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Mauricio Diaz
Guest
La relación de Bolivia con los puertos del norte de Chile es una de las arterias económicas más importantes para nuestro comercio exterior. Arica e Iquique no son simples terminales marítimas: son las puertas de salida de más del 70% de nuestra carga boliviana que se moviliza por el Pacífico, y constituyen un vínculo logístico vital para nuestras importaciones y exportaciones. Sin embargo, mientras la carga fluye con creciente dinamismo hacia esos puertos, el transporte de pasajeros continúa rezagado, atrapado casi exclusivamente en largos y desgastantes viajes por carretera. Lo paradójico es que existe una clara demanda insatisfecha que podría ser atendida de manera eficiente por nuestra aerolínea bandera, BoA, si finalmente decidiera cubrir de forma estable y estratégica la ruta aérea La Paz–Arica y La Paz–Iquique.
Los datos oficiales son elocuentes. Según el INE, solo en 2024 alrededor de 380.160 personas cruzaron por la frontera de Tambo Quemado con destino a Arica, un flujo que se mantiene robusto año tras año y que responde a múltiples motivaciones: comercio minorista, turismo, salud, estudios, conexión hacia otros destinos internacionales y, no menos importante, la necesidad de acompañar o supervisar carga familiar o empresarial que se mueve hacia los puertos. A esa cifra habría que añadir los viajeros que se desplazan por el paso de Pisiga rumbo a Iquique, lo que permite estimar con facilidad que el movimiento total de pasajeros desde Bolivia hacia ambos centros urbanos supera con comodidad los 450 mil usuarios anuales.
A pesar de ello, las opciones aéreas directas han sido históricamente escasas, discontinuas o meramente experimentales. El ciudadano promedio que desea llegar a Arica o a Iquique desde La Paz, Oruro o Cochabamba debe trasladarse por carretera durante entre 8 y 12 horas, en condiciones muchas veces adversas, con riesgos propios de las rutas altiplánicas, congestionamientos en frontera, trámites lentos y un desgaste físico considerable. Cuando se trata de empresarios o trabajadores que viajan con frecuencia para gestionar carga, realizar trámites aduaneros o mantener operaciones logísticas, este viaje terrestre reiterado se convierte en un serio costo económico y de productividad para el país.
BoA tiene aquí una extraordinaria oportunidad de negocio y, al mismo tiempo, un deber estratégico. Si la empresa estatal quiere reforzar su papel como integradora del sistema logístico nacional, debe mirar con la misma fuerza hacia nuestros vecinos más cercanos como mira hacia mercados más lejanos pero menos constantes. Una ruta regular La Paz–Arica-Iquique no sólo captaría una porción importante de esos cientos de miles de viajeros terrestres, sino que también contribuiría a fortalecer el aparato exportador boliviano, la formalidad del tránsito de pasajeros y la capacidad del país para gestionar sus cadenas de valor.
Además, el mercado turístico tiene un enorme potencial. Las playas del norte chileno son un atractivo evidente para los bolivianos, mientras que Arica representa una puerta de acceso para turistas extranjeros que desean descubrir nuestro altiplano, el Sajama, La Paz o el Lago Titicaca. Una conexión aérea eficiente puede transformar viajes que hoy se evitan por cansancio o inseguridad, en experiencias accesibles que impulsen un mayor intercambio cultural y económico.
No menos relevante es el enfoque social. Muchas personas viajan a Arica por razones de salud, buscando servicios médicos que no encuentran en sus ciudades de origen. Poder llegar en menos de una hora y media en vez de pasar una noche entera en carretera es una cuestión de dignidad, bienestar y derechos.
Por todo ello, la cobertura estable de estas rutas no debería ser una apuesta temporal ni un anuncio aislado, sino una política comercial sostenida que responda a una demanda real y creciente. Con una programación adecuada, aviones de capacidad media, tarifas competitivas y alianzas logísticas con operadores portuarios y agencias de carga, BoA podría consolidar rápidamente un corredor aéreo que beneficie al país en su conjunto.
