¿Por qué los vibradores se llamaban consoladores?

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Alejandra Vélez

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Alejandra Vélez

La intimidad humana ha estado llena de sombras y secretos que queremos comprender.

Y, al parecer, el deseo siempre ha buscado una forma de expresarse a pesar de los tabúes.

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Juguetes eróticos en la antigüedad​


Los juguetes eróticos no son tan modernos como se pensaría, pues han acompañado a la humanidad por un largo tiempo.

Según explica la sexóloga July Ruiz, en la historia encontraremos piezas hechas de cuero, madera e incluso marfil con las formas más diversas. Nuestros antepasados eran mucho más liberales de lo que somos nosotros hoy, en muchos sentidos. Varios estudios han revelado el uso de juguetes sexuales de piedra y otros materiales firmes en épocas muy anteriores.

En esos tiempos, el disfrute de uno mismo era visto como algo natural antes de que las leyes morales cambiaran la percepción del cuerpo.

El sexo es un instinto primario que ha permitido que nuestra sociedad no se extinga todavía.

Y el placer femenino en la historia ha pasado de ser algo cotidiano a un terreno lleno de prejuicios y silencios, como se explica en Cosmopolitan.

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El término consolador nació como un eufemismo médico para ocultar el deseo femenino. Foto: Internet

El secreto detrás del nombre​


¿Por qué se eligió una palabra tan particular para estos objetos en el siglo XIX? El término consolador proviene del italiano diletto, que significa placer, pero se adoptó como un eufemismo para no hablar abiertamente de la masturbación, como se cuenta en Nueva Tribuna.

Durante esa época, la idea de que una mujer explorara su cuerpo era impensable para la sociedad.

Por eso, se usaban términos médicos como “cura de la histeria femenina” para ocultar la realidad del deseo tras una supuesta enfermedad.

Bajo esa mirada antigua, el objeto no existía para brindar un goce propio, sino para “consolar” la falta de una figura masculina.

Se pensaba que el juguete era un simple sustituto emocional frente a la ausencia de un hombre en la vida de la mujer.

Esta visión paternalista ocultaba que el bienestar y la salud sexual son derechos fundamentales que no dependen de nadie más.

El nombre servía para que las mujeres pudieran aliviar sus ‘síntomas’ sin ser juzgadas por buscar su satisfacción.

Del silencio a la libertad​


Con el paso de las décadas, el lenguaje finalmente empezó a cambiar para reflejar la autonomía de las personas.

El término consolador perdió vigencia y fue reemplazado por la palabra vibrador, un cambio que la sexóloga July Ruiz destaca como esencial.

“Este giro cultural nos habla de empoderamiento y autonomía sexual en la actualidad”, explica.

“Mientras la palabra antigua hablaba de una carencia, la nueva palabra se enfoca en la acción y el cuerpo”, añade.

Hoy en día, estos dispositivos se asocian con el autoconocimiento y la exploración íntima responsable, como lo señala Trendencias.

Ya no son símbolos de soledad, sino herramientas poderosas para conectar con una misma de forma saludable.

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