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Joel Porras Hernández
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A nivel socioeconómico las mujeres tienden a estar entre los grupos más vulnerables y la dimensión laboral no es la excepción. Académicas de la Universidad Nacional (UNA) señalan que, según estudios de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) del 2024 y del Instituto Nacional de Estadística y Censos (INEC) del 2025, las mujeres reciben, en promedio, un menor salario en comparación con los hombres.
También presentan un mayor nivel de desempleo: a nivel global corresponde a un 7,1% para las mujeres y un 5,2% para los hombres según datos de la Organización Internacional del Trabajo; y de acuerdo con el INEC, los hombres tienen un 6,7%, mientras que en las mujeres es de 8,6%.
Los datos fueron explicados por Leonela Artavia Jiménez, profesora de Economía Política en la UNA y coordinadora del Proyecto de Investigación Trabajo y Crisis: aportes desde una economía política crítica heterodoxa para la vida, de la Escuela de Economía de la UNA.
En asociación con el Instituto de Estudios Sociales en Población (Idespo) se hizo una aproximación a la realidad que viven las mujeres en Costa Rica en materia del cuidado no remunerado en los hogares.
La presentación de resultados se hizo esta mañana con motivo de la conmemoración, el próximo 8 de marzo, del Día Internacional de la Mujer. Se transmitió en el canal de YouTube de la UNA.
Otro de los hallazgos que se brindaron en la exposición fue que el empleo independiente de las mujeres es mayoritariamente informal, corresponde al 20% del 2021 al 2024.
“Cuando hablamos de informalidad, no es lo mismo en hombres y mujeres. Las mujeres necesitamos de la cobertura de la seguridad social en el estado del embarazo. Las mujeres en informalidad no van a tener acceso a una licencia maternidad, y no es solo el tiempo que pueden dedicar a cuidar de sus bebés, sino también en términos de condiciones materiales, porque estas mujeres en esa época no van a recibir ni un cinco. No van a poder trabajar o van a tener que estar trabajando embarazadas o con sus bebés recién nacidos con todo lo que eso implica”, manifestó Artavia.
Menos trabajo
La relación con los cuidados en la dimensión reproductiva también se reproduce en la productiva, es decir, en el mercado laboral. El informe arroja que alrededor del 60% de mujeres trabajadoras se concentran en ramas relacionadas con los cuidados como alojamiento y servicios de comida, enseñanza, actividades de los hogares como trabajadoras domésticas, industrias manufactureras y comercio al por mayor y al por menor.
La mayoría de las mujeres insertas (un 63% en 2025) en los mercados laborales tienen jornadas entre las 40 y 48 horas semanales y deben dedicar tiempo aparte para atender el trabaja doméstico no remunerado en su hogar.
“Somos multitárea y no es tanto porque sea una ventaja evolutiva o una característica especial de nuestro cerebro, sino porque toca trabajar en lo reproductivo, sostener la vida y también llevar toda la lógica de nuestros trabajos remunerados. Entonces sí hay una mayor carga, o si comparamos en el tiempo que dedicamos al oficio y a cuidar. Puede hacerse al mismo tiempo: estoy barriendo y estoy cuidando de mi hija, estoy preparando los alimentos y al mismo tiempo estoy vigilando a alguien”, mencionó la experta.
En cuanto a salarios, el estudio señala que las mujeres que trabajan por cuenta propia reportan los salarios más bajos, incluso por debajo del salario mínimo de ocupaciones no calificadas. Para 2024 el salario mínimo en ese rubro era de ₡358.609 y las mujeres que fueron entrevistadas en la Encuesta Continua de Empleo reportaron haber recibido ₡145.488 menos.
Reorganización social de los cuidados
Ana Lucía Fernández, socióloga e investigadora del Centro de Investigación en Cultura y Desarrollo, señala que las encuestas de uso del tiempo han comprobado que existe una distribución desigual del trabajo entre el Estado, mercado, comunidad y familias.
Con ello, hay una sobrecarga en los hogares y son las mujeres de las familias quienes realizan el trabajo, afectando su autonomía física y económica.
La experta señala que una propuesta para la reorganización social de los cuidados se denomina: diamante del bienestar, que tiene cuatro vértices que son los actores mencionados anteriormente.
Esta se basa en que todos los actores tengan una participación en la redistribución de los cuidados: el Estado, las empresas, la comunidad y los hombres.
El objetivo es que se responsabilicen por asumir, redistribuir y universalizar los cuidados, posicionando el hecho de que los cuidados no es solo una cuestión de las mujeres, romper el nudo estructural en las relaciones de género y que exista autonomía en el ejercicio de una ciudadanía amplia y con efectivo goce de los derechos.
La entrada UNA-Idespo: Mujeres siguen con más desempleo y menos salarios que los hombres aparece primero en Semanario Universidad.
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