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Vinicio Chacón Soto
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“Raúl amó la vulcanología y amó a Costa Rica. Honrarlo implica algo más que homenajes. Implica revisar cómo funcionamos como comunidad científica y asegurarnos de que nunca más el sistema deje solo a uno de los suyos”.
Con esas críticas palabras honra al vulcanólogo recién fallecido Raúl Mora Amador un artículo publicado en el blog del geólogo Allan Astorga.
Ese artículo lleva la firma del también vulcanólogo Gino González, junto a quien -entre otros especialistas- Mora Amador produjo análisis del comportamiento de varios volcanes del país para el Centro de Investigaciones en Ciencias Geológicas (CICG) de la Red Sismológica Nacional.
Entre las voces que han recordado con dolor el aporte del científico se puede destacar la del expresidente Luis Guillermo Solís Rivera, quien a través de sus redes sociales expresó que “me uno al dolor que conmueve a su familia y a la comunidad científica por el fallecimiento del reconocido vulcanólogo Raúl Mora Amador conocido como el “padre del volcán Poas”.
“Raúl brindó invaluables y desinteresados servicios a distintos gobiernos en el ámbito de su especialidad. En el mío, fue una figura destacada y valiente que estuvo disponible cada vez que fue llamado a colaborar en las diversas emergencias que atendimos. Costa Rica queda en deuda con él por sus innumerables aportes y llora su partida”, añadió.
El mandatario del periodo 2014-2018 además expresó “para su familia, colegas y demás seres queridos quienes heredan su legado, mi sentido pésame y abrazo solidario en esta hora de dolor. Para Raúl, que ya ha volado más allá de las cumbres que tanto amaba, ¡paz!”.
El artículo publicado en el blog de Astorga señala que el deceso “no es solo una pérdida humana profundamente dolorosa. Es también un hecho que obliga a una reflexión incómoda dentro del ámbito científico y académico costarricense. No basta con las condolencias públicas ni con los reconocimientos póstumos. Si realmente queremos honrar su memoria, debemos tener la valentía de preguntarnos qué falló”.
Ese testimonio destaca que “Raúl fue un vulcanólogo excepcional. Investigador incansable, hombre de campo, docente comprometido, divulgador claro y responsable. Tenía una energía poco común y una convicción profunda por servir al país. Quienes trabajamos cerca de él sabemos que su vocación no era superficial: era una entrega genuina a la ciencia y a Costa Rica”.
“La pérdida de Raúl representa también la pérdida de un impulso generacional en la vulcanología costarricense” se afirma en el texto y apunta que “su trayectoria profesional atravesó momentos de fuerte desgaste institucional. En distintos periodos, un grupo de jóvenes científicos con enorme potencial —del cual Raúl formaba parte activa— pudo haberse consolidado como una nueva etapa de liderazgo en la vulcanología nacional. Ese impulso se fue debilitando en medio de dinámicas internas que, vistas en retrospectiva, evidencian que el talento no siempre encuentra respaldo proporcional dentro de las estructuras académicas”.
Entre otras cosas, se afirma que “si su muerte nos deja una lección, es esta: las instituciones deben ser más humanas, más valientes y más maduras. No podemos permitir que el talento se desgaste en conflictos internos ni que el silencio institucional sustituya el acompañamiento”.
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