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Fabiola Pomareda García
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Los indígenas Ngäbe-Buglé que cruzan desde Panamá para laborar en la cosecha de café en la región de Coto Brus lo hacen en jornadas laborales agotadoras, con bajos salarios, viviendo en “baches” insalubres, muchos de ellos sin electricidad ni agua potable, como resultado de una “discriminación sistémica”, según denunció una reciente investigación.
El reporte Behind Costa Rica’s ‘pura vida’: Bitter exploitation of Indigenous Migrants Harvesting Coffee (Detrás del “pura vida” en Costa Rica, explotación amarga de migrantes indígenas que cosechan café), publicado por la organización de vigilancia sin fines de lucro Coffee Watch, fue realizado durante diciembre de 2025 por los investigadores Samira Tella, Etelle Higonnet y Joy Wahba, con fotografías de Michele Zousmer.
Este destaca que en años recientes la producción cafetalera del país ha caído debido a los crecientes costos, la volatilidad del precio del café, la escasez de mano de obra y el cambio climático y que esto ha estimulado una dependencia abrumadora en trabajadores migrantes mal pagados, muchos de los cuales son indígenas Ngäbe Buglé que ingresan desde Panamá por vías no oficiales.
El número de productores de café del país se redujo casi en un 50% entre 2015 y 2025, según datos del Departamento de Agricultura de Estados Unidos, incluidos en el estudio.
En la región de Coto Brus, el área de producción de café se redujo de 10.200 hectáreas en 2003 a 8.810 en 2022; mientras que el número de productores de café disminuyó de 6.400 en 2003 a 1.254 en la cosecha 2024-2025, según datos del Instituto del Café de Costa Rica (Icafé) y de la investigación “Construyendo un futuro resiliente al clima para las comunidades cafetaleras de Costa Rica: Un caso de estudio de la región de Coto Brus”.
Entre 10.000 y 20.000 indígenas Ngäbe-Buglé cruzan anualmente la frontera desde Panamá, para recolectar café. (Foto: Michele Zousmer/Coffee Watch)
El trabajo del médico Pablo Ortiz Rosés
Entre 2012 y 2018, Coffee Watch realizó un trabajo colaborativo de investigación con el médico Pablo Ortiz Rosés, quien fue director del Área de Salud de Coto Brus de la Caja Costarricense de Seguro Social (CCSS), y trabajó durante 36 años directamente con la comunidad Ngäbe-Buglé.
De esa investigación se desprendieron denuncias sobre las privaciones que enfrentan niños y adultos en las cosechas de café, tras lo cual el Departamento de Trabajo de EE. UU. emitió un reporte con recomendaciones para el país, que impulsaron ciertos cambios. Asimismo, la discusión y posterior consulta con líderes indígenas contribuyó al lanzamiento del programa de Casas de la Alegría, un modelo de centros de cuido infantil para los hijos de los recolectores temporales de café.
Sin embargo, después de la muerte de Ortiz en 2024, surgieron preguntas sobre qué continuidad se le estaba dando a las Casas de la Alegría, lo cual motivó la investigación realizada en Coto Brus en diciembre de 2025, que culminó con este reporte.
La investigación incluyó entrevistas y consultas con los migrantes, organizaciones que trabajan en la zona, integrantes de la comunidad y líderes locales; sin embargo, se aclara que “debido a inquietudes en materia de seguridad, el equipo de investigación de Coffee Watch fue forzado a terminar su trabajo de campo antes de lo previsto y abandonar la zona”. Algunas de estas consultas tuvieron que ser realizadas posteriormente, se aclaró.
Precariedad laboral en mano de obra esencial
Se estima que entre 10.000 y 20.000 indígenas Ngäbe-Buglé cruzan anualmente la frontera desde la Comarca, en Panamá, para laborar en la cosecha de café en Costa Rica, señala el estudio.
