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Maria Nuñez Chacón
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La inteligencia artificial (IA) ocupó un lugar preponderante en las discusiones de la 114.ª Conferencia Internacional del Trabajo que se realizó entre el 1 y 12 de junio pasados, en Ginebra, Suiza, donde representantes de empleadores, trabajadores y gobiernos debatieron sobre la urgencia de gobernar las nuevas tecnologías desde el diálogo social, con participación del sector trabajador y poniendo en el centro a las personas.
Los expertos de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) han sido enfáticos en que la IA generativa debe estar dirigida a reducir las brechas y desigualdades en el mundo del trabajo, y que hay que prestar atención a las tendencias que muestran riesgos de sustitución de tareas en diversos sectores.
UNIVERSIDAD estuvo presente en la cobertura de la mayor cumbre de la OIT y conversó con Janine Berg, economista senior del organismo de Naciones Unidas para conocer más a fondo el impacto que está teniendo la IA en el mundo laboral.
Janine Berg, economista de la OIT. (Foto: María José Núñez)
¿Cómo está impactando la inteligencia artificial en el mundo del trabajo?
—Desde la salida de ChatGPT en el 2022, el temor es que muchas personas pierdan su trabajo. Los indicadores muestran que en ciertas ocupaciones hay tareas que pueden ser reemplazadas, pero representan únicamente una parte de las funciones que las personas realizan.
Entonces podríamos verlo como oportunidad para complementar el trabajo que llevan a cabo en diversos sectores, y esto aplicado de forma positiva, implicaría aumento de productividad.
¿Cuáles serían esas tareas y trabajos con mayores riesgos de ser posiblemente reemplazados por la IA?
—Por ejemplo, en un país donde la mayoría de la gente desarrolla sus actividades en agricultura, transporte o construcción no hay tanto riesgo. Pero en economías con más personas que hacen trabajos administrativos o de oficinas, sí hay mayor exposición, con un impacto de género muy importante, dado que son las mujeres las que más se encuentran en puestos de apoyo.
Lo que sabemos de la tecnología es que para los puestos de profesionales hay más probabilidades de aumento de productividad y complementar el trabajo, pero en apoyo administrativo, sobre todo si es un trabajo rutinario, hecho con computadora y proceso digital, sí tiene posibilidades de ser reemplazados.
¿Cuál es ese impacto para las mujeres?
—Muchas se encuentran en trabajos administrativos y apoyo empresarial, nuestros análisis muestran que son estas ocupaciones las más expuestas al reemplazo.
Las ocupaciones dominadas por mujeres tienen casi el doble de probabilidades de estar expuestas a la IA generativa que aquellas dominadas por hombres. Los estudios muestran que alrededor del 29% de las ocupaciones dominadas por mujeres están expuestas a la inteligencia artificial generativa, frente a solo el 16% de las ocupaciones dominadas por hombres.
La diferencia es aún más marcada cuando se analizan los niveles más altos de riesgo de automatización, pues el 16% de las ocupaciones dominadas por mujeres se sitúan en las categorías de mayor exposición, frente a apenas el 3% de las dominadas por hombres.
Si bien se espera que la IA generativa impulse el crecimiento del empleo en sectores intensivos en tecnología, las mujeres siguen estando en gran medida excluidas de estas oportunidades.
¿Cuál es la realidad para los países de Centroamérica, sobre todo con la ya marcada brecha laboral de género?
—Sabemos que las mujeres tienden a tener unos niveles de educación más altos que los hombres, esto se da en muchos países del mundo y es el caso de América Central, hacen estudios terciarios, se forman y buscan especialmente trabajos administrativos, debido a las brechas que tienen las mujeres para acceder a algunos empleos de nivel alto, porque hay discriminación.
Son trabajos de apoyo administrativo, de call centers y otros servicios, dado que estas naciones han impulsado en este sector buenos trabajos, formales y con personas de nivel educativo más elevado; pero las mujeres se concentran en trabajos como secretariado, labores administrativas y profesionales asociadas.
Muchas están en la economía del cuidado, que no tiene riesgos, pero allí están sobrerrepresentadas. El problema es que estos trabajos, no son valorados como se requiere, con déficit de trabajo decente y brechas salariales.
Si los países planifican bien dónde invertir, pueden hacerlo en nichos como la economía del cuidado, la economía verde y la construcción, eso sí requiere esfuerzos para que las mujeres puedan entrar en estos sectores.
¿Qué otros trabajos son más vulnerables al reemplazo por parte de la IA?
—Sabemos que hay riesgos para la cultura, en muchos países de América Latina es donde se realizan los doblajes y trabajos para industrias musicales y de cine, y ahí la tecnología tiene una posibilidad de tomar voces y replicarlas, esos son trabajos que están en riesgo de perderse.
También en el nicho administrativo, como recepcionistas, vendedores por teléfono, grabadores de datos, oficiales de préstamos y créditos, desarrolladores web y multimedia, oficinistas generales, empleados encargados de nóminas, traductores, intérpretes, empleados de centros de llamadas, entre otros.
En el caso de Costa Rica, hay una tendencia creciente al impulso del sector de Servicios, ¿cuál sería el impacto en este nicho?
—Este es un sector muy amplio, y algunas funciones sí podrían estar en riesgo, pero otras encontrarían mejoras en su productividad si se alían con la IA.
El sector bancario, finanzas y seguros tienen riesgos mayores; así como en informática. En el sector público, no sólo de Costa Rica, sino de la región, podrían impactarse sobre todo aquellos puestos que son más administrativos; pero hay que tomar en cuenta que la tecnología no es gratis, tiene costos asociados, se requieren procesos digitales para lograr implementarla y en muchos países, tienen una fuerte brecha digital, así que eso protege de la pérdida de empleo.
¿Cómo aprovechar la inteligencia artificial para impulsar el empleo en medio de esta revolución?
—Definitivamente la educación, calificación y entrenamiento es muy importante. No es solamente para trabajadores, sino también para empleadores y que entiendan en qué están invirtiendo.
También es la política industrial de ver cómo y dónde un país debería posicionarse para aprovechar la tecnología y desarrollar otros sectores que podrían crear empleo y ayudar al crecimiento económico.
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