Cartas a Quito / 18 de mayo de 2026

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Jenny Martínez

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El valor de la recuperación​


Cuando se ha tenido que pasar por algún quebranto de nuestra salud y luego de que logramos recuperarnos, sentimos que nuestra vida se ha renovado completamente, es como que se hubiera vuelto a nacer, pues las incertidumbres y padecimientos que a lo mejor sufrimos se desvanecen cuando ya nos sentimos que volvemos a la normalidad.

Una situación como aquella nos hace pensar mucho sobre la brevedad de la vida y especialmente sobre la incertidumbre de lo que pueda sucedernos el día de mañana, sólo nuestra fuerte creencia religiosa en un ser superior, un Dios inconmensurable y si somos cristianos, con nuestra fe en nuestro Señor Jesucristo, nos mantiene serenos y tranquilos y vemos que Dios nos da una nueva oportunidad de seguir adelante y nos invita a que siempre estemos preparados para lo que pueda venir.

El momento actual que vivimos de tantas noticias desalentadores, incrementan mucho nuestra desazón y desesperanza, pues observamos tantos casos fortuitos de tragedias y novedades inesperadas, que momentáneamente nos paralizan y cuesta mucho trabajo recuperarnos, pero amerita volver a intensificar nuestra comunicación con Dios y reconocer que sólo con su presencia en nuestras vidas podemos recuperar nuestra paz y tranquilidad.

Debemos siempre despertarnos cada día con el optimismo de que vendrán días mejores y que por lo tanto procede aprovechar cada momento para vivirlo con buen ánimo y siempre pensando lo mejor, tanto en la salud, la economía, la prosperidad y especialmente el gozar de una paz y una tranquilidad, que siempre nos motive a caminar siempre hacia adelante, sin retroceder en ningún instante.

Nuestra fortaleza de ánimo siempre debe hacerse presente para sortear las adversidades y saber que al final nos sentiremos triunfadores y siempre deseosos de días mejores, pues no hay mejor cosa que la esperanza de un porvenir lleno de buenas cosas, tanto para nosotros mismos, nuestra familia más cercana como esposa, hijos, nietos, bisnietos, hermanos, cuñadas, nueras, yernos, sobrinos, primos, amigos muy preciados y todos a quienes conocemos, que en momentos de dificultad se han hecho presentes con su solidaridad, su preocupación y su cariño, como no agradecerlos eternamente.

Hernán Patricio Orcés Salvador

¿Cambiará la educación con la Evaluación de Desempeño Docente?​


La Evaluación del Desempeño Docente para profesores con nombramiento definitivo del sector público en Ecuador ha abierto un amplio debate: ¿cambiará la realidad educativa del país? Con años de experiencia en gestión educativa e investigación, no auguro que ocurra una mejora significativa, debido a los problemas de fondo que persisten desde décadas pasadas.

Como dice el dicho “por algo se empieza”, es positiva la iniciativa del INEVAL de liderar este proceso. Permitiría diseñar políticas públicas adecuadas y mejorar el desarrollo profesional del docente, bajo la premisa de que la calidad educativa es clave para el desarrollo del país.

Sin embargo, la pregunta del millón sigue siendo: ¿cambiará la realidad con esta evaluación? No avizoro cambios profundos. Desde hace décadas, los profesores a contrato tienen sueldos congelados, desactualizados frente a la economía actual, y en muchos casos carecen de estabilidad laboral.

Esta es la realidad de miles de docentes que esperan su nombramiento. Además, en las instituciones públicas muchas veces debemos ser “plata y persona”: de nuestro bolsillo sale para pagar servicio de internet e incluso para la adquisición de materiales didácticos para nuestros estudiantes.

Otro aspecto es la brecha digital, talón de aquiles de la educación pública, más grave en el sector rural, donde ni siquiera llega el agua, mucho menos la tecnología. Que los estudiantes aprendan con herramientas digitales en lugares remotos es un sueño que poco ha cambiado.

La Evaluación de Desempeño Docente es un avance, pero sin resolver temas puntuales como salarios congelados, falta de recursos y brecha digital, no transformará la educación. Se requieren políticas integrales con inversión real y condiciones dignas para los profesores.

Roberto Camana-Fiallos

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