De acuerdo con la investigación, a estos trabajadores se les paga por “cajuela” o por “fanega”, en efectivo, dependiendo de su productividad. La jornada laboral depende de las horas de luz, lo que implica que a menudo están trabajando “12 horas al día, seis días a la semana durante la cosecha”, cuando la legislación laboral nacional exige una jornada máxima de ocho horas al día y 48 horas a la semana, indica.
Según el Ministerio de Trabajo y Seguridad Social (MTSS) el pago mínimo a recolectores por cajuela es ₡1.165,11 (alrededor de $2,35). Pero el reporte afirma que en la realidad solo trabajando toda la familia completa pueden ganar un salario digno. “Para maximizar la cantidad de café recolectado, las familias empiezan la faena al salir el sol, alrededor de las 4 a. m., y siguen hasta que oscurece, sin comer, sin bañarse y sin usar el baño”, señala el reporte.
Se calcula que una persona recolectora puede llenar entre ocho y diez cajuelas de café al día.
La investigación también resalta el trabajo infantil por parte de menores Ngäbe-Buglé y se enfoca en las fallas del Gobierno y de la industria en respetar los derechos laborales de los trabajadores, así como también de sus hijos. Enfatiza en que “hay menores trabajando o viviendo en condiciones inseguras e insalubres para su edad en estas fincas cafetaleras, por la incapacidad del Gobierno y de la industria de invertir en algún tipo de guardería y en pagar a sus padres un salario digno”.
Por ejemplo, los investigadores encontraron a una menor de ocho años cuidando de un bebé y de otro hermanito menor en un cuarto, esperando a que la familia regresara de la cosecha a las 5 p. m. o 6 p. m.
Las condiciones de vida inaceptables en los “baches” son expuestas en el informe. Según se explica, los dueños de las fincas están obligados por ley a proveer a los trabajadores electricidad, servicios sanitarios, agua potable y condiciones de vivienda adecuadas.
Sin embargo, en la mayoría de estos sitios se encontró hacinamiento, suciedad, y un limitado acceso a agua potable, electricidad y sanitarios.
Por ejemplo, en una finca los cuartos estaban construidos a base de tarimas de madera y los fogones estaban a un metro de donde dormía la gente. La propiedad no tenía electricidad y aunque había pilas y tuberías, no había agua, por lo que los trabajadores debían subir el agua desde un río que corría en la parte baja de la montaña.
El Ministerio de Salud es el responsable de inspeccionar los baches; no obstante, aparentemente la institución no tiene la capacidad para visitar las 3.000 fincas cafetaleras que existen en Coto Brus, planteó el reporte.
En la región de Coto Brus, el número de productores de café disminuyó de 6.400 en 2003 a 1.254 en la cosecha 2024-2025. (Foto: Michele Zousmer/Coffee Watch)
En vulnerabilidad por situación migratoria
En el país existen regulaciones de parte del Instituto del Café de Costa Rica (Icafé) y el Gobierno tiene mecanismos como el Protocolo de Ingreso de Mano de Obra Temporal y el Sistema de Trazabilidad Laboral Migratoria (Sitlam), para emitir documentación que brinde estatus legal temporal y acceso a servicios de salud a estos trabajadores.
Pero la investigación asevera que hay una población significativa ingresando al país por vías informales, sin registro alguno. “La policía de migración confirmó que los trabajadores que ingresan por el puesto fronterizo de río Sereno reciben documentación formal; pero los que entran por la montaña en horas cuando el puesto está cerrado o por La Unión —en el distrito de Sabalito— no reciben documentación.
“Muchos dueños de fincas cafetaleras emplean trabajadores sin contratos formales y sin solicitar ningún tipo de documentación”, afirmó el reporte de Coffee Watch.
Icafé alega que no existe relación laboral
Ante consulta de UNIVERSIDAD, el Icafé afirmó que “no existe relación laboral entre un recolector y una persona productora” porque el Código Laboral establece que toda relación laboral requiere la presencia de la prestación de un servicio, remuneración y subordinación, y que en este caso la actividad tiene un “carácter impersonal e informal”.
