Basura orgánica y gas metano, atacantes silenciosos del clima

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Alis Fernández

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Las lluvias de la última semana han vuelto a poner en evidencia la crisis de la basura en Panamá, con ríos y quebradas que arrastran desechos de todas las formas y tamaños. Pero en el país existe otro problema, menos visible pero igual de dañino: la disposición incorrecta de los residuos orgánicos.

Este problema, que también crece con cada bolsa mal gestionada, provoca la generación de gas metano, un gas de efecto invernadero que, a su vez, incide de forma directa en el cambio climático.

[IMG alt="Entre un 33% y un 40% de los deshechos sólidos del país son residuos orgánicos.
Foto/Cortesía"]https://www.prensa.com/resizer/v2/6...495c0&smart=true&width=8660&height=5773[/IMG]
De acuerdo con un informe elaborado por la Fundación de Acción Social (FAS) Panamá, en el país se generan cerca de 5 mil toneladas de basura al día, de las cuales entre un 33% y un 40% son desechos orgánicos. Sin embargo, lo más preocupante es que solo unas 11,147 toneladas al año, es decir, alrededor del 3%, se aprovechan mediante compostaje y otras alternativas.

El informe Diagnóstico de la Gestión de Residuos Orgánicos en Panamá también deja ver cómo la mayor parte de este tipo de desechos termina en vertederos, donde su descomposición produce gas metano. Según el estudio, el sector residuos representó el 39% de las emisiones de metano del país.

Este gas tiene un potencial de calentamiento global hasta 87 veces superior al del dióxido de carbono.

Gases metano incrementan el cambio climático y forman parte de los gases de efecto invernadero.

El metano representa un peligro silencioso para el medio ambiente, ya que incrementa los gases de efecto invernadero y contribuye al calentamiento global, lo que se traduce en olas de calor más intensas, sequías, lluvias más fuertes e inundaciones.

Separación en la fuente​


De acuerdo con Amanda Piedrahita, experta en el tratamiento de residuos orgánicos, cerca del 50% de los residuos producidos en los hogares panameños corresponde a basura orgánica. Señala que, aunque cada vez hay más conciencia sobre el reciclaje, el punto débil sigue siendo la correcta disposición de este tipo de desechos.

En el país no se cuenta con la infraestructura ni las iniciativas suficientes para el compostaje o la digestión de residuos. A pesar de que, según el informe, los pocos proyectos piloto han demostrado ser viables, estos no han sido replicados.

Además de los efectos climáticos, estos gases tienen efecto en la salud humana.

La experta indicó que la iniciativa que lidera cuenta con 250 usuarios y que, solo con los residuos generados por ellos, durante 2025 se logró dar tratamiento a unas 60 toneladas.

Piedrahita explicó que una de las formas de tratar correctamente estos residuos es mediante el compostaje, un proceso que permite transformarlos en abono y evitar que terminen en vertederos.

Disposición final​


La gran mayoría de estos residuos termina en vertederos. En el estudio de la FAS se identificaron 63 sitios de disposición, y una gran parte de ellos no cuenta con sistemas básicos de control para recibir desechos.

Asimismo, se señala que en el 82% de estos lugares se registran quemas frecuentes para reducir el volumen de basura, lo que incrementa la contaminación atmosférica.

El 82% de estos lugares se registran quemas frecuentes.

Piedrahita explicó que muchos residuos son compostables, como frutas, vegetales, café, bolsas de té, cáscaras de huevo, papel toalla y servilletas. Sin embargo, otros como carnes, aceites, líquidos, arroz y pan requieren un tratamiento especial.

En el país también existen iniciativas como la mosca soldado negro, una tecnología de bioconversión que transforma los residuos orgánicos en proteína para alimentación animal y en un residuo sólido aprovechable.

No solo el clima, también la salud​


Según el informe, una reducción del 45% de las emisiones de metano podría prevenir hasta 255 mil muertes prematuras por enfermedades cardiorrespiratorias y evitar unas 755 mil consultas médicas relacionadas con el asma cada año.

Gobernanza​


Mediante la Ley 276 de 2021 sobre gestión integral de residuos, el Estado panameño busca establecer principios como la clasificación en origen, la responsabilidad extendida del productor y la valorización de los residuos orgánicos. Sin embargo, su reglamentación aún está pendiente.

Esto limita la creación de una cultura más sólida en torno a la correcta disposición de los residuos, ya que, aunque existen iniciativas en el país, en su mayoría son de carácter privado.

En conversación con La Prensa, Marisol Landau, una de las responsables del informe, señaló que es importante la participación del estado con iniciativas que incentiven a la comunidad, más aún si se toma en cuenta que el proceso de tratamiento de este tipo de residuos es más compleja que la del reciclaje.

La falta de iniciativas estatales dificulta el tratamiento de este tipo de deshecho y a pesar de que existe una ley, la misma no ha sido reglamentada.

A pesar de contar con un marco legal que apunta hacia una gestión más sostenible, la falta de reglamentación y ejecución mantiene estancados los avances.

La gestión de residuos en Panamá continúa dependiendo, en gran medida, de esfuerzos aislados y privados, sin una estrategia nacional articulada. En ese vacío, el país no solo pierde oportunidades de aprovechamiento, sino que también profundiza un problema ambiental que exige respuestas urgentes desde todos los niveles.

Cada lluvia trae lo que ocurre a la superficie, pero el impacto más grave continúa desarrollándose en silencio, con emisiones que aceleran la crisis climática y riesgos que ya comienzan a reflejarse en la salud de la población.

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