V
Vinicio Chacón Soto
Guest
Las críticas al Poder Judicial, así tengan justo fundamento, pueden servir como pretexto para llevar a cabo una “purga” y la consiguiente “recomposición” y “politización de los cuadros judiciales”, de manera que se termina por expandir el dominio del Poder Ejecutivo.
Así lo advirtió en entrevista con UNIVERSIDAD Aníbal Pérez-Liñán, profesor de Ciencia Política y Asuntos Globales en la Universidad de Notre Dame, en los Estados Unidos, donde se desempeña como director del Instituto Kellogg de Estudios Internacionales.
El pasado 5 de marzo ofreció una conferencia en el Auditorio de la Plaza de la Autonomía, titulada Polarización y Democracia en América Latina, en la que entre otras cosas recurrió a la base de datos Variedades de Democracia (V-Dem), que establece un índice de más de 600 indicadores sobre el estado de la democracia en los países, para demostrar que los retrocesos democráticos notables en un proceso que se puede identificar como erosión, aumentan la polarización.
Su visita al país fue gestionada por el Poder Judicial con el financiamiento de la Embajada del Reino Unido y el evento fue propiciado por el Consejo Universitario, la Facultad de Ciencias Sociales, La Escuela de Ciencias Políticas y el Centro de Investigación en Estudios Políticos (CIEP).
Es autor de los libros Juicio político al presidente y nueva inestabilidad política en América Latina (Cambridge University Press y Fondo de Cultura Económica, 2007) y Democracias y dictaduras en América Latina (con Scott Mainwaring, Cambridge University Press y Fondo de Cultura Económica, 2013).
¿La polarización está en la raíz de la erosión democrática, o es una consecuencia de ella?
—La posición del sentido común en la ciencia política y en el discurso público hoy en día es que la polarización de nuestras sociedades es la causa de la erosión democrática, porque en sociedades polarizadas la clase política puede explotar la polarización para desmantelar la democracia.
Creo que la evidencia estadística sugiere lo contrario, que la polarización es resultado de la erosión de la democracia.
Los líderes políticos activan la polarización como parte del proceso de erosión democrática y en la medida en que desmantelan las instituciones democráticas desde adentro, la sociedad se divide cada vez más. Incluso aquellos votantes que en algún momento ven la propuesta política con cierta simpatía, pero sin comprometerse de manera plena, en la medida en que los gobernantes electos democráticamente empiezan a desmantelar los derechos de la oposición, de la prensa independiente, que critican abiertamente cualquier forma de crítica a su gestión, estos sectores más moderados empiezan a separarse del gobierno y encuentran que solo les da una alternativa: estar conmigo o estar contra mí.
Esta estrategia es específicamente polarizante y lo que hace es que en todos los procesos de erosión democrática vemos como resultado el crecimiento de la polarización social y política. Esto no ocurre en muy pocos casos. En El Salvador no vemos gran polarización porque el 80% de la población todavía apoya a Bukele.
Yo sospecho que en la medida en que los problemas económicos sean visibles, en la medida en que las violaciones de derechos humanos sean más claras, más sentidas por la población, en la medida en que la seguridad ciudadana pase a ser algo normal y no algo extraordinario, la sociedad va a comenzar a dividirse y el estilo represivo del Gobierno va a generar una mayor polarización en El Salvador también.
Usted definió el proceso de la erosión democrática como progresivo e intrínseco, empujado por figuras políticas que llegan al poder con toda la legitimidad del caso. Dijo “quizás ya se está dando en Estados Unidos”. ¿Por qué todavía lo duda?
—Hay claramente una tendencia de erosión democrática, un Gobierno que tiene muy poco respeto por los principios democráticos, un Poder Ejecutivo que utiliza la autoridad institucional para esencialmente chantajear a otros actores, internacionales, domésticos, a las universidades, a los bufetes de abogados, a los otros países con los cuales se está negociando en términos de aranceles, que intenta utilizar la Fiscalía para perseguir a sus enemigos políticos; sin embargo, vemos una serie de fuerzas que todavía intentan contener ese proceso.
