América para Donald Trump

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Manuel Bermúdez

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Entre las 2 y las 3 a.m. de el sábado 3 de enero, las fuerzas armadas de Estados Unidos (EE.UU.) atacaron Venezuela con una serie de bombardeos que culminaron con el ingreso de fuerzas especiales que secuestraron al presidente Nicolás Maduro y su esposa, la diputada Cilia Flores.

“Venezuela rechaza, repudia y denuncia ante la comunidad internacional la gravísima agresión militar perpetrada por el Gobierno actual de los Estados Unidos de América contra territorio y población venezolanos”, decía un comunicado del gobierno del presidente Nicolás Maduro, emitido esa misma madrugada.

Maduro declaró “el estado de Conmoción Exterior en todo el territorio nacional, para proteger los derechos de la población, el funcionamiento pleno de las instituciones republicanas y pasar de inmediato a la lucha armada”, prosiguió el documento leído en cadena nacional.

“Mi propia moralidad. Mi propia mente. Es lo único que puede detenerme. No necesito derecho internacional”, Donald Trump

Pero menos de dos horas después era apresado por fuerzas especiales junto con su esposa.

Trump aseguró más tarde que estaba dormido y no había tenido tiempo de esconderse tras una puerta blindada, pero el comunicado enviado desmentiría esa versión.

Cabe aclarar que los $50 millones ofrecidos por información que llevara a la captura de Nicolás Maduro corrieron la misma suerte que los 10 mil maravedís de Rodrigo de Triana. En la conferencia de prensa inmediata a la operación en Venezuela, tanto el presidente Trump como el secretario de Estado alegaron que no se los darían a nadie.

Según dijo Pamela Bondi, fiscal general de EE.UU., los soldados los trasladaron a EE.UU. para abrirles una causa en el Distrito Sur de Nueva York (NY). La fiscalía acusó a Maduro de dirigir el “Cártel de los Soles”, incluido en su lista de organizaciones “terroristas”.

El balance oficial da cuenta de al menos 100 muertos. En ese ataque murieron unos 55 uniformados, incluidos 32 cubanos, del esquema que custodiaba a Maduro.

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Tras varias horas de incertidumbre, Trump publicó en su propia red social la fotografía del presidente venezolano Nicolás Maduro detenido por las fuerzas especiales cuando lo trasladaban al buque militar Iwo Jima.

La salida fácil del caso débil

Maduro es llevado a los tribunales de NY. Se le formulan cargos a él y a su esposa por: conspiración narcoterrorista, conspiración para importar cocaína, posesión de ametralladoras y dispositivos destructivos, y conspiración para poseer ametralladoras y dispositivos destructivos contra Estados Unidos.

Sin embargo, dos días después, el mismo departamento de Justicia se retractaba de acusar al presidente venezolano de dirigir un cártel de la droga llamado “Cártel de los Soles”, ya que dicha entidad no existe.

Según informó el New York Times, “se remonta a la acusación de Maduro ante un gran jurado en 2020, redactada por el Departamento de Justicia. En julio de 2025, el Departamento del Tesoro copió texto de ella y designó al Cártel de los Soles como organización terrorista. En noviembre, Marco Rubio, secretario de Estado y asesor de seguridad nacional del presidente Trump, ordenó al Departamento de Estado que hiciera lo mismo”.

En su comparecencia el lunes 5 ante el juez Alvin Hellerstein para escuchar los cargos, Maduro se declaró no culpable, pero aprovechó para decir que era un hombre decente e inocente, que seguía siendo presidente de su país y que había sido secuestrado y que tenía algún tipo de lesiones.

Su abogado es el penalista Barry Pollack, quien fue defensor de Julian Assange. La próxima audiencia será el 17 de marzo, pero parece que el caso se debilita. Mientras, con Caracas parece que las cosas van más fluidas.

Tras asumir, por orden del Tribunal Supremo, la vicepresidenta Delcy Rodríguez, de forma interina, pues se sigue considerando a Maduro como presidente legítimo secuestrado en EE.UU., se iniciaron negociaciones.

Inicialmente el presidente Trump amenazó con un nuevo ataque si no se hacía lo que él quería, pero, al día siguiente, en una votación del Senado, donde se sumaron a los demócratas varios republicanos, se le prohibió volver a hacerlo sin un permiso explícito del Congreso.

“El acercamiento entre Washington y Caracas podría traducirse en una flexibilización de las sanciones, la restauración de las exportaciones petroleras y los flujos de divisas”, afirmó Alejandro Grisanti, director de la consultora Ecoanalítica a AFP.

