“Lo más importante es la relación entre los derechos humanos, la corrupción y el cambio climático”

V

Vinicio Chacón Soto

Guest
politologa-gringa-1-1024x683.jpg

“Para mí lo más importante es la relación entre los derechos humanos, la corrupción y el cambio climático”, aseveró la Dra. Terry Karl, pionera en la aplicación de metodologías de investigación de las ciencias políticas en la persecución judicial de crímenes de lesa humanidad y violaciones a los derechos humanos.

UNIVERSIDAD tuvo oportunidad de conversar con la investigadora estadounidense durante su participación en el Simposio Regional Centroamericano de la Asociación de Estudios Latinoamericanos (LASA), titulado “Centroamérica en la encrucijada: Resistir en tiempos de asedio”.

A lo largo de su carrera entre otros casos ofeció su testimonio como perita experta en los juicios seguidos contra los perpetradores de la masacre de El Mozote y por el asesinato de los sacerdotes jesuitas, ambos ocurridos en El Salvador.

También en causas contra Chiquita Brands por su papel en el pago de paramilitares en Colombia. En ese mismo país, aportó su testimonio como testigo experta en el caso de 2002 del pueblo indígena U’wa contra Occidental Petroleum.

Durante los años 80 realizó investigación sobre violaciones a derechos humanos particularmente en El Salvador, pero posteriormente en los años 90 se fijó en la explotación petrolera en África. Su libro de 1998 La paradoja de la abundancia: auge petrolero y petroestados es considerado un importante texto de referencia sobre el tema; así como En el fondo del barril: El auge petrolero de África y los pobres, de 2003.

“Lo más importante para la juventud es entender más, estudiar más, buscar más nexos, porque si no tenemos la Madre Tierra, no tenemos nada, ni el aire, ni el agua”, agregó.

Según relata, su carrera académica desde un inicio significó una lucha cuesta arriba. Durante la primera mitad de los años 80 llegó a ser una de las primeras tres mujeres en el Departamento de Gobierno de la Universidad de Harvard.

“Cuando llegamos había una alta discriminación contra nosotras como mujeres, y en el caso mío, mi jefe el presidente de la Latin American Studies Association (LASA) comenzó a amenazarme”, dijo. Así, mucho antes del movimiento MeToo, Karl presentó denuncia no contra el tipo que la hostigaba, “que además trabajaba con servicios de inteligencia”, sino contra la institución.

Ganó el caso, pero le tomó cinco años volver a encontrar trabajo. “Soy muy perseverante, heredé mucho de eso de mi mamá”, quien por cierto fue la primera mujer en lograr un doctorado en bioquímica de la Universidad de Wisconsin. “Era la única mujer en una clase de 400 hombres”.

Finalmente aterrizó en otra prestigiosa universidad, Stanford, donde llegó a dirigir el Centro de Estudios Latinoamericanos entre 1990 y 2002.

politologa-gringa-2-1024x729.jpg

Terry Karl: “Lo más importante es proteger a los jueces ahora, porque existe todavía un sistema judicial”. (Foto: Kattia Alvarado)

De investigadora a testigo experta

El primer caso en que participó formalmente fue sobre petróleo, y sobre América Latina y Estados Unidos, porque se trató del pueblo U’wa, un pueblo indígena en la frontera Venezuela-Colombia.

Recordó que fue visitada por el líder principal de un grupo de 500 hombres que ejercen un liderazgo espiritual y cultural.

“Llegó el jefe de ese grupo a mi oficina en Stanford. Alguien le dijo que yo utilicé la frase del fundador de la OPEP (Organización de Países Exportadores de Petróleo), quien me dijo: ‘el petróleo es el excremento del diablo’. Pero el jefe me explicó que el pueblo U’wa tiene su fe religiosa y una tradición oral, que su rol era proteger la Madre Tierra, que el petróleo era la sangre de la Madre y que, si entraban (en su tierra) British Petroleum y Occidental Petroleum, habían tomado un pacto para suicidarse los 500. Yo dije: “¡mi madre!, necesito entrar en eso porque no puedo ver eso”.

Se trata de un pueblo originario que no tiene escritura, pues su tradición es oral y al líder que le visitó, Berito Kuwaru’wa, “lo han torturado y torturado para firmar un documento para dar permiso a una empresa petrolera de entrar en el territorio de ellos. Él no podía firmar eso, él no sabía escribir su nombre”.

Fue así como a finales de los años 90 se integró a esa lucha a partir de sus trabajos desarrollados en África sobre el flagelo que sobre los pueblos implica la explotación petrolera. “La gente indígena… son increíbles en su perseverancia”, acotó.

Así, en 2024 la Corte Interamericana de Derechos Humanos (Corte IDH) falló en favor de la comunidad indígena.

