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Alejandra Vélez
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La captura de Nicolás Maduro, anunciada por el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, marcó un giro abrupto en la rutina de Caracas y otras ciudades venezolanas.
Las primeras horas del día estuvieron dominadas por calles casi vacías, tráfico reducido y un ambiente de cautela, mientras la población intentaba asimilar lo ocurrido.
Con el avance de la mañana, decenas de personas salieron a las calles para abastecerse de alimentos, medicamentos y gasolina. Se observaron largas filas frente a supermercados, estaciones de servicio y farmacias, algunas de las cuales atendieron únicamente a través de ventanillas por razones de seguridad.
La mayoría de estaciones de servicio de Caracas registró filas de vehículos esperando para llenar sus tanques.
Mientras gran parte de la ciudad permanecía en silencio, centenas de militantes del chavismo se concentraron en sectores cercanos al Palacio de Miraflores.
Los manifestantes exigían que “devuelvan” a Maduro y portaban imágenes del gobernante y del fallecido expresidente Hugo Chávez.
Fuera de estos puntos, amplios sectores de Caracas continuaron con escasa circulación de personas y comercios operando de forma parcial.
Un ciudadano venezolano, que pidió reserva de su identidad, contó a EL COMERCIO que su familia en Los Teques vivió la jornada con tensión.
Señaló que hubo compras de alimentos en la mañana, pero que luego muchas personas regresaron a sus casas ante la incertidumbre. Indicó que se escucharon explosiones durante la madrugada y que se reportó la presencia de aviones y drones.
Desde Ecuador, la venezolana Alouette Viloria relató que su familia le informó sobre el derribo de antenas y radares, aunque sin reportes de personas gravemente heridas. Aseguró que en Caracas se perciben expresiones de celebración, pero también una fuerte expectativa por lo que pueda ocurrir.
Por su parte, Newrich Gómez, también venezolana residente en Ecuador, explicó que su familia en Isla Margarita y Barquisimeto describe un “silencio abrumador”. Señaló que lo más recurrente ha sido la compra de alimentos y que el sentimiento es una mezcla de alegría, nostalgia e incertidumbre.
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Las primeras horas del día estuvieron dominadas por calles casi vacías, tráfico reducido y un ambiente de cautela, mientras la población intentaba asimilar lo ocurrido.
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Filas para alimentos, medicinas y combustible
Con el avance de la mañana, decenas de personas salieron a las calles para abastecerse de alimentos, medicamentos y gasolina. Se observaron largas filas frente a supermercados, estaciones de servicio y farmacias, algunas de las cuales atendieron únicamente a través de ventanillas por razones de seguridad.
La mayoría de estaciones de servicio de Caracas registró filas de vehículos esperando para llenar sus tanques.
Actos oficialistas y zonas desoladas
Mientras gran parte de la ciudad permanecía en silencio, centenas de militantes del chavismo se concentraron en sectores cercanos al Palacio de Miraflores.
Los manifestantes exigían que “devuelvan” a Maduro y portaban imágenes del gobernante y del fallecido expresidente Hugo Chávez.
Fuera de estos puntos, amplios sectores de Caracas continuaron con escasa circulación de personas y comercios operando de forma parcial.
Testimonios: tensión, rumores y silencio
Un ciudadano venezolano, que pidió reserva de su identidad, contó a EL COMERCIO que su familia en Los Teques vivió la jornada con tensión.
Señaló que hubo compras de alimentos en la mañana, pero que luego muchas personas regresaron a sus casas ante la incertidumbre. Indicó que se escucharon explosiones durante la madrugada y que se reportó la presencia de aviones y drones.
Desde Ecuador, la venezolana Alouette Viloria relató que su familia le informó sobre el derribo de antenas y radares, aunque sin reportes de personas gravemente heridas. Aseguró que en Caracas se perciben expresiones de celebración, pero también una fuerte expectativa por lo que pueda ocurrir.
Por su parte, Newrich Gómez, también venezolana residente en Ecuador, explicó que su familia en Isla Margarita y Barquisimeto describe un “silencio abrumador”. Señaló que lo más recurrente ha sido la compra de alimentos y que el sentimiento es una mezcla de alegría, nostalgia e incertidumbre.
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