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Pablo Deheza
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El costo de la logística en Bolivia se estima hoy en torno al 30% del valor de los productos. Una cifra que, de confirmarse, colocaría al país entre los más caros de Latinoamérica para mover mercadería. La evaluación proviene de Javier Gil Antelo, director ejecutivo de GS1 Bolivia y uno de los organizadores del Foro Internacional de Logística. El evento reunió esta semana a expositores de Perú y Argentina junto a referentes locales en el Centro de Convenciones de la Cámara de Industria, Comercio, Servicios y Turismo de Santa Cruz (Cainco).
«Creemos que este costo llega fácilmente al 30%. Debe ser uno de los costos logísticos más altos de Latinoamérica, con seguridad», sostuvo Gil Antelo en entrevista exclusiva con Energías & Negocios, de La Razón. La última medición formal del sector es del año 2019 e indicaba que el costo logístico en el país era del 18%. Pero el ejecutivo apunta a que la variación reciente del costo del combustible ha empujado el número al alza. El dato preocupa si se lo coloca junto a la posición histórica del país en el Índice de Desempeño Logístico del Banco Mundial, donde Bolivia figura entre los rezagados sudamericanos.
Pero el costo es apenas una de las tres presiones. La infraestructura carretera deficiente y los bloqueos completan un cuadro que, según Gil Antelo, exige un perfil profesional distinto al de cualquier otro mercado. «Los profesionales que trabajan en logística deben ser los más resilientes que hay, porque no solamente tienen que diseñar un plan A, sino tener siempre un plan B, un plan C y un plan D», afirmó. La frase que resume el diagnóstico es contundente: «la logística es compleja por naturaleza, pero hacerla en Bolivia es doblemente compleja».
El ejecutivo ilustró el punto con una observación recurrente en el sector: cuando un gerente de logística llega luego de trabajar en una multinacional extranjera, se encuentra con una realidad totalmente distinta a la que conoce. Los tiempos no coinciden, los transportistas escasean y los manuales internacionales rara vez aplican sin adaptación.
La presencia del argentino Hernán Sánchez, presidente de la Cámara Empresaria de Operadores Logísticos (CEDOL) y de la Asociación Latinoamericana de Logística (ALALOG), aportó al foro una mirada especialmente pertinente para el momento boliviano. Sánchez expuso cómo el sector logístico argentino aprendió a operar bajo presión durante años de inflación elevada, controles cambiarios y volatilidad macroeconómica, un escenario que en muchos puntos se parece al que enfrenta hoy Bolivia.
Frente a este escenario, el foro de este año puso el énfasis en tres palancas: tecnología, eficiencia operativa y talento. La consultora peruana Denisse Barnaby expuso sobre el uso de inteligencia artificial en cadenas de suministro. El caso de Dinet, presentado por Miguel Guerra, mostró cómo la semi-automatización de pedidos cambia la economía del retail. Pero Gil Antelo es cauto sobre la solución tecnológica. «Al final, quien va a manejar la herramienta es una persona. Por eso es importante tener al talento formado, con las habilidades adecuadas para operar en estos ambientes».
Allí aparece el cuello de botella menos visible. El ejecutivo señala que la articulación entre los actores del ecosistema logístico es débil, tanto entre empresas privadas que no colaboran para optimizar activos compartidos, como entre el sector privado y el Estado.
«Vemos una desconexión entre la empresa privada y el gobierno. Los proyectos grandes de infraestructura nacen en el sector público, pero son apalancados por el sector privado», observó.
La décima edición del foro, titulada «Un nuevo ciclo económico: tecnología, competitividad y talento que conectan Bolivia con el mundo», leyó el momento boliviano como un punto de inflexión. Si el combustible, las rutas y la articulación público-privada encuentran respuestas concretas, la logística podría dejar de ser un cuello de botella para convertirse en lo que el sector lleva años reclamando: una palanca real de competitividad.
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«Creemos que este costo llega fácilmente al 30%. Debe ser uno de los costos logísticos más altos de Latinoamérica, con seguridad», sostuvo Gil Antelo en entrevista exclusiva con Energías & Negocios, de La Razón. La última medición formal del sector es del año 2019 e indicaba que el costo logístico en el país era del 18%. Pero el ejecutivo apunta a que la variación reciente del costo del combustible ha empujado el número al alza. El dato preocupa si se lo coloca junto a la posición histórica del país en el Índice de Desempeño Logístico del Banco Mundial, donde Bolivia figura entre los rezagados sudamericanos.
La logística en Bolivia
Pero el costo es apenas una de las tres presiones. La infraestructura carretera deficiente y los bloqueos completan un cuadro que, según Gil Antelo, exige un perfil profesional distinto al de cualquier otro mercado. «Los profesionales que trabajan en logística deben ser los más resilientes que hay, porque no solamente tienen que diseñar un plan A, sino tener siempre un plan B, un plan C y un plan D», afirmó. La frase que resume el diagnóstico es contundente: «la logística es compleja por naturaleza, pero hacerla en Bolivia es doblemente compleja».
El ejecutivo ilustró el punto con una observación recurrente en el sector: cuando un gerente de logística llega luego de trabajar en una multinacional extranjera, se encuentra con una realidad totalmente distinta a la que conoce. Los tiempos no coinciden, los transportistas escasean y los manuales internacionales rara vez aplican sin adaptación.
La presencia del argentino Hernán Sánchez, presidente de la Cámara Empresaria de Operadores Logísticos (CEDOL) y de la Asociación Latinoamericana de Logística (ALALOG), aportó al foro una mirada especialmente pertinente para el momento boliviano. Sánchez expuso cómo el sector logístico argentino aprendió a operar bajo presión durante años de inflación elevada, controles cambiarios y volatilidad macroeconómica, un escenario que en muchos puntos se parece al que enfrenta hoy Bolivia.
Tecnología y talento
Frente a este escenario, el foro de este año puso el énfasis en tres palancas: tecnología, eficiencia operativa y talento. La consultora peruana Denisse Barnaby expuso sobre el uso de inteligencia artificial en cadenas de suministro. El caso de Dinet, presentado por Miguel Guerra, mostró cómo la semi-automatización de pedidos cambia la economía del retail. Pero Gil Antelo es cauto sobre la solución tecnológica. «Al final, quien va a manejar la herramienta es una persona. Por eso es importante tener al talento formado, con las habilidades adecuadas para operar en estos ambientes».
Allí aparece el cuello de botella menos visible. El ejecutivo señala que la articulación entre los actores del ecosistema logístico es débil, tanto entre empresas privadas que no colaboran para optimizar activos compartidos, como entre el sector privado y el Estado.
«Vemos una desconexión entre la empresa privada y el gobierno. Los proyectos grandes de infraestructura nacen en el sector público, pero son apalancados por el sector privado», observó.
La décima edición del foro, titulada «Un nuevo ciclo económico: tecnología, competitividad y talento que conectan Bolivia con el mundo», leyó el momento boliviano como un punto de inflexión. Si el combustible, las rutas y la articulación público-privada encuentran respuestas concretas, la logística podría dejar de ser un cuello de botella para convertirse en lo que el sector lleva años reclamando: una palanca real de competitividad.
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