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El destino de América Latina se define en su relación con las dos mayores potencias del mundo, que Washington considera excluyentes.

Reacción de Rusia y China

Rusia condenó el mismo 3 de enero la acción militar de Estados Unidos en Venezuela y exigió que Washington libere al presidente Nicolás Maduro y a su esposa.

“Pedimos firmemente a las autoridades estadounidenses que reconsideren su postura y liberen al presidente legalmente electo del país soberano y a su esposa”, señaló el Ministerio ruso de Relaciones Exteriores de Rusia en un comunicado.

“Los pretextos utilizados para justificar tales acciones son insostenibles. La hostilidad ideológica triunfó sobre el pragmatismo de negocios”, sostuvo la cancillería.

El Ministerio de Relaciones Exteriores de China instó el domingo a Estados Unidos a “liberar inmediatamente” a Maduro y a su también detenida esposa, y a desistir de sus planes de “derrocar al Gobierno de Venezuela”.

Por el respeto a la autodeterminación de las naciones, como eje principal de sus relaciones exteriores, China no puede ni pretende interferir, pero exige el respeto del derecho internacional. Cada país tiene el derecho a escoger sus socios y sus relaciones con otros países, pero esas relaciones deben sostenerse sobre la base del respeto.

“Se lo dije a China y a Rusia: ‘Nos llevamos muy bien con ustedes. Los apreciamos mucho. No los queremos allí’”, declaró Trump durante una reunión con ejecutivos de la industria del petróleo y el gas en la Casa Blanca.

Pero la estatal rusa Roszarubezhneft, principal gestora de los activos petroleros de Moscú en territorio venezolano, emitió este martes un comunicado oficial reafirmando su compromiso de permanencia y desarrollo en el país suramericano, según informó Telesur.

Otras reacciones internacionales

Mientras países como Israel, Francia, Alemania, Italia y la misma vocera de la Unión Europea celebraron el ataque, Reino Unido fue más sensato apuntando el peligro del irrespeto al derecho internacional, y, en un comunicado, España se unió a Brasil, Chile, México, Uruguay y Colombia que rechazaron “cualquier intento de control gubernamental, de administración o apropiación externa de recursos naturales o estratégicos” venezolanos. El corolario no tardaría en llegar.

“Vamos a extraer una cantidad tremenda de riqueza del subsuelo, y esa riqueza irá al pueblo de Venezuela y a personas fuera de Venezuela que solían estar en Venezuela, y también irá a los Estados Unidos de América en forma de reembolso por los daños que ese país nos causó”, indicó.

Trump amenazó en la conferencia de prensa a Cuba y Colombia, diciendo que tendrían que estar preocupados. El secretario de Estado, Marco Rubio, tomó la palabra para señalar entusiasmado que “este es un presidente que hace lo que dice”.

Luego vino el baldazo de agua fría para la oposición venezolana liderada por María Corina Machado, cuando aclaró que no consideraba que ella pudiera gobernar Venezuela, pues no tenía ni el respaldo ni el respeto del pueblo.

Al día siguiente, desde su avión presidencial, dijo a los periodistas que iría por Groenlandia, de una forma u otra, porque era necesaria para la seguridad de EE.UU. “Necesitamos a Groenlandia para garantizar la seguridad nacional y Dinamarca no está en capacidad de hacerlo”, declaró Trump a los periodistas a bordo del Air Force One cuando le preguntaron sobre el tema. “Nos preocuparemos de Groenlandia en unos dos meses (…) hablemos de Groenlandia en 20 días”, agregó el presidente norteamericano.

Los “dispuestos”, Alemania, Francia y Reino Unido, que acababan de anunciar que enviarían tropas a Ucrania tras un alto el fuego para garantizar la seguridad, se quedaron perplejos. La declaración de Trump pone en vilo a la OTAN.

El martes, la portavoz de la Casa Blanca, Karoline Leavitt, aseguró que “el presidente y su equipo están discutiendo varias opciones para cumplir este importante objetivo de política exterior y, por supuesto, el uso del ejército estadounidense siempre es una opción a disposición del comandante en jefe”.

Para el jefe de la alianza, Estados Unidos y Dinamarca coinciden en realidad en el mismo objetivo: garantizar la seguridad del Ártico frente a las ambiciones de Rusia o China. Y por ello no es necesario que Washington anexe este territorio donde ya existen bases estadounidenses.

“Los daneses no tendrían ningún problema con que Estados Unidos tenga una presencia más importante que la actual”, aseguró el secretario general de la OTAN, Mark Rutte.

