“La Hija Cóndor” o el mestizaje a lo k`ochalo

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Shirley Ibañez

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La película más premiada de los últimos tiempos en Bolivia es “La Hija del Cóndor” del cineasta, Álvaro Olmos que hoy se exhibe en varios cines. Quizás, por el contacto directo desde su niñez con el universo valluno de este cineasta, su film está permeado por un aura “k`ochalo”, o sea, por un mestizaje a lo cochabambino, pero, popular.
Históricamente, una de las regiones que se identificó por un fuerte mestizaje fue, sin duda, Cochabamba. A diferencia de otras regiones, el mestizaje cochabambino –la tesis de Brooke Larson—se forjó desde la cultura popular. Pero, ese mestizaje no fue fluido, como sostienen algunos cochabambinólogos, sino muy tortuoso y complejo. Clara, personaje principal de la película, transita por estos vericuetos identitarios del mestizaje. Un encholamiento que lidia entre lo tradicional y lo moderno. De allí, las tensiones que sufre Clara al momento de abandonar su comunidad y a su propia madre partera en búsqueda de nuevos horizontes de vida en la ciudad. Aunque, parece que es un tema conocido – e inclusive, para algunos trillados—pero, la capacidad de Olmos hace que esta temática, por muchas señales en la película, está ubicada en uno de los parajes vallunos cochabambinos.
Esta película se inserta en el proceso de encholamiento –no andino donde se carga estigmatizaciones raciales–, sino un encholamiento a lo cochabambino. Obvio, ese proceso hay un entrecruzamiento de diversas aristas: etnia, clase y género. En ese contexto, la chola cochabambina quizás como un ícono de la cultura popular no solamente en el ámbito rural, sino, también, en el ámbito urbano ya que como explica el historiador cochabambino, Huáscar Rodríguez en la cotidianidad de la ciudad esas formas de vida tienden a destruir esas ideas preconcebidas indio/blanco, por ejemplo, para recrear otros espacios en la cual la tradición y la globalización o lo moderno y la tradición se imbrican.
Quizás, la agrupación “Estrellas del Valle” se erige en el ícono de este proceso de adecuación de lo tradición con la globalización. Clara desemboca sus dotes de cantante –en su comunidad cantaba susurros andinos—tocando un acordeón y cantando en las “Estrellas del Valle”. Este fenómeno cultural de las agrupaciones de cholitas cochabambinas que ya son parte de una industria cultural popular con un impacto no solamente económico, sino, sobre todo, socio/cultural.
Además, Clara es la típica cholita cochabambina de hoy: joven, bonita, con escotes y polleras cortas y una dosis de erotismo significativa: una miskisimi moderna. Quizás, recuperando ese rasgo erótico de la chola cochabambina. Por eso, esta miskisimi se desplaza en un péndulo entre la tradición y la modernidad. Desde siempre, esas cholas eran consideradas un peligro por los sectores elitistas cochabambinos como un proceso de encholamiento. No es casual, por lo tanto, estas fiestas de hoy están en la periferia de las ciudades, en este caso específico, de Cochabamba. Olmos magistralmente retrata a estas fiestas que son adaptaciones a las performances modernas, aunque se llevan a cabo en los contornos periurbanos de la ciudad.
Entonces, esta película tiene ese matiz de la identidad cochabambina: el mestizaje, pero labrado “desde abajo” y enclave de género y generacional en la cual, esa capacidad adaptiva le posibilita como estrategia cultural mantener su identidad, pero, de una forma remozada. Clara, además, retorna a su comunidad para ejercer el oficio de partera como su madre, recién fallecida, no solo para parir wawas, sino para parir identidad.

*Es sociólogo.

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