Su segundo caso ya tuvo que ver con dos exministros de Defensa de El Salvador, los generales Carlos Eugenio Vides Casanova y José Guillermo García. Se trató de un juicio seguido en Estados Unidos, que condenó a los militares por crímenes de lesa humanidad contra varias personas, entre ellas el médico Juan Romagoza Arce, detenido y torturado por militares en diciembre de 1980. “Casi no pude terminar el primer documento que me mandaron porque era tan terrible”, recordó.

El Salvador y los mártires jesuitas

La Dra. Karl como se dijo ya desde los años 80 había trabajado el tema de violaciones a derechos humanos en El Salvador. Según recordó, formó un equipo de trabajo junto a los célebres jesuitas de la Universidad Centroamericana José Simeón Cañas (UCA), en particular el recordado Igancio Martín-Baró, para documentar los crímenes de lesa humanidad clasificados según las víctimas y con ubicación geográfica.

“Yo podía hacer cosas en Estados Unidos que ellos, por recursos o por otras razones, no podían hacer, y ellos al mismo tiempo son sacerdotes, escuchan todo”, dijo.“Era una forma de trabajar muy linda”, acotó.

De manera que “yo podía ver el patrón, es muy importante porque tú no puedes probar nada en un caso de un crimen masivo de Estado, de genocidio, de terror del Estado… en cualquier caso donde hay tantos muertos se tiene que mostrar un patrón”.

De hecho, asegura que fue precisamente ese trabajo que la llevó en 1989 a la ominosa predicción del asesinato de los jesuitas. “Yo sabía que iban a matarlos. Yo en ese momento entendía los patrones de represión y llamé a uno de ellos para decirle: tienen que salir ahora. Pero ellos son sacerdotes, pensaban que era necesario estar con su pueblo. No salieron y murieron”, indicó.

“En ese momento me dije: voy a trabajar en eso, pero no como un caso (legal), no tenía esa idea en ese momento porque hubo impunidad completa”, subrayó, gracias a una amnistía.

Aunque no tuvo en mente que su afán por encontrar la verdad, “que la tengo ahora”, llegara hasta un juicio, como eventualmente sucedió, ese caso fue “el origen de todos los procesos dentro de El Salvador y después en Estados Unidos y después en España”.

En España fue donde finalmente el asesinato de los jesuitas se llevó a juicio al exviceministro de Seguridad Pública coronel Inocente Orlando Montano Morales en 2008 y en septiembre de 2020 la Audiencia Nacional de Madrid lo condenó a 133 años de prisión.

Cuando en 2021 se realizó en El Salvador un juicio sobre la masacre de unas mil personas en la localidad rural de El Mozote, en 1981, Karl aportó testimonio fundamentado en documentos legales estadounidenses, para demostrar la presencia durante los hechos de un “asesor militar” estadounidense.

“Esas cosas lo impacta a uno, y comencé a trabajar mucho en eso, a escribir, saber más de la derecha, todo eso”. Sin embargo “salí de Centroamérica en el 92. Entiendo ahora que no tenía muchas ganas de estar más, porque realmente me duele”.

África y el petróleo

“Después comencé a escribir sobre otras cosas. El problema del petróleo es que lleva siempre a guerras y a violencia. Si no son guerras, es violencia segura. Podía ver la relación entre guerra y petróleo porque estaba viajando por todo el mundo, no solamente en América Latina, Medio Oriente, en África, etcétera”.

Junto a una ONG, “fuimos a los dos Congos, Sudán. Todo era muy peligroso y violencia por todas partes”. De esas investigaciones surgió el ya mencionado “En el fondo del barril: El auge petrolero de África y los pobres”, de 2003.

“En esa época quería saber la verdad de lo que dijeran las personas donde se construyó el oleoducto de Camerún hasta Chad. Me dijeron: están robándonos, dicen que han hecho un consulta con nosotros, no hubo ninguna consulta; dijeron que iban a construir una escuela, era chiquitica, no hubo profesores, no hubo libros, no hubo estudiantes, no hubo nada”.

Entonces se planteó que para documentar ese despojo no bastaba con testimonios, sino que se requiere documentación. Formó equipos de trabajo para escribir, “casi todas mujeres” para “buscar la documentación en todo Chad, todo Camerún”.

Se buscó determinar cuántos árboles frutales fueron destruidos, quién se apoderó de las tierras y del agua. Pero “el problema en África, si se forma un equipo de africanos, la primera cosa que hacen las empresas petroleras es buscar los líderes y darles empleo, porque casi nadie podía comer, entonces era una cooptación enorme”. Además “mucha gente no podía escribir”, y encima “después comenzaron a matar gente también”.

