Alemania, blanco de la guerra híbrida rusa

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Alemania, blanco de la guerra híbrida rusa

La guerra híbrida combina sabotajes, ciberataques, desinformación y operaciones encubiertas para debilitar al adversario sin llegar a una guerra convencional.​

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Brenda Sanchinelli


4 de septiembre de 2026

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En menos de un mes, dos incidentes encendieron las alarmas en Alemania. Un dron cargado con explosivos apareció en el aeropuerto de Leipzig/Halle, y Berlín acusó directamente a la inteligencia rusa. Moscú lo negó. Días después, una explosión en la estación central de Augsburgo dejó dos heridos. Aunque Alemania no ha vinculado este segundo episodio con Rusia, ambos ocurren en medio de una creciente amenaza contra infraestructura estratégica europea que ya tiene nombre: guerra híbrida.

Rusia podría estar poniendo a prueba algo más que a Alemania. Hasta dónde puede llegar sin provocar una respuesta colectiva de la Otán.


La creciente tensión entre Alemania y Rusia debe observarse desde esa perspectiva. Berlín ha endurecido su posición frente a Moscú y considera que las amenazas contra Europa ya no se limitan al territorio ucraniano. Alemania, que durante décadas ha sido prudente en asuntos militares, está acelerando su rearme fortaleciendo sus capacidades defensivas y preparándose para un escenario que hasta hace pocos años parecía improbable: una confrontación prolongada con Rusia.

Reducir lo que ocurre a un enfrentamiento entre Berlín y Moscú sería un error. Alemania es miembro de la Otán y una de las principales potencias económicas y políticas de Europa. Cualquier operación rusa suficientemente grave contra territorio alemán podría transformar inmediatamente un problema bilateral en una crisis de toda la Alianza atlántica. Ahí aparece el concepto que probablemente definirá esta etapa, la guerra híbrida. Rusia no necesita invadir Alemania para ejercer presión sobre ella. Puede utilizar operaciones cibernéticas, sabotaje de infraestructura, interferencias en comunicaciones, desinformación o acciones encubiertas cuya autoría resulte difícil demostrar.

Para la Otán, este escenario plantea uno de los dilemas más complejos desde su creación. El famoso artículo 5 establece que un ataque armado contra uno de sus miembros será considerado un ataque contra todos. Pero ¿qué ocurre cuando el ataque no llega mediante una división militar, sino mediante un virus informático capaz de paralizar una red eléctrica, un sabotaje contra infraestructura crítica o una operación encubierta?

La respuesta de la Alianza ha sido reforzar la vigilancia, aumentar su presencia militar en el flanco oriental y advertir que determinadas operaciones híbridas podrían alcanzar el nivel necesario para provocar una respuesta colectiva. El mensaje busca mantener una línea roja suficientemente clara para disuadir a Moscú, pero suficientemente flexible para evitar que cualquier incidente termine automáticamente en una confrontación militar.

El peligro está en la acumulación. Un sabotaje aislado puede manejarse. Un ciberataque puede contenerse. Una provocación puede responderse diplomáticamente. Pero cuando los incidentes comienzan a repetirse, aumenta también la posibilidad de un error de cálculo. Los países bálticos —Estonia, Letonia y Lituania—, Polonia y Finlandia comprenden perfectamente esa amenaza. Para ellos, Rusia no es un problema lejano. Es una potencia militar situada literalmente frente a sus fronteras. Por eso, cualquier escalada entre Moscú y Berlín repercute inmediatamente sobre todo el flanco oriental de la Otán.

Europa podría estar entrando así en una etapa mucho más peligrosa que la simple prolongación de la guerra en Ucrania. La verdadera confrontación comienza a desplazarse hacia territorio político, tecnológico, económico y estratégico europeo. Lo verdaderamente importante es hasta dónde puede avanzar Moscú sin provocar una respuesta colectiva de la Otán. Porque, en una guerra híbrida, la frontera más peligrosa no es la que aparece dibujada en los mapas. Es aquella línea invisible que, una vez cruzada, podría convertir una sucesión de provocaciones en una confrontación entre potencias nucleares.

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