Bolivia: el país que mira pasar los trenes mientras discute bloqueos

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Shirley Ibañez

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Hay países que construyen futuro. Y hay otros… que construyen bloqueos. Mientras Perú, Brasil, Paraguay y Chile están discutiendo corredores bioceánicos, puertos inteligentes, cadenas logísticas, integración energética y financiamiento chino, Bolivia sigue atrapada en el campeonato mundial del conflicto estéril, donde cualquier sindicato con petardos, piedras y megáfono puede paralizar una nación entera como si administrar un país fuera una competencia de chantaje callejero.
Y lo más trágico no es el caos. Lo más trágico es que tenemos la oportunidad geográfica más importante de Sudamérica… y aun así seguimos actuando como un país condenado a la improvisación.
Porque seamos claros: si existe un territorio naturalmente diseñado para unir el Atlántico con el Pacífico, ese es Bolivia, no Perú, no Paraguay… no el norte argentino, es Bolivia, por ubicación, por distancias logísticas, por conectividad natural y hasta por costos financieros.
Pero claro… hay un pequeño detalle que espanta más inversionistas que cualquier crisis internacional: nosotros mismos. Porque mientras afuera hablan de interoperabilidad ferroviaria y corredores continentales, aquí seguimos debatiendo si un grupo de iluminados puede o no cerrar carreteras durante semanas para “hacer escuchar sus demandas”, como si destruir la economía fuera una expresión cultural protegida por patrimonio sindical.
Y así vamos. Un país sentado sobre una mina de oro logística… administrado con mentalidad de bloqueo.
El continente ya entendió hacia dónde va el mundo. Brasil y Perú ya dejaron de discutir relatos ideológicos y comenzaron a mover piezas geopolíticas reales. El proyecto ferroviario Perú–Brasil no es una simple línea férrea, es una declaración brutal de visión estratégica.
Más de 1.600 kilómetros proyectados, decenas de miles de toneladas diarias, puertos gigantescos, interés chino e integración comercial con Asia.
Mientras tanto, nosotros seguimos creyendo que el desarrollo llega haciendo marchas, ampliados y conferencias de prensa donde todos hablan de soberanía… usando micrófonos importados y celulares chinos.
Perú entendió algo que Bolivia todavía no termina de asumir: los países no se desarrollan por discursos patrióticos, se desarrollan conectando mercados. Y Brasil entendió algo todavía más duro: si Bolivia no garantiza estabilidad, simplemente la rodean.
Así de simple. Los trenes no tienen ideología, tienen rutas eficientes. El problema no es ferroviario… es mental
Bolivia tiene ventajas que ningún otro país posee: conexión natural entre océanos, infraestructura ferroviaria operativa, experiencia acumulada, menor distancia logística y ubicación estratégica continental.
Pero tenemos una enfermedad nacional: la incapacidad de convertir ventajas en proyectos de Estado. Aquí todo termina contaminado por pelea política, regionalismo, mezquindad, burocracia y esa costumbre absurda de destruir lo poco que funciona solo porque alguien tiene éxito.
Porque en este país pareciera que administrar bien fuera sospechoso. Y aquí aparece la verdad incómoda… Si Bolivia quiere volver al centro del mapa bioceánico, no puede improvisar operadores ferroviarios ni convertir el tren en otro botín político administrado por “compañeros” que jamás manejaron ni una bicicleta logística.
Y guste o no guste, las únicas empresas que hoy tienen: experiencia real, conocimiento operativo, infraestructura, capacidad técnica, personal especializado, y, más de 30 años administrando ferrocarriles en Bolivia… son Ferroviaria Oriental y Ferroviaria Andina.
Mientras algunos descubren el ferrocarril en PowerPoint… ellas llevan décadas moviendo carga real. Y esa diferencia es gigantesca.
Porque diseñar un corredor bioceánico no es hacer un TikTok patriótico con drones y música épica. Es entender: trazos, pendientes, costos, conectividad, carga, mantenimiento, interoperabilidad, financiamiento y sostenibilidad logística. Cosas aburridas para el político populista… pero fundamentales para el inversionista serio.
El verdadero riesgo es que nos conviertan en un país decorativo Y aquí está el drama que pocos quieren admitir: Si Perú, Brasil, Paraguay y Chile consolidan corredores alternativos, Bolivia puede terminar convertida en un hermoso punto geográfico… completamente irrelevante para el comercio mundial. Una especie de “centro del continente” al que nadie entra. Como esos pueblos viejos donde antes pasaba el tren… hasta que cambiaron la ruta y quedaron viviendo de recuerdos.
La pregunta final ¿queremos ser el eje de integración continental… o el país que veía pasar oportunidades mientras discutía bloqueos y discursos revolucionarios de los años 70?
Porque el tiempo geopolítico no espera. Y el Gobierno lo sabe. Por eso, más allá de las diferencias políticas, corresponde reconocer y aplaudir la iniciativa del gobierno de Rodrigo Paz Pereira de comenzar a avanzar en diagnósticos, estudios técnicos y plazos concretos para devolverle al país una visión estratégica de integración ferroviaria antes que los trenes terminen pasando por otros lados y Bolivia quede mirando desde el andén de la frustración.
Porque está ya no es una discusión ideológica. Es una carrera contra el tiempo. Y en geopolítica, los países que dudan demasiado terminan convertidos en territorios que otros rodean.
Bolivia todavía tiene la oportunidad de convertirse en el corazón logístico de Sudamérica. Pero para lograrlo necesita algo más importante que discursos patrióticos: decisión, estabilidad, planificación y la capacidad de entender que el futuro no espera a quienes viven atrapados en el conflicto permanente.
Porque los trenes del desarrollo no anuncian su regreso dos veces.

*Es escritor y analista político

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