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Orlando Silva
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El interés del presidente de Estados Unidos, Donald Trump por Groenlandia volvió a colocar a la isla en el centro del debate geopolítico mundial. Trump ha señalado que su control resulta vital para la seguridad nacional de Estados Unidos y para frenar la influencia de China y Rusia en el Ártico.
El primer ministro Múte B. Egede rechazó los planteamientos de Trump y sostuvo que Groenlandia pertenece a su población. Su Gobierno ha insistido en que cualquier relación internacional debe construirse desde la voz propia del territorio y no desde decisiones externas.
Esa posición se apoya en la Estrategia de Asuntos Exteriores, Defensa y Seguridad 2024-2033, titulada Groenlandia en el Mundo – Nada sobre nosotros sin nosotros.
El documento afirma que, con el derecho a la autodeterminación y el objetivo de la independencia, el país busca ampliar su cooperación con otros Estados desde una posición soberana.
La primera ministra Mette Frederiksen expresó su rechazo a cualquier intento de compra o control externo sobre Groenlandia. Desde Copenhague, su gobierno sostiene que la isla forma parte del Reino de Dinamarca, pero con un estatuto de autonomía que reconoce derechos propios a su población.
Ese marco jurídico se consolidó con la Ley de Autogobierno de 2009, que reconoce a los groenlandeses como un pueblo con derecho a decidir su futuro. La mayoría de la población apoya una independencia eventual, aunque la dependencia económica de las subvenciones danesas condiciona ese objetivo.
Trump ha defendido su interés por Groenlandia como una medida de seguridad frente a Rusia y China. Sin embargo, analistas han advertido que ese enfoque puede resultar contraproducente.
Jennifer Spence, directora de la Iniciativa Ártica en el Belfer Center for Science and International Affairs de la Harvard Kennedy School sostuvo que Estados Unidos no será más seguro dominando a sus vecinos y que la estabilidad en el Ártico no se alcanzará mediante presiones sobre aliados.
Spence también advirtió que una estrategia basada en amenazas puede aislar a Washington de Groenlandia, de Dinamarca y de otros socios, además de debilitar la tradición de cooperación en el Ártico y las normas del sistema internacional.
Estados Unidos mantiene en la isla la Base Espacial Pituffik, dedicada a sistemas de alerta temprana contra misiles y vigilancia espacial. Groenlandia también integra el corredor GIUK, un punto clave para el control naval del Atlántico Norte durante la Guerra Fría y aún relevante para monitorear movimientos rusos.
El profesor John Williams Montoya Garay, de la Universidad Nacional de Colombia, explicó que a Estados Unidos le interesa Groenlandia por su posición estratégica para acceder con facilidad a Rusia, en particular al puerto de Kola, y por su utilidad para la interceptación de comunicaciones. Montoya Garay sostuvo que alrededor del tema existen mitos, como la supuesta abundancia inmediata de recursos naturales o la relevancia comercial del Paso del Noroeste.
El deshielo facilita el acceso a minerales, hidrocarburos y agua dulce. Groenlandia posee depósitos potenciales de tierras raras, esenciales para baterías y tecnologías de transición energética. Los países occidentales observan esos recursos como una alternativa frente al dominio chino en estas cadenas de suministro.
Montoya Garay advirtió que esos recursos siguen siendo potenciales y difíciles de extraer por el clima, la lejanía y los costos. En 2021, el gobierno groenlandés dejó de otorgar nuevas licencias para exploración de petróleo y gas por razones económicas y ambientales. Hoy, solo dos minas permanecen activas y varios proyectos continúan en fase de desarrollo.
El geólogo español Jerónimo López afirmó que mientras el Ártico era inaccesible se defendía por sí mismo, pero el deshielo y la tensión internacional han creado un escenario complejo. Señaló que el aumento del tráfico marítimo eleva el riesgo de contaminación en un entorno altamente sensible.
López subrayó que este contexto exige cooperación internacional y decisiones basadas en consenso. Recordó que el cambio climático afecta a todo el planeta y que el conocimiento científico y local resulta clave para entender lo que ocurre en Groenlandia y en el resto del Ártico.