Esta interpretación legal de Icafé se fundamenta, entre otras cosas en que hay una falta de arraigo porque el recolector “hoy recolecta en una finca, pero al día siguiente recolecta en la finca vecina”; no existe horario de entrada; la cultura dispone que la recolección puede ejercerla cualquier persona, sin perjuicio de edad; no hay una sujeción horaria; y no hay pago fijo (es consecuente a la cantidad de cajuelas).
Asimismo, citó que los recolectores no perciben salario o sueldo, por lo que se excluyen de la obligación de aseguramiento ante la Caja y que existe una “absoluta ausencia de subordinación”.
Según el Icafé, ellos no tienen responsabilidad legal para verificar el monto establecido por el MTSS para el pago de la cajuela, pues eso les corresponde a otras autoridades; pero expuso que, conociendo la realidad del sector y la competencia por mano de obra recolectora, los productores siempre pagan mucho más de ₡1.165, en ocasiones hasta ₡2.000 en etapas de granea y repela y de más de ₡1.500 en el centro de cosecha.
Ante la denuncia de Coffee Watch, el Icafé manifestó que son el único sector agrícola del país y mundialmente reconocido que asegura la mano de obra migrante recolectora, tanto en Salud y Maternidad como en Riesgos del Trabajo y que apoya el proyecto interinstitucional público-privado de Casas de la Alegría, que protege a los niños durante la jornada laboral de sus padres.
“Estos esfuerzos se dan gracias al aporte de cada productor de café del país, por lo cual hacemos un llamado a cumplir con todos los pasos establecidos por la legislación nacional vigente incluidos en el protocolo de ingreso y así evitar que surjan casos aislados que puedan comprometer la buena reputación y trabajo de este sector que genera economía, identidad y cultura al país”, afirmó el Instituto.
(Foto: Michele Zousmer)
Ministerio investiga denuncia
Este medio envió preguntas al MTSS sobre la investigación referida. Al consultar de forma específica si ha recibido denuncias sobre la situación descrita en el reporte, la Dirección Nacional de Inspección (DNI) afirmó que recibió una denuncia relacionada con el sector cafetalero, la cual fue presentada en abril de este año y actualmente se encuentra en trámite.
“Al tratarse de un expediente en curso, no es posible brindar mayores detalles sobre su contenido, en resguardo del debido proceso y la confidencialidad de la investigación”, se indicó.
La DNI aseguró que para el año 2026 se cuenta con una programación de operativos de inspección en distintas zonas productoras de café del país. “Estas intervenciones tienen como finalidad verificar el cumplimiento de la normativa laboral, las condiciones de trabajo, el respeto de los derechos laborales y demás obligaciones patronales previstas en la legislación vigente”, resaltó la Dirección.
Asimismo, indicó que la labor de la Inspección de Trabajo no se limita a la atención de denuncias, sino que también desarrolla acciones preventivas y de fiscalización mediante inspecciones de oficio y operativos previamente planificados, con el objetivo de promover el cumplimiento de la legislación laboral, prevenir vulneraciones a los derechos de las personas trabajadoras y fortalecer la tutela efectiva de dichos derechos en sectores prioritarios, entre ellos el sector cafetalero.
Según los investigadores de Coffee Watch, los ministerios encargados del tema laboral, migratorio y de salud “han fallado en proteger los derechos y el bienestar de los migrantes Ngäbe-Buglé”. “Lo que prometen o claman hacer en papel no calza con la realidad que se vive en el campo”, afirmaron.
Asimismo, insistieron en que la industria global del café, que asciende a $450 billones, también debe asumir responsabilidad en combatir el abuso y la explotación laboral “dado que se beneficia de los abusos a estos trabajadores en Costa Rica y otras partes del mundo”.
La entrada Amarga cosecha: denuncian explotación laboral de indígenas Ngäbe-Buglé en fincas cafetaleras de Coto Brus aparece primero en Semanario Universidad.
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