Los tribunales, sobre todo los inferiores que tienen mayor diversidad ideológica, son quizás la única fuerza institucional que en este momento intenta contener eso. Hay todavía un periodismo independiente que, aunque mucho más débil y menos influyente en la era de las redes sociales, hace investigación.
Hay una sociedad civil que se activa y se organiza y hay un Partido Demócrata que, si bien no es particularmente efectivo, está tratando de reorganizarse para ganar la próxima elección legislativa de este año.
Claramente vemos una tendencia de erosión democrática y si viéramos el Índice de V-Dem veríamos una caída en los niveles de democracia en los Estados Unidos. Si esa tendencia va a significar un cambio cualitativo en la naturaleza del régimen político todavía no lo sabemos, porque existen todas estas fuerzas que intentan contener el proceso.
Ahora, el problema no es solo Trump. El problema es que Trump está corriendo las fronteras de lo que el Poder Ejecutivo puede hacer: Ha declarado la guerra a Irán sin autorización del Congreso.
Su propio partido, el Republicano, negó una declaración del Congreso para reivindicar los poderes constitucionales de declarar la guerra contra otros países. Es decir, la mayoría parlamentaria en el Congreso está abdicando su poder legislativo en beneficio del presidente.
La Corte Suprema en general ha sido muy deferente con el Poder Ejecutivo y esto significa que la administración de Trump está extendiendo la autoridad presidencial a niveles que nos recuerdan la de muchos presidentes latinoamericanos. El peligro de eso es que cualquier presidente que venga después va a reclamar esa autoridad presidencial. Lo que el Partido Republicano no ve es que Trump no es un presidente particularmente popular y no tiene políticas que sean particularmente populares, pero puede venir un presidente demócrata que sea mucho más popular, que tenga políticas mucho más populares y va a tener ese mismo poder presidencial que ellos están construyendo hoy.
Pérez-Liñán advirtió que “purgar el Poder Judicial es como comer maní, uno sabe cuándo empieza, pero no cuándo termina”. (Foto: Kattia Alvarado)
Eso partiendo de que se mantenga la alternabilidad en el poder, pero el juego autoritario de erosionar la democracia tiene como uno de sus objetivos precisamente acabar con ese principio, ¿no?
—Esa es una observación muy atinada, porque en todos estos procesos lo que vemos es una carrera contra el tiempo. Hay un Ejecutivo que expande su poder y captura otras instituciones, que debilita la oposición y que eventualmente gana elecciones competitivas hasta que puede empezar a desmantelar las instituciones electorales, como ocurrió en Venezuela eventualmente.
Una vez que eso ocurre es demasiado tarde, porque el electorado ya no tiene opción. Lo que intenta hacer la sociedad civil y las fuerzas democráticas de oposición en estos contextos es tratar de demorar el proceso hasta que los votantes de estos gobiernos se desilusionan y pierdan elecciones. En El Salvador Bukele en un par de años desmanteló la democracia.
Si los gobiernos autoritarios pierden la carrera contra el tiempo, entonces la sociedad civil y la oposición tienen tiempo de recomponerse y ganar una elección, que es lo que pasó por ejemplo en Brasil con Bolsonaro o incluso lo que pasó en en Polonia con el Partido de Ley y Justicia (extrema derecha).
Solemos pensar que una vez que la oposición democrática gana las elecciones se acabó el problema y en realidad el problema no se acabó, porque estos bloques políticos tienen votos y siguen siendo competitivos.
Tenemos un gobierno que ha pasado cuatro años atacando al Poder Judicial, incluso singularizando por nombre no solo a altas magistraturas, sino a jueces de bajos niveles, ¿qué tan metidos estamos ya en el proceso de erosión democrática?
