle interpelaba a quienes querían protestar. Les decían ‘basta, dejen trabajar’. Se vio un poco de eso en los últimos años, pero no como ahora, que la misma población les reclame».

Organizaciones sociales débiles​


Si el gobierno pudo lanzar el Decreto 5503 sin enfrentar una resistencia masiva, es en gran medida porque las tradicionales organizaciones sociales que históricamente se oponían a este tipo de medidas atraviesan un momento de debilidad. «Veo a la Central Obrera Boliviana (COB), por ejemplo, bastante disminuida en su poder de representatividad», afirma Velasco.

Las causas de este debilitamiento son múltiples. En primer lugar, los escándalos de corrupción «han dejado a las organizaciones como desmoralizadas y les han restado capacidad de representación». El caso del Fondo de Desarrollo Indígena Originario Campesino (Fondioc) ha sido particularmente devastador. «Ha hecho que muchos dirigentes estén ahora o en la clandestinidad, o con un perfil súper bajo, justamente para evitar procesos o terminar en la cárcel».

Pero hay también un factor político de fondo. «En los últimos tiempos, en años de pelea interna del MAS, un tanto la estrategia dentro del MAS ha sido dividir a las organizaciones sociales. Había distintos dirigentes que respondían a ciertas figuras políticas dentro del MAS. Entonces han dejado a las organizaciones bien divididas», explica la analista.

El momento del ajuste​


El resultado es que el gobierno «ha encontrado un momento también en que las mismas organizaciones sociales que más se movilizaban están en un momento bajo». Velasco es cautelosa y advierte: «quién dice si, de aquí a dos, tres meses, logran reorganizarse. Lo que digo ahora no tendría mucho sentido, pero si hablamos de este momento, en diciembre de 2025, sí están en un punto bajo».

Esta debilidad estructural no es coyuntural, sino que revela algo más profundo. «Nos están mandando la vida, la historia, una señal de que la forma de representación de los intereses populares a través de la COB, de estas organizaciones sociales más tradicionales, yo creo que están llegando a su fin», sentencia. Y agrega: «creo que se han agotado moralmente, socialmente. Tienen que reinventarse y siento que no va a ser tan fácil para ellos hacerlo».

En cuanto a la oposición política institucional, Velasco es igual de contundente. Refiriéndose a algunos intentos de resistencia parlamentaria al decreto, anota que «cuando se quiso poner en la orden del día de forma extraordinaria justamente tratar el decreto supremo, no se alcanzó. Por dos tercios lo rechazaron. Ahí se ve que no se está logrando generar una verdadera bancada de oposición».

«La oposición real creo que ha quedado como en las calles, que al menos durante estos meses se ha visto débil». Y aunque reconoce que «el factor Evo siempre es importante» —después de todo, «todavía tiene una capacidad de movilización grande»—, observa que el líder cocalero «ha estado bien silencioso y callado últimamente», probablemente por «problemas de financiamiento».

Crisis de liderazgo​


Más allá del decreto y sus efectos inmediatos, Velasco identifica un problema estructural que amenaza el futuro político de Bolivia: la ausencia de liderazgos sólidos y de proyectos de país a largo plazo. «Hay una crisis de liderazgos grande, grande», enfatiza.

La cuestión afecta tanto al oficialismo como a la oposición. Sobre el gobierno actual, la analista es directa y ve que «no es un gobierno particularmente fuerte. De hecho, yo estaba nerviosa porque lo veía improvisado. Se notaba que no tenían planificado ganar y casi no tenían equipo». Sin embargo, añade, «como tiene una oposición tan débil, se ven más fuertes de lo que realmente son».

La pregunta sobre la futura sucesión es inquietante. «Si el gobierno logra aplacar la crisis o recuperar un poco de estabilidad, se van a encontrar con la misma pared: ¿a quién le van a heredar el gobierno cuando terminen estos cinco años donde van a estar ocupadísimos intentando lidiar con la crisis? ¿Quiénes van a ser los siguientes líderes?».

