Cuándo una epidemia no debe ser sorpresa

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Arlene Calvo

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El mundo se sorprende cada vez que se anuncia en los medios un nuevo brote de una enfermedad. Recientemente hemos escuchado sobre brotes epidemiológicos de enfermedades como el hantavirus, el dengue, el sarampión, la influenza e incluso el ébola.

Estos brotes epidemiológicos de enfermedades infecciosas ocurren cada vez con mayor frecuencia y fácilmente se pueden convertir en una epidemia. Una epidemia se refiere a un aumento repentino y superior al esperado en el número de casos de una enfermedad infecciosa dentro de una comunidad, región o país. Mientras que un brote es una aparición repentina y limitada de una enfermedad en un área geográfica muy específica, como un pueblo o una escuela. Se considera el paso previo a la epidemia, según el Centro para el Control y la Prevención de Enfermedades de Estados Unidos (CDC).

Cuando una epidemia se incrementa, puede convertirse en una pandemia. La pandemia, por definición, ocurre cuando una epidemia se propaga de forma descontrolada a través de varios países o continentes, afectando a un gran número de personas en todo el mundo. Recién venimos saliendo de una: la pandemia de covid-19.

Nada de esto debería sorprendernos, ni a nosotros ni a ningún país. Existen, además, medidas para prevenirlo. Recordemos lo aprendido durante ese período pandémico.

El concepto de preparación ante una pandemia​


Existe una línea de salud pública denominada preparedness, en inglés, que se traduce literalmente como “preparación”. No se trata de pensar que una pandemia puede ocurrir; se trata, más bien, de preguntarse cuándo puede ocurrir. Con la cantidad de brotes que estamos experimentando a nivel mundial, es muy probable que una nueva pandemia pueda surgir. Por ello, debemos estar preparados.

Las principales razones detrás de estos frecuentes brotes incluyen el calentamiento global, que convierte al ambiente en un escenario propicio para el resurgimiento de infecciones, y una población que crece exponencialmente en condiciones de alta densidad.

La alianza para la vacunación Gavi ha desarrollado varios parámetros para la preparación ante una pandemia. Estos incluyen la inversión en inmunización por parte de los países. Dentro del marco de la inmunización se encuentran la vigilancia epidemiológica, los laboratorios, la cadena de frío y el personal capacitado para hacer frente a una emergencia.

Adicionalmente, los países deben empoderarse y tomar las riendas de su propia preparación. Los sistemas de salud pública deben ser autosuficientes y no depender de la asistencia internacional, la cual cada vez es más limitada.

Los países deben tener la capacidad de desarrollar sus propios medicamentos y vacunas. En Panamá existen varias iniciativas en este sentido. También debemos contar con la capacidad logística para el manejo y la distribución de los insumos. Nuestro país se encuentra a la vanguardia en este aspecto, gracias a más de cien años de experiencia. Esto ayuda a abastecer de manera equitativa a las personas y comunidades con mayor riesgo.

Debemos contar con financiamiento accesible para todos los países.

Y, finalmente, debemos contar con una coordinación enérgica a nivel global. Si hay algo que debimos aprender de la reciente pandemia es la necesidad de que los países trabajen en conjunto, con una comunicación eficiente y transparente.

Las instituciones deben saber cuál es su responsabilidad y su lugar dentro del sistema de preparación. Las instituciones públicas y privadas, incluidas las universidades, los centros de investigación, los hospitales y clínicas, los laboratorios y los ministerios de Salud, deben estar alineados, en lugar de seguir funcionando dentro de un sistema fragmentado. No es una tarea fácil.

La Global Virus Network (GVN) pretende crear una red mundial de preparación a través de la colaboración.

Panamá es especialmente importante en este proceso de preparación. Nos encontramos en el centro de las Américas, lo cual nos expone a cualquier brote de enfermedades infecciosas, como el reciente brote del virus Oropouche, que ha pasado por Panamá. Si una enfermedad infecciosa pasa por Panamá, fácilmente puede llegar a Norteamérica, Sudamérica, el Caribe, Europa o Asia al día siguiente. Sería catastrófica una pandemia de polio, sarampión, ébola o cualquier otra enfermedad.

En estos momentos, lo mejor que podemos hacer por nosotros, nuestras familias, el país y el mundo es asegurarnos de estar al día con nuestras vacunas; que nuestras instituciones colaboren y se comuniquen activamente, apoyando la preparación; y que los países de la región trabajen juntos. La próxima pandemia podría estar a la vuelta de la esquina. Estemos preparados.

La autora es doctora en salud pública.

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