Bolivia no puede darse el lujo de seguir con la vista puesta en el mar, pero con los pies eternamente anclados al asfalto. Convertir a Arica e Iquique en destinos aéreos regulares desde La Paz no es simplemente mejorar la conectividad: es estrechar los lazos con los puertos que sostienen nuestro comercio exterior, es dinamizar el turismo y la actividad empresarial, es cuidar la salud y la seguridad de los ciudadanos. Si la carga boliviana ya llega por millones de toneladas a esos puertos, es hora de que los bolivianos también podamos llegar en alas propias, rápidas y seguras. BOA tiene la pista despejada. Ahora sólo falta que decida despegar.
The post Urge la ruta aérea de BoA: La Paz/Arica/Iquique appeared first on La Razón.
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Los datos oficiales son elocuentes. Según el INE, solo en 2024 alrededor de 380.160 personas cruzaron por la frontera de Tambo Quemado con destino a Arica, un flujo que se mantiene robusto año tras año y que responde a múltiples motivaciones: comercio minorista, turismo, salud, estudios, conexión hacia otros destinos internacionales y, no menos importante, la necesidad de acompañar o supervisar carga familiar o empresarial que se mueve hacia los puertos. A esa cifra habría que añadir los viajeros que se desplazan por el paso de Pisiga rumbo a Iquique, lo que permite estimar con facilidad que el movimiento total de pasajeros desde Bolivia hacia ambos centros urbanos supera con comodidad los 450 mil usuarios anuales.
A pesar de ello, las opciones aéreas directas han sido históricamente escasas, discontinuas o meramente experimentales. El ciudadano promedio que desea llegar a Arica o a Iquique desde La Paz, Oruro o Cochabamba debe trasladarse por carretera durante entre 8 y 12 horas, en condiciones muchas veces adversas, con riesgos propios de las rutas altiplánicas, congestionamientos en frontera, trámites lentos y un desgaste físico considerable. Cuando se trata de empresarios o trabajadores que viajan con frecuencia para gestionar carga, realizar trámites aduaneros o mantener operaciones logísticas, este viaje terrestre reiterado se convierte en un serio costo económico y de productividad para el país.
BoA tiene aquí una extraordinaria oportunidad de negocio y, al mismo tiempo, un deber estratégico. Si la empresa estatal quiere reforzar su papel como integradora del sistema logístico nacional, debe mirar con la misma fuerza hacia nuestros vecinos más cercanos como mira hacia mercados más lejanos pero menos constantes. Una ruta regular La Paz–Arica-Iquique no sólo captaría una porción importante de esos cientos de miles de viajeros terrestres, sino que también contribuiría a fortalecer el aparato exportador boliviano, la formalidad del tránsito de pasajeros y la capacidad del país para gestionar sus cadenas de valor.
Además, el mercado turístico tiene un enorme potencial. Las playas del norte chileno son un atractivo evidente para los bolivianos, mientras que Arica representa una puerta de acceso para turistas extranjeros que desean descubrir nuestro altiplano, el Sajama, La Paz o el Lago Titicaca. Una conexión aérea eficiente puede transformar viajes que hoy se evitan por cansancio o inseguridad, en experiencias accesibles que impulsen un mayor intercambio cultural y económico.
No menos relevante es el enfoque social. Muchas personas viajan a Arica por razones de salud, buscando servicios médicos que no encuentran en sus ciudades de origen. Poder llegar en menos de una hora y media en vez de pasar una noche entera en carretera es una cuestión de dignidad, bienestar y derechos.
Por todo ello, la cobertura estable de estas rutas no debería ser una apuesta temporal ni un anuncio aislado, sino una política comercial sostenida que responda a una demanda real y creciente. Con una programación adecuada, aviones de capacidad media, tarifas competitivas y alianzas logísticas con operadores portuarios y agencias de carga, BoA podría consolidar rápidamente un corredor aéreo que beneficie al país en su conjunto.
Bolivia no puede darse el lujo de seguir con la vista puesta en el mar, pero con los pies eternamente anclados al asfalto. Convertir a Arica e Iquique en destinos aéreos regulares desde La Paz no es simplemente mejorar la conectividad: es estrechar los lazos con los puertos que sostienen nuestro comercio exterior, es dinamizar el turismo y la actividad empresarial, es cuidar la salud y la seguridad de los ciudadanos. Si la carga boliviana ya llega por millones de toneladas a esos puertos, es hora de que los bolivianos también podamos llegar en alas propias, rápidas y seguras. BOA tiene la pista despejada. Ahora sólo falta que decida despegar.
Carlos Ibañez Meier
es Ph.D en Economía.
es Ph.D en Economía.
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