Ausencia de organizaciones políticas​


Velasco utiliza una metáfora futbolística para graficar el problema. «Es como ir a jugar un partido de la Libertadores cuando tus equipos nunca van a entrenar. Tus equipos nunca forman jugadores, tus equipos no están generando talento. Vamos al partido y hacemos lo que podemos, pero todo el rato es apagar incendios».

La inexistencia de partidos políticos reales es una de las razones a las que apunta nuestra invitada. «Los partidos deberían ser como los equipos de fútbol que están puliendo talentos y generando las siguientes generaciones de jugadores».

Las próximas elecciones subnacionales ilustran dramáticamente esta crisis. «Aquí en La Paz no tenemos un solo candidato que digamos ‘este candidato entusiasma, llama la atención'», lamenta Velasco. «Se han hecho algunas encuestas con algunos perfiles, pero ninguno supera más del 2% o 3% porque no se los conoce. Y por eso luego están buscando convencer a tiktokers, a periodistas, a gente que tenga algo de capital social y que sean conocidos para que logren captar votos».

La ausencia de proyectos de largo plazo es igualmente preocupante. Velasco reconoce que «el MAS tenía eso, tenía un proyecto de país a largo plazo que luego terminó, yo creo, traicionando o no estando a la altura de su propio sueño. Pero por lo menos lo tenía. No está siendo reemplazado con nada».

Promesas en democracia​


La politóloga también cuestiona la estrategia electoral del actual oficialismo, señalando una contradicción que daña la democracia. «Rodrigo Paz hizo muchas promesas electorales que las ha violado ni bien ha entrado al poder. Ha sido claro cómo ha dicho lo que la gente quería escuchar para que voten por él y después, una vez en el poder, ha tomado las decisiones que creía convenientes».

Aunque Velasco está de acuerdo con muchas de esas decisiones desde el punto de vista técnico, advierte sobre el costo político. «Es muy duro decirles, por ejemplo a los jóvenes, ‘para votar tú tienes que leer las promesas del programa electoral, informarte y votar informado’. Es decir, votar informado y después el que elegiste va a hacer otra cosa. Esto debilita el debate y la competencia electoral».

El gobierno, además, enfrenta riesgos comunicacionales que podrían reactivar a la oposición dormida. «Tildar de antipatria a todo el que cuestione el decreto, polarizar demasiado también les puede salir mal», advierte Velasco. «Esto es como andar en minas. Has salvado la primera parte, pero no significa que de aquí en adelante lo tengan fácil».

La analista sugiere medidas simbólicas que podrían ser de utilidad en la circunstancia. «El tema del impuesto a grandes fortunas, el tema de los salarios que se dan los expresidentes, bajarlos, son cosas que deberían empezar a considerar y a hacer. Aunque son simbólicas y no ahorran demasiada plata, mandan señales para generar confianza. Creo que no lo están haciendo».

Un futuro incierto​


El balance de Velasco es sombrío pero realista. «La gran ventaja de la crisis sería que nos une, que nos da un sentido de ‘bueno, el barco se está hundiendo, tenemos que remar todos juntos’, genera un sentido de cohesión en un momento difícil», reconoce. Pero inmediatamente plantea la pregunta clave. «Cuando eso pase, que ojalá pase, ¿qué viene después? ¿Quién va a cubrir ese hueco de liderazgo una vez que el barco se estabilice? ¿Cómo y quién lo va a dirigir de ahí para adelante? ¿Quién está pensando en un proyecto de país real?».

El llamado final es urgente. «Hay bastante trabajo, además de lo económico, que hay que hacer estos años, si es que no queremos rescatar un poquito el barco y luego que se vuelva a hundir, que entremos en una anomia total si es que no tenemos verdaderos liderazgos después de estas dos décadas del Movimiento al Socialismo».

El Decreto 5503 puede haber pasado sin las convulsiones sociales que muchos temían, pero las preguntas de fondo sobre el futuro político de Bolivia permanecen sin respuesta. Y en esa incertidumbre, advierte Velasco, radica el verdadero riesgo para la democracia boliviana.

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