Colombia y la guerra sucia

Karl también desarrolló trabajo de investigación en las localidades colombianas de Urabá y Magdalena, el cual ayudó a que la bananera Chiquita Brands terminara por admitir ante tribunales estadounidenses que entre 1997 y 2004, justo los años de mayor intensidad del conflicto colombiano, financió a los paramilitares de ultraderecha de las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC).

“Es importante porque fue la primera vez que una multinacional tiene que pagar a víctimas de otro país para algo que no pasó en Estados Unidos”, subrayó.

Explicó que, si bien eran víctimas colombianas, desde la bananera “pagaron a las AUC y eso causó su crecimiento, porque podían comprar armas, podían pagar más soldados, y eso desde el punto de vista la ley era lo más importante”.

La politóloga aventura algunos aspectos sobre el que puede ser su último caso, no puede decir dónde ni quién, pero ofrece el relato de un sujeto, obligado a vida militar desde muy joven y a participar “en masacre tras masacre”.

“Yo comencé contra la guerra y voy a terminar contra la guerra y no importa, cualquier guerra porque destruye todo”, acotó.

Siempre el petróleo

La conversación con la profesora Karl tenía que pasar por una mirada casi que obligada al panorama actual. Además del genocidio palestino, en Medio Oriente el presidente estadounidense Donald Trump mantiene una guerra particular con Irán, y de nuevo está el petróleo en el centro del conflicto, con el estrecho de Ormuz. Eso después de que de manera ilegal el presidente venezolano fue secuestrado y llevado a Estados Unidos, para poder ordeñar el petróleo de ese país.

“Con Trump hay que entender que su formación es de hace mucho. Para él lo que vale es el petróleo o el dinero y la relación entre los dos”, ponderó.

En cuanto al petróleo venezolano, recordó que lo pirateado a Venezuela ronda entre $13 mil millones o $16 mil millones, “depende de con quién hable”; pero en todo caso “no sabemos dónde están. Fueron primero a una cuenta bancaria en Qatar a nombre de Trump, pero cuando comenzó la guerra en Irán tenían que trasladarlo a algún lugar. Yo no sé dónde está. Nadie sabe dónde está. No va a los venezolanos; no va a nosotros, los ciudadanos Estados Unidos, no va el ejército, pero desaparece”.

En cuanto a Irán, sin tapujos explicó que “él está cambiando el precio del petróleo para que su familia pueda especular día tras día. Él no va a resolver la guerra en Irán, no tiene ningún interés, en el gobierno no tiene ningún interés tampoco realmente; su interés es el dinero”.

“Me preocupa mucho este país”

Una pregunta casi obligada a la investigadora de violaciones a los derechos humanos tuvo que ver con la necesidad de contar con autoridades judiciales fuertes.

Ponderó de entrada que “estamos viviendo un momento de ola de la derecha, pero no va a durar, creo yo, porque las olas son así. Pero lo que me preocupa mucho es este país”.

Al respecto, comenzó por destacar que es “el único país que conozco que sabe que tiene un poquito de petróleo y han tomado la decisión de no extraerlo. Por el turismo, por todo, protección de clima. Eso para mí es increíble”.

También dijo que siempre admiraba “la relación entre instituciones, la democracia, una rama judicial que podía buscar criminales, crimen organizado, todo eso”.

Sin embargo, “porque he visto en Guatemala, en Honduras, en Nicaragua y en El Salvador grupos de crimen organizado y no hay fronteras en esto. Comencé a tener una preocupación por la supervivencia de esa democracia”.

Entonces explicó que la guerra contra las drogas que emprendió Estados Unidos, particularmente en Medellín, tuvo el efecto de que “ahora hay traficantes por todas partes, principalmente en México y en Colombia, pero involucra a todos”.

A ello sumó que el fenómeno de la corrupción implica “meter lo legal con lo ilegal”. Ejemplificó: “¿qué debo hacer si soy traficante de oro?, voy a meter el oro ilegal con el oro legal y mezclar los dos”. Aseguró que ese es un negocio también atractivo para las bandas dedicadas al narcotráfico.

Encima, Costa Rica está en la región en medio de la producción de drogas y saqueo de minerales y el gran consumidor Estados Unidos.

Sin embargo, “siempre se puede encontrar alguien que puede hacer algo, ¿no? Y por esa razón lo más importante es proteger a los jueces ahora, porque existe todavía un sistema judicial”.

Insistió en que “hay que tener mucho cuidado con los jueces porque no saben de dónde vienen las cosas, hay que proteger este país, por su lugar geográfico y por su ilustre democracia del pasado y por no tener un ejército, todo eso para nosotros era un ejemplo increíble”.



La entrada “Lo más importante es la relación entre los derechos humanos, la corrupción y el cambio climático” aparece primero en Semanario Universidad.

Sigue leyendo...
 
Atras
Superior