Sigue Cuba

Es claro que sigue Cuba en los planes de Washington de dominar el Caribe; en cuanto a Colombia, posiblemente dará tiempo hasta las elecciones del 31 de mayo, para aplicarle la fórmula de Argentina y Honduras.

Cuba no es que sea el botín de recursos como Venezuela o los países del “triángulo del litio”, Argentina, Chile y Bolivia, que ya tiene en su nómina, sino que se trata de una presea de valor clave para la política interna en EE.UU., particularmente en ese “Estado bisagra” que es la Florida.

«¡NO HABRÁ MÁS PETRÓLEO NI DINERO PARA CUBA: CERO!”, dijo en Truth Social el domingo. “Les sugiero encarecidamente que alcancen un acuerdo, ANTES DE QUE SEA DEMASIADO TARDE”, añadió. Pero el presidente cubano Miguel Díaz-Canel desmintió que hubieran conversaciones en curso entre Washington y La Habana.

Luego quiso amenazar a México y habló otra vez de enviar tropas contra los carteles, pero las explicaciones contundentes y la dignidad serena que le expresó la presidente Claudia Sheinbaum en una llamada telefónica lo hizo cambiar de tono.

Malos tiempos se avecinan para América Latina ahora, con la fiera acechando a las puertas mientras crece el coro de quienes acuden a Washington a besarle el anillo o cualquier otra cosilla que el presidente Trump les imponga.


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FOTO/AFP.

La frágil y peligrosa fiereza de un gigante de rodillas

En el convulso mundo en que vivimos, según nos hacen ver las redes de información, y cuando los espacios de opinión y análisis son una especie de karaoke donde cualquiera toma el micrófono para dar su versión, es una labor minuciosa, y que reclama tiempo, dilucidar los hechos y encontrar los urgentes criterios desapasionados.

El presidente de Estados Unidos (EE.UU.), Donald Trump, es un experto en agitar la opinión pública y mantenerse copando titulares. En un año de gobierno, el mandatario republicano ha sembrado temor y expectación en su país y en el orden mundial mediante gestos intempestivos, imposición de caprichosos aranceles, acciones militares, declaraciones escandalosas y un irrespeto impúdico por la ley, la verdad y la razón.

Lo que podría parecer, según lo han retratado algunos analistas, el drama de un país gobernado por un delirante tirano, se convierte en la amenaza de una tragedia histórica cuando se trata del gobernante de la mayor potencia del mundo y el comandante en jefe del mayor ejército del planeta.

La fiera herida

No se trata de una potencia en expansión, sino todo lo contrario y, quizás por eso, puede resultar más peligroso, pero menos duradero.

La policrisis financiera, política, social, cultural y en general en la calidad de vida que presentan los diversos indicadores de organismos e instituciones internacionales, así como de analistas y grupos de pensamiento, muestra que las sociedades de las potencias occidentales viven un proceso de decadencia acelerado del poder hegemónico.

Ese poder que dictaba, con su doble rasero, quiénes eran democráticos y quiénes no, quiénes eran cultos y quiénes debían ajustarse al canon, quiénes eran sujetos de créditos y quiénes debían ser objeto de sanciones, dónde y cuáles derechos humanos eran respetados o irrespetados se ha venido a menos.

Esta decadencia trajo un debilitamiento de los organismos multinacionales, que evidenciaron su función proclive al servicio del poder predominante. Además, esta situación parece haber favorecido el debilitamiento del respeto al derecho internacional.

Orden basado en reglas

Algunos podrían pensar que con Trump se trata solamente de seguirle la corriente y esperar a que se le pase, pero existe un guion, no son solo los caprichos de un delirante.

Las acciones que emprende y anuncia tienden a ejecutar su eslogan “Make America Great Again” (Hacer a EE.UU. grande otra vez) que busca reposicionar su hegemonía mundial.

En octubre de 2021, en una declaración conjunta, Washington y París expresaron su deseo de “reforzar el orden multilateral basado en reglas”. La diplomacia fue entonces suplantada por el uso de la fuerza y poder financiero y militar en el escenario de las relaciones entre los países.

El Orden Internacional Basado en Reglas (RBO, Rule Based Order en inglés) no era una declaración del derecho internacional, ni había surgido de un debate multilateral, sino que era un manifiesto de la potencias occidentales dispuestas a sostener una hegemonía secular que desde 2008 daba muestras de un mortífero deterioro.

