Consultas de cuidados paliativos en la Caja aumentaron un 40% en diez años; espera por citas es de hasta un año

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Fabiola Pomareda García

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Las consultas de medicina paliativa atendidas en el Centro Nacional para el Control del Dolor y Cuidados Paliativos de la Caja Costarricense de Seguro Social (CCSS) aumentaron de 35.681 en el año 2016 a 49.834 en el año 2025 —un aumento de un 39,6%—.

Estas consultas incluyen las nuevas y siguientes de todos los servicios brindados por el Centro en consulta externa y visita domiciliaria, Hospital de Día y tele consulta, así como los demás servicios de apoyo que brinda el Centro a estos pacientes, como nutrición, terapia respiratoria, terapia física, psicología y trabajo social.

El cambio demográfico y epidemiológico del país se refleja en este aumento en las consultas de medicina paliativa, que no incluyen los servicios especializados de cuidados paliativos privados ni los de la Unidad de Cuidados Paliativos del Hospital Nacional de Niños (HNN).

Aquellas personas que padecen una enfermedad grave o potencialmente mortal requieren un tipo de atención médica especializada para ayudar a aliviar el dolor, el malestar, el estrés y otros síntomas, que es lo que se conoce como cuidados paliativos. Estos incluyen apoyo físico, emocional, social y espiritual para los pacientes.

Se calcula que en promedio diez personas reciben atención paliativa ambulatoria cada hora en el país, según datos de la CCSS. Durante 2024 se brindaron 86.003 consultas en medicina paliativa ambulatoria y 38.103 en la de dolor, informó la institución.

Especialistas exponen que estas cifras reflejan la transformación de una población que vive más años y con mayor carga de enfermedades crónicas no transmisibles, como cardiopatías o demencia y una mayor incidencia de casos oncológicos, todo lo cual eleva la demanda de atención integral para pacientes terminales y sus familias.

Enfermedades de dolor crónico

De acuerdo con la doctora Indira Zecca, directora del Centro Nacional para el Control del Dolor y Cuidados Paliativos de la CCSS, el aumento en las consultas puede estar relacionado con una ampliación de servicios por parte del Centro, pero también con el aumento de enfermedades de dolor crónico de difícil control progresivas e incurables.

Zecca explicó a UNIVERSIDAD que, en el año 2016, el Centro se ubicaba en el edificio anterior y es a partir del 2017 que se hace abre el Centro nuevo, donde se habilitó el Hospital de Día y se amplió la oferta de servicios de nutrición, terapia respiratoria, terapia física, trabajo social y psicología. “Esto pudo generar un impacto positivo porque se habilitó un poco más de personal y de unos años para acá también se implementó la tele consulta”, resaltó.

La doctora explicó que el cáncer sigue siendo una de las principales causas de ingreso a los servicios paliativos; pero que cada vez más personas con insuficiencia cardíaca, respiratoria o enfermedades degenerativas avanzadas requieren alivio del sufrimiento y mejor calidad de vida.

Zecca apuntó a un aumento en las enfermedades de dolor crónico de difícil control progresivas e incurables, enfermedades cerebrovasculares con secuelas, polineuropatías diabéticas, efectos secundarios de una diabetes mal controlada o de hipertensiones mal controladas.

Cifras de la consulta externa médica del Centro Nacional de Control del Dolor y Cuidados Paliativos muestran que los diagnósticos más frecuentes en el 2025 fueron, en primer lugar, enfermedades del sistema osteomuscular y del tejido conjuntivo, seguidas de tumores (neoplasias) y enfermedades del sistema nervioso.

El decano de la Facultad de Medicina de la Universidad de Costa Rica (UCR) y exdirector del Hospital Geriátrico, Fernando Morales, dijo a este medio que el aumento en la necesidad de cuidados paliativos probablemente tenga que ver con el aumento en el número de personas adultas mayores y en la longevidad; pero hizo énfasis en que también se trata de personas de mediana edad que están en cuidados paliativos y requieren la atención no una, sino varias veces. También aludió a la red de cuidados paliativos que ahora sí existe en el país, lo cual amplió la atención.

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La Clínica de Control del Dolor y Cuidado Paliativo del área de salud de Naranjo ha atendido 959 pacientes durante este año. (Foto: CCSS)

Cita dentro de un año

En este contexto, se reconocen los retos para la CCSS. “La institución se encuentra en búsqueda de fortalecer la atención”, afirmó Indira Zecca, directora del Centro Nacional para el Control del Dolor.

