Bajo un blindaje militar y máxima tensión: Así fue el entierro de ‘El Mencho’ en Guadalajara

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Ana Lucía Freire

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En un escenario que combinó la opulencia con un despliegue bélico sin precedentes, Nemesio Oseguera Cervantes, alias “El Mencho”, fue sepultado este lunes 2 de marzo de 2026 en el municipio de Zapopan, Jalisco. El líder del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG), quien fuera el hombre más buscado por México y Estados Unidos, recibió el último adiós en el cementerio Recinto de la Paz, tras haber sido abatido el pasado 22 de febrero en un operativo militar en Tapalpa.

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El traslado del féretro, un ataúd de color oro, recorrió 23 kilómetros desde una funeraria en la colonia San Andrés hasta el camposanto. La ‘procesión’ fue custodiada por un imponente operativo de la Guardia Nacional, el Ejército Mexicano y la policía estatal, mientras helicópteros sobrevolaban la zona. A su llegada, una banda de música regional interpretó temas como “El muchacho alegre”, mientras tres grúas transportaban decenas de arreglos florales, entre los que destacaban coronas de rosas blancas con las siglas “CJNG” y figuras de rosas rojas en forma de gallo, en alusión a su apodo: “El Señor de los Gallos”.

Tensión en la sede mundialista​


A pesar de la magnitud del despliegue, el hermetismo oficial persiste. Ninguna autoridad federal ha confirmado públicamente que los restos en el ataúd dorado pertenezcan al capo, lo que ha incrementado la incertidumbre en Guadalajara. Esta ciudad, que será una de las sedes del Mundial de Fútbol 2026 en apenas 100 días, vive momentos de zozobra tras los disturbios y el “Código Rojo” decretado recientemente por el gobernador Pablo Lemus.

La muerte de Oseguera, de 59 años, desató una respuesta violenta de sus aliados, provocando bloqueos, incendios de negocios y ataques directos a las fuerzas de seguridad. El saldo de los enfrentamientos tras el operativo es devastador: las autoridades reportan el fallecimiento de 25 miembros de la Guardia Nacional y más de 30 integrantes del CJNG.

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Un adiós vigilado​


Incluso durante el sepelio, la violencia no dio tregua. En otros puntos de Guadalajara se registraron balaceras e intentos de quema de vehículos que fueron desactivados por la policía. El control en el cementerio fue absoluto; militares y tanquetas vigilaron cada acceso, mientras los residentes de la zona observaban con temor el fin de una era criminal que ha dejado una huella de sangre en el occidente de México.

Información externa Nemesio Oseguera Cervantes


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