China intentó ganar presencia en Groenlandia durante la década de 2010 mediante proyectos mineros y propuestas de infraestructura. En 2018, Pekín publicó su estrategia ártica, en la que planteó la creación de una “Ruta de la Seda Polar”. Groenlandia buscó atraer inversión china para el sector minero, pero varios de esos proyectos se estancaron o fracasaron.
Estados Unidos intervino para frenar iniciativas chinas, como la construcción de aeropuertos y la reconversión de una base naval danesa abandonada en un centro de investigación. Hoy, la principal presencia china en el Ártico se concentra en Rusia. Aunque China figura como principal socio comercial de Groenlandia, ese dato no implica control político ni influencia estratégica directa.
La Ley de Autogobierno de Groenlandia, ratificada en 2009 por el Parlamento danés, reconoce al pueblo groenlandés como un pueblo con derecho a la autodeterminación conforme al derecho internacional. Ese marco legal impide que Groenlandia pueda ser adquirida por Estados Unidos o por cualquier otro país sin el consentimiento de su población.
La Estrategia Groenlandia en el Mundo – Nada sobre nosotros sin nosotros sostiene que el país aspira a ampliar su cooperación internacional desde su propia voz.
El documento afirma que, con el objetivo de la independencia, los groenlandeses buscan participar en los asuntos globales con una posición propia y responsable.
Jerónimo López señaló que el Ártico enfrenta un escenario complejo por la combinación de deshielo, rutas abiertas y disputas territoriales. Explicó que más barcos en la región aumentan el riesgo de contaminación en un entorno frágil.
El científico sostuvo que este contexto exige cooperación internacional y decisiones tomadas por consenso. Recordó que, a diferencia de la Antártida, el Ártico no se rige por un tratado multilateral único, lo que refuerza la necesidad de acuerdos entre los Estados para evitar que la competencia estratégica derive en conflicto.
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“Groenlandia es para el pueblo groenlandés”
El primer ministro Múte B. Egede rechazó los planteamientos de Trump y sostuvo que Groenlandia pertenece a su población. Su Gobierno ha insistido en que cualquier relación internacional debe construirse desde la voz propia del territorio y no desde decisiones externas.
Esa posición se apoya en la Estrategia de Asuntos Exteriores, Defensa y Seguridad 2024-2033, titulada Groenlandia en el Mundo – Nada sobre nosotros sin nosotros.
El documento afirma que, con el derecho a la autodeterminación y el objetivo de la independencia, el país busca ampliar su cooperación con otros Estados desde una posición soberana.
Dinamarca respalda la autodeterminación
La primera ministra Mette Frederiksen expresó su rechazo a cualquier intento de compra o control externo sobre Groenlandia. Desde Copenhague, su gobierno sostiene que la isla forma parte del Reino de Dinamarca, pero con un estatuto de autonomía que reconoce derechos propios a su población.
Ese marco jurídico se consolidó con la Ley de Autogobierno de 2009, que reconoce a los groenlandeses como un pueblo con derecho a decidir su futuro. La mayoría de la población apoya una independencia eventual, aunque la dependencia económica de las subvenciones danesas condiciona ese objetivo.
Seguridad y límites de la estrategia estadounidense
Trump ha defendido su interés por Groenlandia como una medida de seguridad frente a Rusia y China. Sin embargo, analistas han advertido que ese enfoque puede resultar contraproducente.
Jennifer Spence, directora de la Iniciativa Ártica en el Belfer Center for Science and International Affairs de la Harvard Kennedy School sostuvo que Estados Unidos no será más seguro dominando a sus vecinos y que la estabilidad en el Ártico no se alcanzará mediante presiones sobre aliados.
Spence también advirtió que una estrategia basada en amenazas puede aislar a Washington de Groenlandia, de Dinamarca y de otros socios, además de debilitar la tradición de cooperación en el Ártico y las normas del sistema internacional.