Un ejemplo es que aún no se ha logrado implementar a nivel institucional la atención de cuidados paliativos 24/7, lo cual es un “déficit en la atención oportuna y el acceso a cuidados paliativos”.

La mayoría de las 61 unidades de cuidados paliativos tienen un horario hasta las 4 p. m. de lunes a viernes; y cierran sábados, domingos y feriados. “¿Qué ocurre? Hay pacientes con necesidades importantes y lo que tienen que hacer es ir a un servicio de Emergencias y estos colapsan. Son pacientes que requieren atención cercana, cuidados cercanos especializados y muchas veces inclusive mueren en servicios de Emergencias. A nivel institucional y del Centro se quiere evitar eso y que el paciente fallezca en su casa, acompañado dignamente y con un equipo interdisciplinario que le ha dado seguimiento”, declaró Zecca.

“Necesitamos estrategias con las autoridades superiores para lograr implementar 24/7 en nuestra atención en cuidados paliativos a nivel de todo el país. No hay recurso humano para implementarlo, ni recursos económicos y posiblemente en infraestructura también existan debilidades”, dijo Zecca.

La doctora también reconoció que “está aumentando muchísimo la atención sobre todo de dolor crónico benigno y hay pacientes que tienen cita a 6 meses, a 9 meses, a 12 meses y solo funciona un médico de cuidados paliativos para toda un área de salud”.

Para solicitar la cita en el Centro, el paciente debe contar con una referencia emitida por un médico general o un especialista de la CCSS.

Involucrar a la comunidad

El pasado 18 de junio se realizó el conversatorio “Cuidados al final de la vida: una mirada desde la compasión”, organizado por la Cátedra Envejecimiento y Sociedad de la Facultad de Medicina de la UCR.

El decano de la Facultad resaltó el acompañamiento que la familia le puede dar al paciente, con la ayuda en estos procesos, el respeto a la autonomía y a las decisiones informadas. También destacó la importancia de los cuidados paliativos en reducir la incertidumbre de los pacientes —la soledad, la angustia y la incertidumbre—, así como de sus familiares. “La familia y la comunidad tienen que formar parte de este engranaje”, afirmó Morales.

Para el doctor Ernesto Picado, geriatra que creó la Fundación Partir con Dignidad, el cuidado paliativo “no es un tema de la Caja; es un tema social, es algo de la sociedad, nos va a afectar a todos, todos vamos a ser pacientes o vamos a ser familiares de pacientes”.

Picado destacó que Costa Rica tiene uno de los mejores cuidados paliativos del mundo; pero que, a pesar de eso, “las necesidades son muchísimas y hay que involucrar a la comunidad”.

Mientras que Gustavo Ulloa, jefe de sostenibilidad de Coopenae —que colabora con Partir con Dignidad en su proyecto de “Ciudades Compasivas”—, dijo que “en los barrios este es un tema que sigue siendo un tema duro; la gente está viviendo estos procesos en soledad”.

El proyecto de “Ciudades Compasivas» busca crear redes de apoyo y acompañamiento para pacientes con enfermedades avanzadas, dependencia o al final de su vida; por ejemplo, ir a la farmacia a recoger medicamentos o ir a hacer las compras para la persona enferma.

“Nos hemos volcado junto con la Fundación a generar espacios para sensibilizar, para capacitar, para que las comunidades, las personas, puedan volcarse a cuidar, a dar ánimo no solo al paciente, sino a su familia cercana, a su familia directa (…). No es medicar, es acompañar, escuchar, cuidar, abrazar”, agregó Ulloa.

“Cuando curar ya no es posible, cuidar es lo fundamental”, recordó la doctora Indira Zecca.


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El testimonio de Eugenia María Quesada Vargas se transmitió en el conversatorio el 18 de junio. (Imagen tomada de video Fundación Partir con Dignidad)

“Yo me paso pendiente del día en que me van a llegar a ver”

Doña Eugenia María Quesada Vargas, de 78 años, es paciente oncológica en la Caja Costarricense de Seguro Social (CCSS) desde hace un año y recibe apoyo en cuidados paliativos de la Fundación Partir con Dignidad.