—Hay dos cosas a tomar en cuenta. La primera es si hay razones sustantivas para criticar al Poder Judicial y posiblemente las hay. A menudo esos ataques ganan tracción porque hay una opinión pública que está dispuesta a escucharlos.
La segunda cuestión es si las formas en la crítica y en el ataque importan. Hay una posición que es legítima, que los populistas son necesarios porque es la única forma en que estas instituciones que están estancadas, que están petrificadas, consiguen hacer cambio porque son atacadas desde afuera. No hay grandes cambios sociales si no hay una disrupción del orden establecido y una crítica a las élites existentes.
Ahora, creo que hay un punto en donde el estilo de comunicación anticipa algo más, anticipa una trayectoria que es previsible porque la hemos visto en muchos casos históricos, como el mexicano: la crítica al Poder Judicial se hace tan recurrente, tan personalizada, tan sistemática y a veces tan visceral, no centrada en mostrar la evidencia de los problemas objetivos del funcionamiento del Poder Judicial, sino en desprestigiarlo, que casi inevitablemente lo que viene después es una propuesta de reforma que tiene una justificación aparentemente noble, como la tuvo en el caso de México, donde fue democratizar el Poder Judicial, pero que en la práctica significa efectivamente una purga del Poder Judicial y una recomposición, una politización de los cuadros judiciales.
El gran desafío para los poderes judiciales en América Latina es cómo hacer las reformas que son necesarias sin que se produzca esta captura del Poder Judicial, porque el problema no es solamente la politización, la falta de independencia, de imparcialidad, el potencial crecimiento en la corrupción. Todo esto es verdad, pero hay un problema de largo plazo que es similar al que mencionaba en el caso de la expansión del poder imperial del presidente en Estados Unidos, y es que una vez que este recurso se activa, cualquier partido político que llegue al poder en el futuro quiere tener lo mismo.
Entonces, lo que hemos visto en América Latina, en los países en donde esto ha ocurrido históricamente, como Argentina, Ecuador, es que purgar el Poder Judicial es como comer maní, uno sabe cuándo empieza pero no cuándo termina.
Esto genera una enorme inestabilidad en los cuadros judiciales y por lo tanto una enorme incertidumbre en el marco jurídico de los países y en la estabilidad de los derechos.
En tiempos de redes sociales, en que los algoritmos funcionan precisamente para empujar hacia la polarización y mantienen a las personas en una burbuja, ¿por dónde se encuentra la estrategia para prevenir ese proceso de erosión democrática?
—Como punto de partida tenemos que tener claridad de que la polarización es el resultado de una estrategia intencional de los políticos y tiene un objetivo que es, si la operación política sale bien —que no siempre—, dividir a la sociedad de una manera irreconciliable, de manera tal que la mayoría quede de mi lado, no del lado de la oposición.
A veces a los políticos les sale mal y la mayoría queda del lado de la oposición y los populistas duran muy poco en el poder o nunca llegan.
Pero, cuando sale bien, la polarización es activada y hay un bloque mayoritario que parece profundamente fiel, profundamente convencido y completamente incapaz de negociar y de reconocer a la otra parte. Si la otra parte entra en ese mismo juego, entonces solo está favoreciendo una dinámica que está activada desde el poder.
Está claro que la respuesta a la polarización no es más polarización. Entonces, la respuesta tiene que ser mucho más estratégica en el sentido de establecer formas de comunicación interpersonal que consiguen romper ese bloqueo de una manera muy intencional.
No una comunicación para ganar una pelea, nadie en una conversación ocasional va a convencer a otro de cambiar sus ideas políticas, pero sí de establecer puentes y permitir que nuestros interlocutores en nuestras familias, en nuestros trabajos, en el taxi, se abran a pensar de una manera diferente, que quizás perciban algo que hasta ese momento no habían percibido.
Por supuesto, a un nivel más institucional está claro que los partidos, las instituciones, la sociedad civil hoy tienen que buscar formas eficaces de comunicar en las plataformas en las cuales confiamos hoy en día que son las redes sociales operando bajo algoritmos.
