M
Maria Nuñez Chacón
Guest
Karen Rodríguez (nombre ficticio para guardar la confidencialidad) trabajó más de 20 años para una empresa y fue incluida en un recorte de personal. Decidió tomarse un par de meses para descansar antes de volver a buscar empleo.
“Comencé a enviar currículos a diversas empresas, sobre todo en puestos vinculados con mi experiencia profesional, pero pasaron los meses y no logré obtener empleo. Ya llevo ocho años fuera del mercado laboral. Como no lograba nada en mi área, empecé a mandar a otros trabajos, incluso quitaba cosas de mi currículo para que me eligieran. Me cansé de buscar y ahora hago cosas por mi cuenta, como repostería y puedo estar más cerca de mi mamá que ya es mayor”, relató.
Como la de Karen hay miles de historias, casos de mujeres que decidieron dejar de buscar trabajo por diversas razones, algunas porque no conseguían, otras porque tuvieron que dedicarse a labores de cuido de menores o adultos mayores y otras porque se pensionaron o sienten que han envejecido y no conseguirán oportunidades.
Y es que, en la última década, los datos de la Encuesta Continua de Empleo del Instituto Nacional de Estadística y Censos (INEC) evidencia que la tasa de participación laboral femenina se redujo en 5,4 puntos porcentuales, lo que implica que una proporción cada vez menor de mujeres de 15 años y más se encuentra ocupada o buscando activamente empleo.
De hecho, un informe desarrollado por el Observatorio Económico y Social (OES) de la Universidad Nacional (UNA) reveló que el nivel más alto de participación de mujeres en el mercado laboral se registró en el primer trimestre del 2020, antes de la pandemia, y desde entonces la tendencia ha sido a la baja.
En el primer trimestre del 2015 la participación laboral femenina se encontraba en 48,6%, para ese mismo período del 2020 subió a 52,1% y al tercer trimestre del 2025 era de 43,2%.
“Además, al comparar a Costa Rica con el resto de los países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), la situación nacional resulta especialmente preocupante. La tasa promedio de participación femenina en los países miembros alcanzó 53,8% en 2024 para la población de 15 años y más, en contraste con la estadística costarricense, que registró apenas un 44,6%, ubicándose como el tercer país con menor participación femenina dentro del organismo”, detalló Roxana Morales, coordinadora del OES-UNA.
Este rezago no solo refleja una brecha de género persistente, sino que limita el crecimiento potencial de la economía, reduce la base contributiva y profundiza desigualdades de ingreso de los hogares.
La experta insistió en que este fenómeno ha sido señalado hace tiempo por la academia, especialmente el aumento que hay de mujeres que se salen del mundo laboral por las responsabilidades de cuido no remuneradas y reconoció que el desafío es ampliar la participación femenina para fortalecer la equidad, la autonomía económica y el potencial productivo del país.
Una balanza que impacta
“La evidencia es clara: incluso las mujeres que trabajan a jornada completa dedican muchas más horas al trabajo no remunerado, lo que a su vez limita sus oportunidades laborales, la disponibilidad de tiempo para formación y desarrollo profesional y profundiza desigualdades”, reconoció Sonia Gontero de la Organización Internacional del Trabajo.
Un informe técnico del organismo de Naciones Unidas, presentado en marzo pasado y denominado Tiempo de trabajo y bienestar: aportes de las encuestas de uso del tiempo al análisis del mercado laboral en América Latina, reafirmó que persisten las brechas de género en el uso del tiempo, ya que las mujeres continúan asumiendo una proporción significativamente mayor del trabajo doméstico y de cuidados no remunerado.
Gotero detalló que las estimaciones para la región muestran que este flagelo afecta con mayor intensidad a mujeres y a hogares de menores ingresos, lo que trae a la mesa la necesidad de coordinar políticas de organización del tiempo de trabajo y de cuidados para redistribuir el tiempo y reducir desigualdades.
Esta es precisamente una de las recomendaciones que realiza el OES-UNA, tomar acciones para expandir y fortalecer la red pública de cuido, tanto para la primera infancia como para las personas adultas mayores, mediante un esquema de financiamiento sostenible y con cobertura amplia.
“Como país, debemos desarrollar políticas activas de empleo con enfoque de género, que incluyan programas de capacitación en habilidades digitales y técnicas, mecanismos de intermediación laboral más efectivos y acciones orientadas a facilitar la inserción de las mujeres en sectores de mayor productividad y mejores salarios; así como la adopción de modalidades de trabajo más flexibles, como horarios ajustables, teletrabajo y jornadas parciales voluntarias”, agregó Morales.
Otras áreas de acción podrían estar vinculadas con el acceso al crédito para las mujeres, de manera que puedan desarrollar sus emprendimientos o en puestos de liderazgo.
Además, reiteró la inconveniencia de aprobar el proyecto de jornadas laborales de 12 horas diarias (4×3), pues esto generaría retrocesos en la participación de las mujeres en el mercado de trabajo.
La entrada Costa Rica es el tercer país con la peor participación laboral de las mujeres aparece primero en Semanario Universidad.
Sigue leyendo...