Copa del Mundo 2026 y sus claroscuros: Lecciones y reflexiones de un periodo cautivante

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Jenny Martínez

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Mucho se ha analizado sobre lo ocurrido en la cancha: las polémicas arbitrales, la figura de Leonel Messi que llega a su ocaso y todo lo que “pudo haber ocurrido” con nuestra querida selección. Nos guste o no, el know how de la industria deportiva estadounidense se ha impuesto para entregar a su estilo un evento único con un alcance global sin precedentes. Las pausas de hidratación y el memorable, aunque también criticado, show de medio tiempo de la final al puro estilo “superbowl” de la final que por primera vez en la historia extendió el descanso de los equipos a 30 minutos confirman nuevos rasgos que caracterizarán al deporte rey en los próximos años.

Luego de toda la efervescencia que vivimos durante casi un mes, esta reseña tiene como objetivo hacer un balance mucho más objetivo de la Copa del Mundo desde la oportunidad de ser testigo presencial de varios partidos y analizando otras aristas que tejen además varias implicaciones para nuestro fútbol local, al que hemos vuelto con cierta añoranza de lo que fue una temporada mágica y desbordada de pasión.

Al debe: Seguridad, experiencia y diversificación de ingresos​


La FIFA no inventó el agua tibia para llegar a más de 15 mil millones de dólares en ingresos. Parece insólito que un partido sin historia como Uzbekistan y la República Democrática del Congo haya logrado una asistencia de 68 239 espectadores por el incipiente historial futbolero de estas naciones. Hecho mata relato.

Este superávit extraordinario puede analizarse desde varios factores. Primero la plataforma de ticketing que funcionó desde casi 1 año antes con la primera preventa: Fácil de acceder, sencilla en su uso y con la particularidad de la fijación dinámica de precios, algo que se usa desde hace mucho tiempo en la industria aeronáutica. Lo mismo se podría decir de otros mecanismos de match day que abarca la compra de merchandising, lugares de comida en los estadios, sistemas de parqueo, todo pensado desde una lógica industrial que optimiza la eficiencia. Principios básicos como atención rápida y disponibilidad permanente empujaron a un consumo multiplicador a pesar de los precios desproporcionados que para nuestra realidad parecen incluso ofensivos.

La elección de sedes también fue pensada desde los fundamentos más básicos de la segmentación de mercados. No fue casualidad que Ecuador haya jugado en la zona de Nueva Jersey donde se encuentra la mayor comunidad ecuatoriana de este país.

Las ofertas complementarias con actividades fuera de los estadios fue otro de los rasgos que atrajeron a grandes volúmenes de espectadores. Nada que no se haya visto antes pero si puestos en escena de manera impecable, funcional y con seguridad: Fan Fests de primer nivel con artistas influyentes, banderazos y hasta el tradicional “tail gating” que es común ver en el deporte universitario estadounidense. Siempre notorias, fluidas y relevantes para los medios de comunicación. FIFA hizo un extraordinario trabajo desde la incidencia con medios de comunicación y las relaciones públicas. Por más irrisorio que ciertos partidos pareciesen en el fixture, siempre estuvieron presentes figuras políticas, estrellas de cine y leyendas FIFA que con su sola imagen transmitían el peso de la historia de los mundiales. Al ver este tipo de repercusiones el valor aspiracional de este evento creció como la espuma. La razón por la que los espectadores destinaron cifras impensadas sin regatear fue por la experiencia única que te da el sentido de pertenencia a tu país y la aspiracionalidad de ser parte de un momento único en la historia.

Finalmente, en una coyuntura compleja marcada por la tensión de Estados Unidos y medio oriente el mundial fue diáfano y extremadamente seguro. Lo más curioso es que no se vieron despliegues ostentosos de las fuerzas del orden aunque me consta que los sistemas de monitoreo y videovigilancia tienen una sofisticación de otro nivel. La cantidad de voluntarios presentes en partidos y otros espacios públicos fue igualmente notorio.

