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Trabajo como desarrollador de IA. Así es como estoy criando a mi hijo
Deberíamos asegurarnos de que las personas tengan control sobre cómo utiliza la IA sus datos personales.
Soulaiman Itani
30 de diciembre de 2025
|
00:01h
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“Papi, ¿quién es ese hombre?”, preguntó hace poco mi hijo de 4 años, Omie, tras irrumpir en mi despacho.
Como padre soltero que trabaja casi siempre desde casa, es una interrupción que espero con ansias. En las videollamadas con colegas que trabajan en todo el mundo, a veces pongo a Omie en mi regazo y lo presento.
Pero esta vez no estaba en una videollamada. No supe a quién se refería hasta que eché un vistazo a mi pantalla: allí aparecía un avatar ultrarrealista con movimientos de boca animados, parte de un proyecto para crear actores de IA con sus propias personalidades y estilos de actuación. Omie había supuesto que se trataba de un nuevo compañero de trabajo.
He estado pensando en ese momento desde entonces. Soy un desarrollador que ha dirigido varios proyectos de IA, incluido LaMDA de Google, un modelo conversacional de lenguaje de gran tamaño que precedió a Gemini. Creo que estas tecnologías son importantes porque, en última instancia, pueden ayudarnos a resolver algunos problemas más rápidamente y permitirnos dedicar más tiempo y energía a prioridades más relevantes, tanto profesionales como personales.
Sin embargo, incluso yo tengo dudas sobre el tipo de futuro en el que crecerá mi hijo a medida que progrese la IA. Y no soy el único: en una encuesta reciente, el 61 por ciento de los padres dijeron que les preocupaba que el creciente uso de la IA perjudicara la capacidad de pensamiento crítico de los estudiantes. ¿El uso de modelos de lenguaje de gran tamaño (que potencian herramientas como ChatGPT) perjudicará el desarrollo de los niños, o no utilizarlos dificultará sus perspectivas laborales futuras?
El porvenir es incierto, pero si fomentamos el pensamiento crítico y la flexibilidad creativa de nuestros hijos ahora, creo que podemos ayudarles a prepararse para un futuro con IA.
Alguien me preguntó recientemente si dejaría que Omie usara ChatGPT cuando tuviera edad suficiente para manejar un teclado. Como padre, estoy de acuerdo con la preocupación de que los modelos de lenguaje de gran tamaño tienden a cortocircuitar los procesos de pensamiento del niño mediante respuestas fáciles e inmerecidas. La gratificación instantánea no anima a los niños a resolver problemas ni a sentir placer por las tareas difíciles. Además, me preocupan los efectos sociales de la IA en ellos, cuando los compañeros y mentores de un niño ya no sean solo sus compañeros y profesores, sino también compañeros automatizados y personajes en línea perfectamente diseñados.
Tomar decisiones éticas y navegar por situaciones en las que no existe una única respuesta correcta son cosas que solo pueden hacer los humanos.
Aun así, muchos estudiantes ya utilizan herramientas como ChatGPT. Los datos sugieren que la inmensa mayoría de los estudiantes universitarios de todo el mundo lo hace con regularidad. Es inevitable que niños como mi hijo se vean expuestos a estas herramientas y se les anime a utilizarlas de alguna manera.
Creo que en algún momento permitiré que mi hijo utilice ChatGPT y herramientas similares. Pero cuando lo haga, pienso enseñarle a verificar los datos de las fuentes proporcionadas por la IA, y asegurarme de que comprende que las computadoras a menudo “aprenden” lo incorrecto de las fuentes en línea.
En lo que respecta a la educación de Omie, me he fijado en las filosofías de enseñanza que animan a los alumnos a formular sus propias preguntas y diseñar sus propias investigaciones. Las escuelas estadounidenses deberían fomentar proyectos que exijan a los alumnos que desarrollen soluciones razonadas a problemas del mundo real. Tomar decisiones éticas y navegar por situaciones en las que no existe una única respuesta correcta son cosas que solo pueden hacer los humanos.
En casa, intento ayudar a mi hijo a responder de forma creativa a la incertidumbre. Gran parte de nuestro juego es un tipo de improvisación. Omie crea superhéroes y villanos, con sus respectivos poderes, y yo los desafío con escenarios difíciles. Frustra los cocodrilos de agua salada que invoco lanzándoles pollo crudo con somníferos dentro, y bloquea mis ataques de hielo con un muro de lava. Aunque no apoyo el uso de la IA como sustituto de la creatividad, puede ser un complemento maravilloso para la imaginación libre de un niño. Por eso utilizamos programas de IA generativa para crear imágenes y canciones temáticas que acompañen nuestras aventuras de rol.
Parte de mi trabajo como desarrollador tecnológico consiste en asesorar a las instituciones sobre la ética de la IA. Estas conversaciones a menudo suenan como las negociaciones con mi hijo a la hora de irse a dormir. ¿Qué límites son justos? ¿Cuánta libertad es demasiada? ¿Qué ocurre cuando las normas entran en conflicto con el crecimiento? Las respuestas nunca son definitivas, pero el hecho de responderlas juntos es importante.
Los padres deben participar en estas conversaciones y en la elaboración de la normativa sobre IA. Debemos pedir a las empresas que implementen controles parentales obligatorios en sus programas y agentes de IA. Deberíamos asegurarnos de que las personas tengan control sobre cómo utiliza la IA sus datos personales, especialmente cuando se trata de cómo se entrenan estos modelos.
Mi esperanza es que estoy construyendo un futuro para Omie en el que la IA ayude a crear un mundo en el que tenemos dos variedades de todo: una que está automatizada y se crea fácilmente; la otra que está hecha laboriosamente solo por humanos, y, por tanto, es apreciada. Quiero que mi hijo y su generación sigan valorando las películas y otras obras de arte creadas por humanos, y que, al mismo tiempo, utilicen la IA para ayudarles a contar historias sobre sí mismos, en las que sean superhéroes ágiles e inventivos y superen retos futuros que aún no hemos imaginado.
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