Las élites de poder europeas están comprometidas con EE.UU., relación que generalmente les ha favorecido, pero que, con la estrategia de supervivencia de la administración Trump de “America first” (EE.UU. primero), enfrentan un dilema.

Reflotar el dólar

La política de sanciones como arma o instrumento de intimidación provocó que economías emergentes buscaran formas de intercambio comercial entre sí que no fueran bloqueadas por factores externos. Los BRICS se convirtieron en el principal enemigo de la hegemonía del dólar y la práctica extorsiva de las sanciones.

Según indicadores internacionales, cerca de un 40% de inversionistas han abandonado el dólar como refugio, mientras casi un 30% se ha pasado al oro, cuyo valor se disparó el año pasado.

En un informe dado a conocer este martes, el Banco Mundial advierte que la década de 2020 “va camino de ser la más débil para el crecimiento global desde la de 1960”.

Además, “en los próximos años, la economía mundial está destinada a crecer más lentamente que en la tormentosa década de 1990, mientras se carga con niveles récord de deuda pública y privada”, advirtió el economista jefe del Banco Mundial, Indermit Gill.

Los aranceles y los tiempos

La economía de EE.UU. tuvo un impulso el año pasado como reacción a los aranceles, debido a que muchos compradores hicieron compras preventivas y aumentaron reservas de productos antes de que su precio subiera. Pero eso se reducirá este año y más con la entrada en vigencia de los mismos aranceles.

Además, esta semana, la Corte Suprema ha puesto en tela de duda la aplicación misma de los aranceles. Los jueces se mostraron muy escépticos sobre el uso que hizo Trump de los poderes de emergencia para imponer aranceles a casi todos los socios comerciales de Estados Unidos, así como gravámenes a México, Canadá y China por su presunta participación en el tráfico de drogas.

Varios de los seis jueces conservadores, junto con los tres progresistas, cuestionaron si la Ley de Poderes Económicos de Emergencia Internacional (IEEPA, por sus siglas en inglés) invocada por Trump le permite imponer aranceles.

El mandatario ha dicho desesperado que si la Corte Suprema rechaza la aplicación de los aranceles anunciados sería un desastre para EE.UU., pues incluso tendría que reintegrar sumas ya cobradas y de las que alardea el mandatario estadounidense.

“Y eso sin incluir la cantidad que los países y las empresas exigirían como ‘compensación’ por las inversiones que están realizando en la construcción de plantas, fábricas y equipos para evitar el pago de aranceles”, señaló.

“Si sumamos estas inversiones, ¡estaríamos hablando de billones de dólares! Sería un caos total, y casi imposible de pagar para nuestro país”, apuntó.

“En otras palabras, si la Corte Suprema falla en contra de Estados Unidos en este asunto de seguridad nacional, ¡estamos jodidos!”, sentenció Trump.

¿Doctrina Monroe o Reich?

El presidente Trump declaró el miércoles 7 por la noche, en una amplia entrevista con The New York Times, que su poder como comandante en jefe está restringido solo por su “propia moralidad”, dejando de lado el derecho internacional y otros controles sobre su capacidad para usar el poder militar para atacar, invadir o coaccionar a naciones de todo el mundo, según publicó el diario.

Cuando se le preguntó si había algún límite en sus poderes globales, el Sr. Trump dijo: “Sí, hay una cosa. Mi propia moralidad. Mi propia mente. Es lo único que puede detenerme”.

“No necesito derecho internacional”, añadió. “No estoy buscando lastimar a la gente”, agrega el medio.

Aunque en su “Estrategia de Seguridad Nacional” publicada por la Casa Blanca a final del año pasado, se argumenta que se está resucitando la doctrina Monroe, de hace 200 años en que el presidente James Monroe proclamó “América para los americanos”, lo cierto es que esta nueva orientación de su política exterior resulta más abiertamente imperialista.

“De acuerdo a nuestra nueva estrategia de seguridad nacional, el dominio de Estados Unidos en América Latina no será cuestionado nunca más”, aseguró Trump.

Arthur Moeller van den Bruck publicó en 1923 un libro titulado El tercer Reich que planteaba el sueño de hacer a Alemania grande otra vez, tras la derrota en la Primera Guerra Mundial y el fin del imperio o Reich en 1918. Moeller se suicidó dos años después de la publicación que luego se convertiría en el eslogan del Partido Nacionalsocialista Obrero Alemán.

Una pregunta que ha circulado reiteradamente en distintos foros de discusión política en los últimos días y a raíz de la flagrante violación al derecho internacional con la intervención militar en Venezuela es: ¿acaso nadie lo va a detener?


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