La respuesta de si estas estrategias son o no aplicables a un entorno tan fragmentado como el del fútbol ecuatoriano es compleja. Para transformar un campeonato famélico con poca hinchada y sumido en una coyuntura de violencia, se requieren cambios más profundos. Quizás resulte utópico pensar en un show de medio tiempo como del de Coldpay pero si se podrían generar nuevas experiencias con artistas locales, influencers u otros recursos interactivos digitales como el “Kiss Cam”. Algo tan básico como un sistema de audio y video de óptima calidad ya serían una ganancia. Una de las lecciones que nos deja el mundial es que hay formatos que ya existen. El desafío es llevarlos a la práctica de una manera eficiente y segura.

Al haber: Un mundial excluyente del que no trasciende un verdadero legado​


Ha sido uno de los mundiales más flacos en cuanto a acciones sostenibles y de desarrollo. Estos no son valores agregados sino factores críticos de éxito de los “Bids” o postulaciones de los países solicitantes a organizar este evento. Aún no existe un documento desde FIFA, como si ocurrió en Catar 2022, con estimaciones reales del impacto que produjo este mega evento a nivel de huella de carbono. Un medio internacional calcula que las emisiones duplicaron las estimadas para el Mundial 2022, superando los 9 millones de toneladas de carbono como resultado del incremento de selecciones y el hecho de disputarse en 3 países. A diferencia del mundial pasado, FIFA y sus medios aliados le han prestado muy poco interés a esta dimensión que es trascendental por las problemáticas reales de cambio climático que el mundo enfrenta. El fútbol como ninguna otra actividad humana tiene la capacidad de actuar como un vehículo de incidencia y activismo. Un punto a favor de esta Copa del Mundo, al menos en lo que respecta a Estados Unidos fue el bajo costo que tuvo la organización al contar con infraestructuras deportivas y de transporte de primer nivel. El florecimiento de “elefantes blancos” como si ocurrió en los mundiales de Sudáfrica, Brasil y Rusia no será un factor a lamentar después de algunos años.

Desde el plano educativo y social los esfuerzos realizados por FIFA y sus grupos de interés también quedan cortos si se contrasta con el legado que dejaron los mundiales que le precedieron. Rusia 2018 con el Festival 18 que supuso el inicio de la Fundación FIFA. Catar 2022 con el programa Generation Amazing que estuvo vigente por más de 10 años desde que se presentó la candidatura de Catar como país sede. A nivel de inclusión se pudieron ver, especialmente durante los partidos mensajes que alientan la inclusión en el fútbol lo cual no fue consistente con lo que se pudo ver en los estadios que resultó un evento para las élites que podían pagar las entradas. Sin lugar a duda, el mayor reproche que se podría hacer a este mundial es la poca democratización que tuvo su acceso para el verdadero fanático.

Finalmente, una mancha que queda para futuras competitciones fue la injerencia de fuerzas políticas en decisiones deportivas con la anulación de la tarjeta roja del delantero estadounidense Folarin Balogun previo al partido de octavos de final con Bélgica y aunque un poco más discutible, la exclusión del árbitro somalí Omar Artan por motivos de seguridad. Hoy está claro el rechazo generalizado de la opinión pública internacional a la posición tomada por FIFA que puede verse como el principal factor que ha desencadenado la actual crisis que vive su presidente Gianni Infantino.

Que esperar​


El fútbol mundial ha entrado a una etapa transición desde su esquema de gobernanza hasta cuestiones más prácticas inherentes a los modelos de explotación comercial. La decisión de FIFA de dar por terminada su relación con la empresa italiana Panini, es otro rasgo de la visión global. Desde mi punto de vista son señales inequívocas que el futbol seguirá migrando hacia estas direcciones. Confiamos que FIFA esté considerando seriamente invertir parte de estos extraordinarios ingresos, no únicamente en el desarrollo de sus asociaciones miembros sino verdaderamente en iniciativas de triple impacto de fútbol para el bien de todos.

La hegemonía de los Estados Unidos como sede de mega eventos deportivos es irreversible. La capacidad organizativa de este país. La Copa América de 2028 y el interés por albergar una nueva Copa del Mundo en 2038 confirman esta tendencia. Tampoco sería descabellado pensar en que una próxima final de Copa Libertadores se dispute allí. No es casual ni coyuntural. La cultura deportiva y del espectáculo que caracteriza a este país esta fuera del alcance de muchos países latinoamericanos y de la que debemos sacar los mayores aprendizajes posibles.

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