Este es su testimonio, transmitido en el conversatorio el 18 de junio, donde destacó la importancia de la parte espiritual y del estado de ánimo.

“Cuando recibí el diagnóstico me golpeó, tuve miedo, tuve angustia; pero poco a poco fui entendiendo que también es una bendición para poder reevaluar la vida y eso me ha ayudado muchísimo”.

Después de recibir el diagnóstico de cáncer, doña Eugenia reunió a sus cuatro hijos y cinco nietos para enterarlos de su situación.

“Lógicamente cayó como una bomba el asunto. Pero después se recuperaron y tomaron conciencia de que cada uno de ellos tenía que ponerse la camiseta y estar con la mamá y estar con la abuela. Cada uno de ellos ha dado mucho apoyo, mucho cariño, todo el amor del que son capaces (…). Todos, absolutamente todos, han cerrado filas a mi alrededor, aportando cada uno lo que puede aportar. Siempre estoy acompañada, siempre estoy con la bendición de tenerlos aquí conmigo. Antes los veía menos. Bueno, una de las cosas maravillosas de la enfermedad fue que los veo casi todos los días, que eso es importante”.

“Al principio, los primeros meses, tal vez el tratamiento sí me afectó muchísimo. Me sentí muy débil, me sentí casi incapaz de llevar a cabo mis labores cotidianas, sin ganas de hacer nada, dormía poco, comía menos; pero poco a poco fui recuperándome y ahora soy una persona activa. Puedo decir que es muy poca la ayuda que necesito para cumplir mis funciones. Llevo una vida casi normal, lo único es que no puedo caminar mucho porque me agito, me da la tos, me fatigo. Pero además de eso, mi vida transcurre exactamente igual que antes”.

Doña Eugenia espera con ansias la visita domiciliar de la Fundación Partir con Dignidad, dijo.

“Verlos llegando para mí es importantísimo porque me transmiten esperanza, me transmiten paz. En aquel abrazo que me dan, yo siento calientito cuando me abrazan y entonces eso me hace desear seguir adelante. Por eso es importante el acompañamiento, un abrazo, una apretadita de mano, que uno sienta que es importante para las personas que lo rodean”.

“En este proceso, primero tener fe en un Dios todopoderoso y no cuestionarlo, sencillamente él sabe lo que hace porque él es Dios. Y luego, tener fe en las atenciones médicas que estoy recibiendo, la Caja tiene excelente atención para todos y la parte oncológica es de los mejores departamentos, de las mejores atenciones que uno puede recibir. Entonces, tengo esperanza, estoy tranquila, el estado de ánimo es muy importante, eso lo entendí, ese podría ser mi mensaje para las personas que están pasando por este mismo proceso. Nada de llorar, nada de depresiones, nada de que ‘ya me voy a morir’, no, vivamos, como me dice el doctor (Ernesto) Picado, vivamos un día a la vez, con esperanza, disfrutando lo más que se pueda”.



“Él no califica para cuidados paliativos”

Nidia Durán contó que su hermano Gilberto falleció hace dos años por complicaciones de la enfermedad neurodegenerativa ataxia de Friedreich.

“¿Cuál es el estado clínico en el que tienen que encontrar ustedes a un paciente para que reciba cuidados paliativos? Porque yo vi morir a mi hermano. Creo que muy amargamente recibí de cuidados paliativos una bofetada”, preguntó Durán al final del conversatorio del 18 de junio.

Según explicó la mujer, su hermano tenía 53 años y su situación era crítica. Tenía una sonda suprapúbica, úlceras cavernosas, ataxia de Friedreich en su etapa final, ya no comía, no se le podía poner sonda en el abdomen porque ya casi no tenía músculos y respiraba casi con sus músculos secundarios, afirmó.

Sin embargo, el médico le dijo a Durán que su hermano no calificaba para cuidados paliativos ni para un respirador artificial. “La Caja nunca aceptó que él era de paliativos”, declaró a este medio.

Durán lo cuidó hasta el último día. Según contó, él ya no podía tragar, ya no hablaba y únicamente se comunicaba con ella cerrando los ojos.

En la clínica les dijeron “ustedes tienen que prepararse psicológicamente porque él va a morir”, dijo Durán, quien hoy cuida de su papá de 93 años, y además de Gilberto también perdió a su hermano Dago de la misma enfermedad.


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