Ahí hay una gran desigualdad porque los Gobiernos tienen recursos para poner temas en agenda con una capacidad que la sociedad civil, los partidos de oposición no tienen. Tener una estrategia clara para comunicar en el mundo de las redes sociales, que no sea una estrategia de aislamiento, ni de confrontación, es clave.
¿Cómo visualiza el ejercicio del poder político y de la democracia en América Latina en los siguientes 10, 20 años? Soy incapaz de ver un escenario en que no se siga fomentando la polarización, lo que me figuro son regímenes autoritarios muy orwellianos y la gente dando gracias.
—Es una posibilidad muy plausible. La tecnología está para eso, está avanzando. Tenemos que reconocerle a los políticos la realidad en la que operan. Hoy en día es muy difícil hacer política sin decir algo radical en las redes sociales. Si uno tiene un discurso moderado en las redes sociales no tiene ninguna atracción.
La tecnología de comunicaciones crea incentivos para que cierto tipo de político gane las elecciones. No cualquiera de nosotros puede hacer eso, uno tiene que tener una personalidad especial, un talento especial para insultar de la manera correcta. Trump puede hacer eso, yo no lo puedo hacer, pero vivimos en un mundo en donde la gente que tiene ese talento tiene la ventaja política en la competencia.
A eso se le suma la capacidad adicional de la tecnología para monitorearnos, lo cual hace que si los regímenes democráticos se mueven hacia un momento autoritario, posiblemente van a tener una mayor capacidad de monitoreo y, por lo tanto, de resiliencia que los regímenes autoritarios del pasado. Todo eso es verdad. Entonces, creo que ese escenario pesimista está ahí, es altamente probable.
Ahora, también es cierto que hubo momentos de cambio tecnológico en donde la tecnología también favoreció momentos autoritarios. En los años 30 el surgimiento de la radio pareció favorecer a estos líderes carismáticos que fundaron el totalitarismo moderno. Y, sin embargo, hubo sociedades que reencausaron esa tecnología para cumplir una función democrática y lograron crear dinámicas democráticas muy diferentes a las que existían antes dentro de esa tecnología.
La democracia de los años 30 de la radio fue muy diferente a la de los periódicos del siglo XIX y la democracia de la televisión fue muy diferente a la democracia del radio; la democracia del cable fue muy diferente a la democracia de la televisión por aire.
Entonces, tengo la esperanza real de que va a haber una democracia en las redes sociales que va a ser muy diferente a la democracia de la televisión por cable.
Pero esto lo que significa posiblemente es que América Latina y el resto del mundo, nuevamente se va a dividir en dos trayectorias paralelas. Está en las sociedades que intentaron la democracia a fines del siglo XX y fracasaron en hacerla funcionar y el cambio tecnológico las puso en una trayectoria autoritaria; y están las sociedades que experimentaron la democracia y redirigieron la tecnología para construir una democracia diferente.
En este proceso, la experiencia democrática anterior es clave porque genera el sentido común, el impulso y en buena medida las restricciones de lo que los votantes están dispuestos a aceptar y de lo que valoran como sentido común de cómo la política tiene que funcionar.
En ese sentido creo que Costa Rica tiene un capital histórico democrático acumulado que es difícil de comparar con otros países y que le da una ventaja.
¿A mayor polarización, menor democracia?
—Esa relación inversa, cae la democracia y sube la polarización al mismo tiempo, puede significar dos cosas: puede ser que la polarización esté impulsando la caída de la democracia, que es lo que normalmente pensamos. O —y esa es mi tesis-— que la caída de la democracia está impulsando el aumento de la polarización. Lo que muestra la evidencia estadística, cuando uno hace los modelos estadísticos, es que la segunda historia es la que cuenta: la erosión democrática es la que impulsa el crecimiento de la polarización.
La entrada “La polarización es resultado de la erosión de la democracia” aparece primero en Semanario Universidad.
Sigue leyendo...