Wilman Patiño, el único futbolista de Galápagos que llegó a la Selección de Ecuador

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Alexis Sinchire

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Wilman Patiño no es solo un nombre singular dentro del fútbol ecuatoriano. Nació en Santa Cruz, provincia de Galápagos, se convirtió en futbolista profesional y alcanzó un lugar en la Selección de Ecuador, algo inédito para un jugador formado en el archipiélago.

La historia de Wilman Patiño rompe el mapa tradicional del futbol de Ecuador que casi siempre se cuenta desde Quito y Guayaquil. Su carrera empezó lejos de los grandes estadios, en una realidad insular donde en su niñez no había señal de televisión y donde el fútbol llegaba, sobre todo, por la radio.

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Wilman Patiño nació el 26 de junio de 1967 en la isla Santa Cruz. Se graduó en el Colegio Nacional Galápagos, con especialización en Químico-Biólogo, pero su rumbo ya estaba marcado por el deporte.

Aunque llegó a Quito en 1985 con la idea de seguir estudios superiores en la Universidad Central, pronto se inclinó por la educación física y encontró la puerta que cambiaría su vida en la Universidad Católica, que entonces lo incorporó a su categoría juvenil sub-18.

Antes de pisar el fútbol profesional, su formación fue distinta a la de casi cualquier otro jugador ecuatoriano de su época. En Galápagos, el deporte no estaba ligado a estructuras formales como las del continente.


Su aprendizaje pasó por el fútbol escolar, el colegial y los torneos entre islas, especialmente contra representativos de San Cristóbal e Isabela. Allí fue ganando espacio como parte de selecciones de su escuela y colegio.

Hasta 1984, según recuerda, en Galápagos no existía señal de televisión estable. Las referencias de los clubes y de la propia Selección de Ecuador llegaban por transmisiones radiales del continente.

Así conoció a figuras de la época dorada de El Nacional, Barcelona y Emelec, nombres que alimentaron una aspiración que parecía lejana, pero no imposible.

Uno de los episodios que reforzó esa idea ocurrió antes de instalarse en Quito. En un viaje a Guayaquil, todavía como estudiante, pudo conocer el estadio donde entrenaba Barcelona SC y ver de cerca a algunos futbolistas profesionales.


El salto se dio en 1985. Ya radicado en Quito, un primo que jugaba en las reservas de Universidad Católica le abrió la posibilidad de presentarse a una prueba. El entrenador de la juvenil, el paraguayo radicado en Ecuador Carlos Gutiérrez, lo reclutó rápidamente.

Así comenzó un proceso que lo llevó de la sub-18 al primer equipo en un periodo muy corto, impulsado por su talento, puesto que en esos años no existían reglamentos que protegieran o promovieran al juvenil; jugaba quien se ganaba el puesto.

Su posición natural era la de volante de contención, aunque también fue utilizado como marcapunta o volante de salida. Ese perfil, de mucho despliegue y lectura táctica, le permitió competir en un plantel con futbolistas más experimentados con el número 51 en su espalda.

Debut soñado con gol en Guayaquil​


El debut profesional del ‘Galapaguito‘, como era conocido por sus colegas, llegó en 1986 y tuvo todos los ingredientes de una historia inolvidable.

Fue en Guayaquil, contra Barcelona SC, en el Estadio Modelo con el uruguayo Francisco ‘Tano’ Bertocchi como entrenador, aunque su ascenso al primer plantel fue con el fallecido Héctor Morales.

En su estreno marcó el gol del triunfo de la ‘Chatoléi’. El tanto llegó tras un remate de Patricio Corella que el arquero Carlos Luis Morales no logró contener; Patiño apareció en el rebote y definió.


En Universidad Católica permaneció entre 1985 y 1988. Después jugó en Emelec entre 1989 y parte de 1990, regresó a Católica en 1991 y 1992, pasó por Espoli en 1993, por Valdez SC en 1994 y cerró su etapa como profesional en Técnico Universitario, entre 1995 y 1996.

Su recorrido compartió vestuario con jugadores de trayectoria como Antonio Arias, Juan Carlos Ayala, Pietro Marsetti, John Landeta, Eloy Jarrín, Francisco Reinoso, Carlos Enríquez, Patricio Corella y John Kennedy Minda, entre otros.

La Selección de Ecuador también requirió de su talento​


El gran valor histórico de su carrera no se explica solo por haber llegado al profesionalismo. Se amplifica por su paso por la Selección de Ecuador.

En 1986, el mismo año en que debutó en primera, fue convocado a la selección sub-23 bajo la dirección de Eduardo Macías.

Entre sus compañeros de aquella etapa estuvieron nombres que después se volvieron referencias mayores, como Álex Aguinaga, Raúl Noriega, Diego Herrera, Ángel Buenaño, Álex Cevallos, Walter Salazar, Luis Chérrez y Edmundo Méndez.


Además de ese proceso juvenil, también alcanzó convocatorias a la selección absoluta. Según su testimonio, trabajó en ciclos de la mayor bajo la conducción del uruguayo Luis Grimaldi, aunque finalmente no quedó en la nómina definitiva.

Aun así, el hecho de haber sido considerado en ese nivel le da una dimensión especial a su trayectoria, destacando que Wilman Patiño no solo llegó desde Galápagos al profesionalismo, sino que también se metió en la órbita de la Selección de Ecuador, algo que ningún otro coterráneo ha conseguido.

El presente del ‘Galapaguito’​


Tras retirarse en 1996, Patiño no se alejó del deporte. Aunque tuvo una década en la que trabajó en el sector público, siguió vinculado al fútbol y más tarde consolidó su carrera como entrenador y docente.

Desde 2008 trabajó en la Universidad Internacional del Ecuador (UIDE), donde impulsó procesos que incluyeron ascensos y títulos en categorías formativas y en segunda categoría. También dirigió a equipos como Quiteño FC, Inter de Mindo y Meridiano.


Su historia cobra todavía más valor en el contexto actual. Galápagos recién empieza a construir estructuras más formales para insertarse en el fútbol organizado, con una realidad logística y económica mucho más compleja que la del Ecuador continental.

El simple traslado entre islas, los costos operativos y la necesidad de cumplir exigencias federativas convierten cualquier proyecto en un desafío mayor.

Por eso, la carrera de Wilman Patiño se entiende mejor cuando se mira completa. No fue solo el futbolista que salió de Santa Cruz para jugar en Quito o Guayaquil. Fue el primer caso visible de una provincia que durante décadas estuvo fuera del circuito profesional.


Si hoy el archipiélago empieza a soñar con tener más jugadores en el mapa nacional, el punto de partida ya existe.

Lo dejó marcado Wilman Patiño, el niño que escuchó fútbol por radio en una isla, debutó con gol en la Serie A y llegó a la Selección de Ecuador cuando casi nadie imaginaba que algo así podía ocurrir.

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