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Álvaro Murillo
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Costa Rica es un país que, como pocos, depende de su imagen exterior. Con su tamaño, su producción basada en exportaciones e inversión extranjera y su dinámica industria turística ha construido por años una imagen basada en la estabilidad política, un ambiente de paz y vocación ambientalista. También el respeto por la institucionalidad democrática, el diálogo como forma política e incluso una seguridad jurídica y estándares sociales que, a pesar de algunos cuestionamientos, han resultado vitales para el desarrollo económico y la imagen “pura vida” en distintos espacios internacionales.
Todo esto lo sabe bien Manuel Tovar, ministro de Relaciones Exteriores, que viene de ser ministro de Comercio Exterior (2022-2026) y de trabajar antes por 10 años en asuntos de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) en cargos durante segmentos de los gobiernos de Laura Chinchilla, Luis Guillermo Solís y Carlos Alvarado. Ahora, sin embargo, es la cara visible del país y trata de acomodar la imagen tradicional del país con las realidades del momento, marcado por discursos o actos del chavismo que internamente son vistos como contradictorios por distintos informes, expertos y críticos.
Para Tovar lo que hay no es un avance de un proyecto autoritario que intenta erosionar los poderes ajenos a un liderazgo central y marcar una frontera entre “patriotas y traidores”, como se acusa al chavismo. Se trata, dice, de un momento “disruptivo” con un diálogo social duro al que el país no está acostumbrado, en un marco internacional de profundas transformaciones donde muchas cosas están sometidas a cambios profundos, dijo en entrevista para el diario internacional El País y este Semanario.
“Hay un rico debate sobre responsabilidades políticas, un rico debate sobre el buen manejo de las finanzas del Estado como un todo, pero también hay una tremenda amenaza hemisférica por la fuerte presencia del crimen internacional y conflictos en diferentes partes del mundo frente la erosión de un sistema internacional que para nosotros es existencial”, dice, defendiendo aún la necesidad de un multilateralismo bajo ciertas condiciones.
No podía ser distinto para el vocero de un Gobierno que quiere colocar en la secretaría general de Naciones Unidas a la costarricense Rebeca Grynspan. Esa, dice, es la mayor prueba de que el gobierno de Laura Fernández sí cree en el sistema multilateral, pese a cuestionamientos recientes de ella contra temas que se discuten en esos foros, y la decisión de no ir a la Asamblea General dentro de unas semanas.
La diferencia está, dice Tovar, en quitarle romanticismo al ámbito multilateral e inyectarle pragmatismo. “Nuestra política exterior evidentemente es fiel a su ADN, pero tiene un enfoque pragmático y realista. No será una política exterior no ortodoxa ni romántica, porque eso no nos conduce a ningún lado. Nos guste o no nos guste, el mundo ha cambiado y Costa Rica se tiene que adaptar”, dijo el ministro dejando atrás el idealismo que también ha sido parte de las banderas nacionales y acercándose más a líneas internacionales del momento sobre la preponderancia de quienes tienen el poder.
Con respecto a Costa Rica, intenta darle una explicación en clave de transformación: “estamos atravesando un momento político disruptivo que inició hace cuatro años. Hay una nueva era en la forma en que se conduce el debate nacional y en el cual se busca gerenciar el Estado (…), en el cual posiblemente se habla con más franqueza de la que estamos acostumbrados los costarricenses, con más crudeza” contesta. Después advierte que, no obstante, “Costa Rica sigue siendo el país que somos”, o eso piensa él como encargado de “resguardar esa percepción que se tiene sobre Costa Rica”.
Esto pasa por el sistema multilateral que sufre su propia crisis, pero que es “existencial” para Costa Rica y por eso aboga por reformas para que siga habiendo un orden internacional. “Cuando un perro tiene pulgas hay que matar a las pulgas, no al perro”, dice utilizando una frase que bien podría aplicarse a numerosas discusiones nacionales sobre las instituciones internas.
¿Qué cabida tienen entonces los derechos humanos, la paz y el desarme? Contesta con una frase en inglés: “that’s a given (se da por sentado); es inherente, arraigado en la política exterior. Seguiremos siendo ese faro, pero desde una perspectiva no romántica, sino pragmática”, insiste. No menciona cómo encaja el activismo pro derechos humanos ante la influencia de sectores conservadores evangélicos que rechazan ese discurso. O cómo calza con el fuerte acercamiento del Gobierno con el estado de Israel, después de estos tres años de ataques sistemáticos contra sus vecinos palestinos y la persistencia de discursos de odio desde instancias oficiales. Desde el 2025 el entonces presidente Rodrigo Chaves contestó con desdén y sarcasmo la pregunta sobre las miles de muertes de palestinos.
Incluso la presidenta Laura Fernández dijo en mayo a su homólogo, Isaac Herzog, que está decidida a hacer el simbólico traslado de la embajada costarricense desde Tel-Aviv a Jerusalén, decisión que, sin embargo, Tovar señala como posible, no definitiva aún. El gesto costarricense podría ser observado por la comunidad internacional y traer algún apuro a la candidatura de Grynspan, aunque Tovar sostiene que ya hay apoyo de países musulmanes, cuyos nombres prefirió no revelar.
¿Pero por qué tan intensa relación con Israel? El canciller lo defiende con el argumento de que así ha sido siempre, desde la fundación del Estado de Israel en el año 1948. En este tema no se aplica el usual discurso chavista de romper con lo tradicional o de acusar a la política de décadas atrás de beneficios privilegiados o anomalías ideológicas. Tovar más bien señala que esa relación cercana se interrumpió en 2007, en referencia a la decisión de Óscar Arias de retirar de Jerusalén la representación costarricense como un gesto dentro de la política de acercamientos con países árabes, con los cuales ahora Costa Rica mantiene una relación más fuerte.
El tema Israel, como factor de la discusión internacional y de asuntos de Naciones Unidas, no deja de ser un factor en la elección de Grynspan, más allá pertenecer a la comunidad judía, un asunto que Tovar asegura que no debería ser relevante en su objetivo de ser secretaria general de Naciones Unidas. Por el momento se sienten optimistas por los primeros resultados favorables para la costarricense después de una campaña que ha implicado decenas viajes con financiamiento ajeno al Gobierno.
“Se lo tendría que preguntar a ella (…). Nosotros hemos apoyado a una persona de nacionalidad costarricense para dirigir la ONU, pero doña Rebeca se financia, se organiza y se gestiona su propia agenda. Hay algunos países que tal vez contribuyen, no lo sé, pero nosotros no tenemos los recursos y no creo que sea una obligación de ningún canciller (saber cómo se financia una candidatura oficial)”, dijo Tovar, subrayando que ella es “una persona de naturaleza privada” ajena al Gobierno.
El Canciller entiende que nada garantiza aún el triunfo de Grynspan. Va bien, pero el entorno es complejo e incluso cambiante. El debate internacional se atiza además con las intervenciones de Donald Trump, el señalado aliado de Costa Rica, que sin embargo no salvó a las exportaciones ticas de la temida subida de aranceles y que aún no ha aceptado al vicepresidente Douglas Soto como embajador en Washington, aunque así fue anunciado por Fernández desde el 5 de mayo. Trump, por ejemplo, ha llamado a los países amigos a salirse de la Corte Penal Internacional (CPI), una propuesta que Costa Rica no acepta, advirtió Tovar.
La entrada Canciller ve como “disruptivo” el crítico momento del país y cree que hay “un rico debate” aparece primero en Semanario Universidad.
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