- Te puede interesar: Putin pone precio a Groenlandia y lo eleva hasta 1 000 millones de dólares
Groenlandia como punto militar estratégico
Estados Unidos mantiene en la isla la Base Espacial Pituffik, dedicada a sistemas de alerta temprana contra misiles y vigilancia espacial. Groenlandia también integra el corredor GIUK, un punto clave para el control naval del Atlántico Norte durante la Guerra Fría y aún relevante para monitorear movimientos rusos.
El profesor John Williams Montoya Garay, de la Universidad Nacional de Colombia, explicó que a Estados Unidos le interesa Groenlandia por su posición estratégica para acceder con facilidad a Rusia, en particular al puerto de Kola, y por su utilidad para la interceptación de comunicaciones. Montoya Garay sostuvo que alrededor del tema existen mitos, como la supuesta abundancia inmediata de recursos naturales o la relevancia comercial del Paso del Noroeste.
Recursos naturales entre expectativas y realidad
El deshielo facilita el acceso a minerales, hidrocarburos y agua dulce. Groenlandia posee depósitos potenciales de tierras raras, esenciales para baterías y tecnologías de transición energética. Los países occidentales observan esos recursos como una alternativa frente al dominio chino en estas cadenas de suministro.
Montoya Garay advirtió que esos recursos siguen siendo potenciales y difíciles de extraer por el clima, la lejanía y los costos. En 2021, el gobierno groenlandés dejó de otorgar nuevas licencias para exploración de petróleo y gas por razones económicas y ambientales. Hoy, solo dos minas permanecen activas y varios proyectos continúan en fase de desarrollo.
El Ártico como laboratorio climático y político
El geólogo español Jerónimo López afirmó que mientras el Ártico era inaccesible se defendía por sí mismo, pero el deshielo y la tensión internacional han creado un escenario complejo. Señaló que el aumento del tráfico marítimo eleva el riesgo de contaminación en un entorno altamente sensible.
López subrayó que este contexto exige cooperación internacional y decisiones basadas en consenso. Recordó que el cambio climático afecta a todo el planeta y que el conocimiento científico y local resulta clave para entender lo que ocurre en Groenlandia y en el resto del Ártico.
China pierde espacio en Groenlandia
China intentó ganar presencia en Groenlandia durante la década de 2010 mediante proyectos mineros y propuestas de infraestructura. En 2018, Pekín publicó su estrategia ártica, en la que planteó la creación de una “Ruta de la Seda Polar”. Groenlandia buscó atraer inversión china para el sector minero, pero varios de esos proyectos se estancaron o fracasaron.
Estados Unidos intervino para frenar iniciativas chinas, como la construcción de aeropuertos y la reconversión de una base naval danesa abandonada en un centro de investigación. Hoy, la principal presencia china en el Ártico se concentra en Rusia. Aunque China figura como principal socio comercial de Groenlandia, ese dato no implica control político ni influencia estratégica directa.
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Autodeterminación frente a la narrativa de compra
La Ley de Autogobierno de Groenlandia, ratificada en 2009 por el Parlamento danés, reconoce al pueblo groenlandés como un pueblo con derecho a la autodeterminación conforme al derecho internacional. Ese marco legal impide que Groenlandia pueda ser adquirida por Estados Unidos o por cualquier otro país sin el consentimiento de su población.
La Estrategia Groenlandia en el Mundo – Nada sobre nosotros sin nosotros sostiene que el país aspira a ampliar su cooperación internacional desde su propia voz.
El documento afirma que, con el objetivo de la independencia, los groenlandeses buscan participar en los asuntos globales con una posición propia y responsable.
Multilateralismo como respuesta a la tensión ártica
Jerónimo López señaló que el Ártico enfrenta un escenario complejo por la combinación de deshielo, rutas abiertas y disputas territoriales. Explicó que más barcos en la región aumentan el riesgo de contaminación en un entorno frágil.
El científico sostuvo que este contexto exige cooperación internacional y decisiones tomadas por consenso. Recordó que, a diferencia de la Antártida, el Ártico no se rige por un tratado multilateral único, lo que refuerza la necesidad de acuerdos entre los Estados para evitar que la competencia estratégica derive en conflicto.
- Información extra: Groenlandia
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