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Tiempo de pulsos y diezmo político
El miedo es usado como mecanismo de control social.
Carolina Escobar Sarti
22 de enero de 2026
|
00:04h
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Sabíamos que este año sería de intensos pulsos, pero no imaginamos comenzarlo con nueve agentes de la Policía Nacional Civil asesinados por mareros y un estado de sitio. Eso revela tres cosas: 1) Una estructura criminal que, como la Hidra de Lerna, tiene muchas cabezas y se siente profundamente amenazada por las elecciones de segundo grado que definirán el futuro de Guatemala; y 2) Un Sistema Penitenciario que precisa cambios urgentes. 3) Un continuum de crisis.
Necesitamos a personas que gobiernen sin que les tiemble la mano o a pesar de ello.
El financiamiento para estas operaciones criminales, lideradas por una o varias cabezas de la Hidra, sigue saliendo de las canastas donde se recoge el diezmo político del pacto criminal. Guatemala es un Estado diseñado para el terror y para defender los intereses de esos grupos, a través de la captura de sus instituciones y de un continuum de crisis. Pensemos en la crisis política de larga data, sostenida por un poder judicial sin independencia que maneja los tiempos de la justicia al ritmo de los tiempos políticos (rápido o lento, según si son enemigos o amigos). Por eso, los resultados en las elecciones del Cang fueron tan importantes; hablaron de feudos que comienzan a diluirse y desaparecer.
Esta crisis proviene, también, del adefesio legislativo lleno de mercenarios que operan, en su mayoría, para favorecer y sostener los privilegios de sus patrones y de estructuras ilegales ya-no-tan-clandestinas (ahora David sí sabe dónde está Goliat). Sumemos a lo anterior un Ministerio Público (MP) cuya cabeza tiembla a las puertas de las elecciones de fiscal general y que opera para la corrupción al más alto nivel, existiendo innumerables pruebas que lo confirman. La última, no aportar evidencia, a pesar de haber suficiente, en el caso del marero que confesó: “andábamos matando puercos”, refiriéndose a los policías asesinados.
Por lo menos, la corrupción ya no está situada en el centro del poder Ejecutivo y no se negocia desde el Guacamolón, avance que parece poco pero que es invaluable para fundar un Estado de derecho. Habrá que presionar para que el liderazgo político y estratégico del gobierno actual esté, cada vez más, a la altura de las circunstancias y el contexto del país, porque la crisis en seguridad tampoco es coyuntural, sino estructural y precisa decisiones firmes. La evolución y sofisticación de las maras, las pandillas y el narco han dado como resultado grupos de poder paralelo altamente peligrosos, comprometidos con diversos sectores oscuros, no solo de Guatemala, sino de la región y hasta de otros países. La instrumentalización de las maras y pandillas o las alianzas de estas con grupos criminales siempre se dan cuando se busca desestabilizar. El miedo es usado como mecanismo de control social.
El narco tampoco surgió espontáneamente; lleva casi tres décadas pudriendo las entrañas del Estado, con cada vez más presencia en el ámbito local. Funciona, porque existen estos grupos de poder paralelo controlando los territorios. Por otra parte, el Sistema Penitenciario lleva años bajo el control de los grupos criminales de turno, y ante los últimos eventos, quedó de nuevo desnudo. Los movimientos de pandilleros altamente peligrosos hacia cárceles de máxima seguridad en meses pasados, la fuga de 20 de estos pandilleros, los motines carcelarios y las recapturas de algunos de ellos, nos llevan a los últimos hechos, cuando desde la cárcel y para vengarse del actual ministro de Gobernación, que no está dispuesto a pactar con las pandillas, se conoce de un plan desestabilizador, en el cual intervienen líderes de las pandillas, junto a actores de cuello blanco de otros sectores.
Nos acechan tiempos difíciles. Necesitamos a personas que gobiernen sin que les tiemble la mano o a pesar de ello; gobernantes que tengan fuerza para los pulsos que les tocan, que no olviden el significado profundo de la libertad, la democracia y de la dignidad, y que recuerden que el poder usado para el mal puede ser resistido y cambiado por personas simples que ven de frente la realidad y no se dejan someter. No están solos.
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